By Mayid Alegria
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Otro año ha iniciado lleno de incertidumbre, en medio de una pandemia que ha desatado una crisis sanitaria y problemas sociales altamente agudizados. Todo apunta a un panorama desalentador y pesimista, sin embargo, trasciende del “panorama” y se conforma en la difícil realidad que viven miles de personas en el mundo.

En ese sentido, quiero hacer mención de algunos de los problemas que atacan a nuestra región Latinoamericana, pero específicamente a los hermanos países Centroamericanos, de los cuales puedo mencionar problemas tales como la inestabilidad política, débil institucionalidad, ausencia de políticas públicas efectivas, pobreza, desnutrición entre otros. Pareciera que desde el inicio de la colonización en Centroamérica, los países que ahora conocemos, fueron condenados a cargar con problemas que no se solucionarán tan fácil o al menos no en los primeros tres siglos desde la independencia de cada país, a excepción de Costa Rica, que ha sido la nación hermana que ha tomado un camino diferente a comparación de Guatemala, El Salvador, Honduras y Nicaragua.

Así pues, me permito mencionar un problema social que tomó relevancia en la primera quincena del mes de enero del año en curso, me refiero específicamente a la llamada “caravana de migrantes”. Cientos de hermanas y hermanos hondureños han tomado la difícil y triste decisión de iniciar su camino hacia Estados Unidos, desafiando las condiciones de salud y al gobierno opresor del Dr. Alejandro Giammattei; hago referencia en “gobierno opresor” puesto que desde los primeros meses de gobierno del Presidente Giammattei, se ha valido de las fuerzas de seguridad pública para “gobernar”, al igual que lo hizo en esta ocasión; recibiendo a los hermanos hondureños con militares, garrotes y gas lacrimógeno.

 

Cito las palabras del Procurador de los Derechos Humanos:
“Ojalá que el ejército combatiera al crimen organizado
en Guatemala con esa vehemencia,
con esa fuerza

 

Previo a continuar, resulta necesario detenernos brevemente para tratar de entender. Las naciones centroamericanas -al igual que otros países- comparten la misma historia desde la colonia y aún postcolonial. En la actualidad la secuencia de gobiernos ineficientes, corruptos y cercanos al crimen organizado, ha permitido que la democracia fracase de tal modo, que ha debilitado la idea de institucionalizar el país a través de modernas constituciones, lo que naturalmente termina en condiciones de desigualdad y nulo bienestar común para las personas humanas. Asimismo, en la región han afectado los fenómenos naturales que se escapan de las manos del ser humano, por si fuera poco en el año 2020 la pandemia del nuevo coronavirus (SARS-CoV-2) así como los Eta e Iota.

Todo lo anterior, sumado a problemas estructurales que han arrastrado por décadas las naciones y la corrupción de los gobiernos, han frenado el desarrollo integral de nosotros los centroamericanos, a tal punto que somos condenados a la pobreza y a la falta de oportunidades.

Resulta triste ver cómo nuestros hermanos hondureños toman
la dura decisión de dejar su país, arriesgando su vida, con el único fin
de buscar oportunidades en otra parte.

 

No obstante, debemos tener presente dos cuestiones: la primera, parte de los problemas que viven las naciones centroamericanas devienen de décadas, en donde hubo injerencia extranjera, lo cual alteró el curso de su determinación; segundo, migrar es un derecho humano. Debido a la incapacidad por parte de los Estados para solucionar los problemas sociales y garantizar una vida digna, se han desatado crisis humanitarias que obligan a mujeres, niños, niñas y personas de avanzada edad a dejar sus territorios.

En ese orden de ideas, haciendo uso de los instrumentos internacionales en materia de Derechos Humanos, se debe garantizar -en todo momento- la seguridad, dignidad y la vida de las personas que han sido obligadas a abandonar su país de origen, para preservar la propia vida y la de sus familias.

Finalmente, no podemos enfrentarnos entre hermanos centroamericanos ni mucho menos hacer como que no sucede nada, puesto que nos haría cómplices de las barbaridades en las que nuestros gobernantes nos han colocado. Tengo pleno entendimiento en que este tipo de problemas sociales que se encuentran profundamente incrustados en la estructura de cada Estado, no se pueden solucionar de la noche a la mañana, pero también creo firmemente que con perseverancia y convicción, lograremos consolidar la soñada integración centroamericana; en donde esas fronteras físicas que nos delimitan, sean tumbadas por los lazos de prosperidad, bienestar, bendiciones y salud entre todos los habitantes de esta gran nación.

Desde nuestros espacios podemos iniciar con el largo camino de transformar la región, comenzando con el cambio a nivel humano, dejando de ver como enemigo al hermano centroamericano y tendiendo brazos de hermandad para que algún día, los hermanos hondureños y nicaragüenses puedan refundar su gran nación.

Migrantes, a fin de cuentas, podemos ser todos…

 

¡Porque todos los seres humanos tenemos derecho a una vida digna,
NINGUNA PERSONA ES NI SERÁ ILEGAL!

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