Nací en un hospital privado, atendido por médicos profesionales y rodeado de equipo médico de importación estadounidense. Moreno, mezclado con la sangre color tierra y el uniforme importado, de no ser ni caucásico noreuropeo, ni maya nativo del sol y la mazorca, soy un péndulo en el medio que se orienta según el criterio de mi entorno.

El cliché clase mediero me brota por mis poros indiferentes y me inunda el espasmo de la herencia cultural de occidente.

Fui educado bajo el cobijo del  sector privado y entrenado en las artes de la presunción y la apariencia, el pinball de la vida me rodeó de la magia del mercado y sus bondades exquisitas. Fui diseñado para la competencia, para hundir violentamente a quien intente superarme, ser mejor o diferir de mi criterio universal.

Me he conducido siempre en transporte privado y me encuentro habitado al concreto, el ladrillo y los acabados arquitectónicos. Fui enseñado a pensar en MI, en MI futuro, en MI entorno y acogido bajo la idea de aquel colchón verde del dinero y su soporte eterno. Nunca fui educado para percibir la colectividad ni percibir la pobreza como otra cosa que un flagelo sucio, e incluso aprendí a culpar al pobre por su haraganería y negligencia por no querer trabajar y en fin, por escoger la pobreza por sobre las bondades del trabajo, la industria y el mercado.

Soy Barca, Yankee, Laker, Steeler y me aíslo de lo público por no ser mi elemento; lo mío es lo bonito, lo pulcro y lo atildado. A mí no me enseñaron a pensar, me enseñaron a beatificar la filantropía como único mecanismo para que las personas y las instituciones privadas decidan cuánto y a quiénes ayudar con plena libertad.  Aprendí que el gobierno es un nido de ladrones que funciona para redistribuir la riqueza que yo he producido con mi trabajo, y que se encarga de darles a los mismos haraganes que extienden la mano y protestan cuando el regalo no llega.

Vivo aislado de la clase política y me repugnan los principios republicanos tradicionales, la única lucha de la que formaría parte es aquella que atenta contra mi preciada propiedad privada.

Mi negligencia por extender mi visión y apadrinar esta asepsia casi voluntaria por las carencias de mi entorno, la disfrazo en la fiesta y la materia, en el plan macabro de poner mi “propia empresa” y tal vez “ayudar a Guate” creando empleo, o asociándome con algún grupo filantrópico juvenil emocionante y pasar por el proceso de lavado de conciencia. Y si la humanidad me parece caso perdido, siempre puedo adoptar perritos de la calle o promover el cuidado de tan vulnerable grupo de importancia, en fin, la caridad es lo mío.

Me entero por Facebook de los dictadores que oprimen a su pueblo y violan los derechos humanos, rezo por aquellos grupos que se quieren liberar de las garras macabras de los gobiernos comunistas y odio a los manifestantes que bloquean el camino hacia mi casa.

Asisto a la universidad para especializarme en la materia universal, para luego acumular dinero y así acumular cosas para entonces, acrecentar las miradas de mis colegas y mis compañeros. Soy un fantasma que flota por las esquinas de la humanidad, que navega en pro del status quo sin saber que existe, me disfrazo de One Direction y trabajo en un Call Center, odio a los comunistas que quieren quitármelo todo para dárselo a los pobres, me casé con la clase media y sus clichés intrascendentes, hasta que la muerte nos separe…

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