By Tik Naoj
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Isabel Sal Uz.

El coronavirus en el siglo XXI se ha apoderado de nuestro sistema de vida, sin distinguir etnia, color, edad, ni condición económica. El COVID-19, nos llevado a un aislamiento social forzoso. Provocando varios cambios en diferentes ámbitos: social, económico, laboral, político y familiar.

El aislamiento social le ha dado una pausa a nuestra cotidianidad, a lo que solíamos hacer frecuentemente, nos ha alejado físicamente de nuestros tejidos sociales. Ahora estamos en casa, en familia sin embargo, no todas las personas afrontamos la situación de la misma manera. Ante la crisis, salen a la luz las problemáticas sociales, políticas, económicas y  condiciones precarias del sistema de salud. No son nada nuevo pero, son factores que se han tomado a la ligera.

La pobreza, la desnutrición, la falta de empleo, la desigualdad, la violencia, carcome lentamente a las poblaciones más vulnerables; los pueblos originarios, son despojados de sus riquezas, los adultos mayores son personas que no tienen un techo al cual volver; la crisis está haciendo también su trabajo, mostrando que existen esas problemáticas.

En casa, en la intimidad de un núcleo familiar, sucede tanto, como lo mencionaba anteriormente, afrontamos la crisis desde perspectivas distintas, en condiciones diferentes; niñez maltratada física y psicológicamente, mujeres violentadas, adultos mayores maltratados y en ocasiones lo que sucede allí, allí se queda. Un huevo en la mesa para 6 a 10 personas, una libra de maíz para tres tiempos de comida.

Una madre o un padre en el mercado queriendo vender su cosecha en estos tiempos bajo la lluvia, es sacado de su lugar porque “se acabó la hora de mercado”, que difícil para muchas personas vivir en tiempos de COVID-19.

Algunas personas han naturalizado tanto estas problemáticas que aterroriza lo que sale de su boca, ante esta situación, seres que no han tenido necesidades y lo han tenido todo, económicamente hablando, dicen, hacen y deshacen a su antojo. No todos tenemos las mismas condiciones, esa es la realidad.

La extensión del aislamiento social ante el COVID-19, trae consigo consecuencias infalibles; el deceso de niñas y niños asistentes a las escuelas, jóvenes con altos índices de estrés y desorden emocional, personas que trabajan desde casa, desempleo, falta de alimentos que aumentará la desnutrición en la infancia, entre otras problemáticas. Y lo más seguro, más deudas a pagar por los habitantes de Iximulew (Guatemala) a otros países de potencia mundial.

Ahora queda hacer nuestra parte, para mantener un verdadero tejido social, sin importar nuestra condición económica, social, política, religiosa, y sobre todo intelectualidad, sino que prevalezcan nuestros principios y valores: “pierdan lo que quieran, pero jamás pierdan su humanidad”.

Camine firme mirando al frente, no se detenga por nada, a no ser que sea un ser humano le esté pidiendo ayuda, en ese momento debe detener su proceso, eso está por encima de todo, cuando yo pierdo eso pierdo la riqueza más grande que hay en mí, mi humanidad.” Yokoi Kenji Diaz.

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Somos un grupo, que brinda herramientas analíticas para fomentar una visión crítica en temas relacionados a pueblos indígenas, juventud, participación política y proyectos sostenibles.

VISION:
Contribuir al establecimiento de grupos de actores que incidan políticamente en los contextos en que se desenvuelven.

OBJETIVO:
Empoderar a la juventud a través de conocimientos para incidir política, social, económica y culturalmente en sus contextos.

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