By Lizy Pérez
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Al salir a las calles de la ciudad se siente un ambiente tenso, se percibe una histeria colectiva y un miedo a contagiarse. Entre más lejos estemos uno del otro mejor, cuanto menos gente en la fila nos sentimos más aliviados. Los supermercados han vuelto a abastecerse, aunque aun faltan ciertos productos, los precios se han elevado. Las filas son grandes, algunos salen con un par de bolsas y otros con sus carretas llenas para abarrotar su alacena. Es posible vivir sin algunas comodidades pero no sin alimentarse. Comer es una de las necesidades básicas del ser humano, es una necesidad fisiológica al igual que respirar y descansar. Podríamos sobrevivir un año sin un teléfono móvil pero, sería imposible pasar un año sin comer porque nuestro cuerpo necesita de nutrientes para funcionar y alimentos para seguir viviendo.

Esta semana, la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) y la Organización de la Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) presentaron un informe titulado “Cómo evitar que la crisis del COVID-19 se transforme en una crisis alimentaria”, en el documento advierten que la situación actual podría dejar a millones de personas sin comida en América Latina. Es una situación preocupante considerando que millones de personas podrían vivir una situación de pobreza extrema y miles de niños podrían sufrir de desnutrición.

Por su parte, Latinoamericana es una región diversa y pluricultural sin embargo, es una región con altos indices de pobreza extrema, con un gran numero de población que se dedica a la agricultura y que dependen del turismo, también donde miles de personas dependen directamente de las remesas provenientes de Estados Unidos. Guatemala se ha visto afectada por la crisis y las oportunidades de empleo parecen disminuir, esto último perjudica a los hogares que viven con las remesas provenientes de sus familiares en el extranjero. La crisis en los mercados internacionales repercute por la interdependencia económica y comercial entre los países. Dentro de este contexto, debido al cierre de empresas cientos de personas se han quedado sin empleo en sus países de origen y las medidas de cuarentena impiden que varios comercios continúen sus labores, dejando a cientos de hogares sin recursos para poder abastecerse de alimentos y satisfacer sus necesidades básicas. Si bien esta situación afecta a todos, las consecuencias aumentan en las áreas rurales y en los sectores más vulnerables.

Las actividades en la industria de alimentos se han visto afectadas por la interrupción de los procesos de producción, distribución y comercio. Esta situación ha afectado las cadenas de valor en todo el mundo y desencadenado un aumento de precios por las circunstancias. La vulnerabilidad de la región aumenta por su dependencia comercial de otros países y los precios a la baja de materias primas (exportaciones) en el mercado internacional.

En su informe, la FAO y la CEPAL recomiendan a los gobiernos implementar medidas urgentes como bonos alimenticios a personas en situación de extrema pobreza, subsidios a la producción alimenticia, apoyo a PYME agrícolas, entre otras. En conjunto se deben emprender acciones para garantizar el acceso a alimentos, velar por la continuidad en la producción de alimentos y asegurar las cadenas de suministros de productos alimenticios, porque si no se toman medidas urgentes la situación se puede agravar y eliminar años de desarrollo en la región.

“El Covid-19 no discrimina, es una enfermedad para ricos y pobres”, quizá la frase también les suena familiar y vaya forma de decirlo; pero aunque alguien, por mucho dinero que tenga, no puede comprar la cura, lo cierto es que la atención medica y los cuidados para prevenir la enfermedad si tienen diferencias de clase. El Covid-19 no iguala, solo ha venido una vez más a mostrar las desigualdades económicas y las diferencias de clase, genero y raza que exacerban las desigualdades. Decir que vivimos en una sociedad divida no es un secreto, decir que es un país desigual ya suena normal aunque no debería de serlo, y parece que nos acostumbramos con muchas cosas más a aceptar la realidad sin siquiera cuestionarla.

Las instrucción son “Quédate en Casa” por supuesto, no hay nada de malo en eso, el distanciamiento social es necesario y las recomendaciones medicas para reducir el efecto de la pandemia deben acatarse.

Sin embargo, no para todos quedarse en casa es una alternativa, no lo es para quienes salen a ganarse día a día el pan para su familia.

Son necesarias la acciones por parte los gobiernos para apalear la crisis y evitar un colapso de la economía nacional, los Organismos Internacionales también deben jugar un papel importante en la aplicación de políticas a nivel regional y mundial, el papel de nosotros los ciudadanos debe ser estar informados y atentos a fiscalizar el buen uso de los recursos públicos; pero sobre todo, pensar en el futuro y emprender acciones para afrontar las adversidades de la mejor manera. La seguridad alimentaria también debe ser una prioridad. 

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Pensando en el cielo con los pies en la tierra de la eterna primavera.

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