La inspiración para escribir este artículo fue el escuchar una de mis canciones favoritas de ahora (que si se lo preguntan es “August” de Taylor Swift), solamente fluyó, y gracias a ello se me ha ocurrido hablar sobre la música, su belleza y los miles de emociones que nos puede hace sentir.

¿Qué es lo mejor de la música? Yo creería la posibilidad de adaptarse a cualquiera en cualquier momento. La gran variedad de canciones y géneros la hace universalmente accesible a los miles de gustos que tienen las personas, haciendo que podamos disfrutarla sin cansarnos.

Hay algo en ella que nos hace sentir muchas cosas a la vez y siento que eso es lo que la hace mágica cada vez que la escuchamos. Las emociones son las que se hacen cargo de que con ciertos tipos de letras y sonidos podamos conectar y disfrutar de manera muy personal las canciones, poniendo a flor de piel todo lo que nos provoca. Según Zatorre (2013), la música además de ser capaz de evocar emociones, funciona también como un amplificador de estas. Probablemente sea por lo que la música está tan presente en la vida de los seres humanos, así mismo, según Fustinoni (2016), colma profundos anhelos de emoción.

Estudios neurocientíficos demuestran que las emociones son las que se encargan de convertir los sonidos en algo comprensible; en el desarrollo de este proceso inconscientemente se asocia con las emociones. Esto hace que la asociación que se hace sonido-emoción nos permita reaccionar acorde al contexto en el que estemos. Un ejemplo que se nos da es la detección de la tristeza o alegría con el sonido de la voz de las personas, es decir, asociamos la tristeza a un tono de voz más bajo y grabe de lo normal y lo opuesto con la alegría; ocurre lo mismo con la música.

“Al escuchar música se activan las áreas del cerebro que se encargan de la imitación y de la empatía. Son las zonas donde están las neuronas espejo que actúan reflejando las acciones e intenciones de los otros como si fueran propias. De esta forma podemos sentir el dolor de los otros, su alegría, su tristeza (…) Quizás por esto la música es capaz de alterar nuestras emociones y crear lazos sociales; porque nos permite compartir sentimientos” (Apellido, año, página). Este es el punto al que quería llegar, “nos permite compartir sentimiento”, es decir, que la identificación hacia una canción es el hacer partícipe lo que sientes. El identificarse con cierta música logra la sensación de pertenencia, de ser entendido y lo mejor de ello es que nosotros, los humanos, entre todos, vivimos experiencias similares las cuales generan como resultado que miles de personas conecten con artistas/géneros musicales. Para mí es un sentimiento de comunidad el que se crea, como una fuerza invisible que al final del día, todos nos vemos unidos por el gozo de la música; sea cual sea tu preferencia.

Como se ha mencionado varias veces en mi artículo, las emociones y la música son conceptos que están unidos y que influyen uno en otro. Pero hay algo asombroso que también logra ocurrir con la música: el recuerdo y la creación de memorias. Te diré algo lector, en mi experiencia, hay ciertas canciones muy específicas que hacen que a mi mente se vengan miles de imágenes de mi pasado (sean estas alegres o tristes), o que solamente con escucharlas pueda saber qué era de mi vida en cierto año. Existe cierta nostalgia que carga acordarse de ello y creo que eso nos ha ocurrido a todos ¿no? ¿No encuentras fascinante como el cerebro tiene esta habilidad? ¿Y en cómo pareciera que visitamos lo que una vez fuimos?

Si eres fan de la música de antes (como yo) te ha ocurrido más de alguna vez que la música te transporta a la era a la que pertenece la canción sin haberla vivido, es simplemente encantador y te sientes parte de ello, como si simplemente encajara contigo y con tus sentimientos. Por ello la alegría que puede traer la música a nuestras vidas la hace tan adictiva, solamente te hace querer cantar a todo pulmón sin interrupciones.                                                                         

Siguiendo con el tema de creación de memorias a través de la música, quisiera que tú hicieras el intento (claro, si quieres) de crear un recuerdo. Y te preguntases cómo es que logras eso, pues he estado observando la manera en que yo lo he logrado (inconscientemente), como hacer una canción parte de un fragmento de mi vida y tener ese recuerdo inmediato al escucharla. Lo cual se da con la mezcla de hacer cierta actividad más la repetición de tus canciones favoritas actualmente. Podrá sonar un poco raro, pero déjame y te doy un ejemplo para que entiendas mejor: en una época de exámenes de primer ciclo, yo escuchaba una canción en específico para poder concentrarme y poder estudiar de manera más eficiente; repasaba muchas veces en mi casa, en el carro, y en la universidad, hasta que en el momento de la prueba muchas veces la canción se me venía a la mente. Por lo que, poco a poco esa canción la empecé a identificar como la de los exámenes. Esto hizo que al volverla a escuchar después de un tiempo me hiciera acordar a esos momentos en específico, en donde se colaban otros recuerdos en donde convivía con mis amigos en clase. Acá se ve la combinación de la que hablaba antes: el hacer cierta actividad más la repetición de la canción.

Pero, en fin, la música es una transmisora de sentimientos alimentada por las emociones; hace la tarea de identificar estas de una manera que puedas ponerlas y expresarlas de una manera más concreta o descubrir algunas de las cuales no habías logrado descifrar. La música es un facilitador para detectar lo que sientes, un creador de recuerdos que quedarán contigo por mucho tiempo, una herramienta que te puede hacer compañía cuando más lo necesites. Es el canal con el que te puedes conectar hacia tu corazón.

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