By Carlos Martínez Roca
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Carlos Martínez Roca/ Opinión/

El tema que decidí abordar en esta ocasión es un tema que, generalmente, es sinónimo de amplia controversia y discusión entre los diversos sectores que conforman la sociedad guatemalteca.

Definitivamente, hablar de pueblos indígenas en Guatemala no resulta una tarea fácil, con frecuencia se ha llegado a malinterpretar – y a veces creo que a propósito – el sentido de la lucha por la protección y defensa de los pueblos indígenas con algún tipo de tendencia comunista, guerrillera o militancia de la izquierda recalcitrante.

Un pensamiento que me resulta totalmente fuera de lugar, pues lo normal debería ser que todo guatemalteco con cinco dedos de frente se cuestionara por un momento si en realidad, la denuncia y la lucha en contra de la exclusión y discriminación que sufre el grupo más vulnerable de la población significa ser “comunista”, “de izquierda” o “guerrillero”.

Nos guste o no, vivimos en un país con mayoría indígena. De tal forma que la convivencia en sociedad en Guatemala está condicionada por esta innegable realidad.

ALGUNOS DATOS FUERTES

Previo a analizar la situación de los pueblos originarios en nuestro país, es necesario puntualizar algunos aspectos importantes a manera de contexto:

  • De acuerdo al estudio del Instituto Nacional de Estadística (INE) efectuado en el año 2012, el porcentaje de la población indígena en Guatemala es del 40%.
  • El término “pueblos indígenas” comprende a los pueblos mayas, xincas y garífunas que actualmente habitan en Guatemala.
  • Dentro de esta clasificación, el pueblo indígena más numeroso es el maya, que está conformado por 22 comunidades lingüísticas.
  • De acuerdo con el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) la población indígena en Guatemala se distribuye en todo el territorio nacional, aunque se concentra de manera especial en 12 de los 22 departamentos que conforman la división administrativo-territorial, sobre todo en el altiplano central, en el nor-occidente y en la región norte del país.
  • Los pueblos indígenas son reconocidos como uno de los denominados “grupos vulnerables” junto con los niños, las mujeres, los adultos mayores y las personas con algún tipo de discapacidad; por mencionar algunos de los mayoritariamente aceptados.

SER INDÍGENA EN UNA SOCIEDAD RACISTA

No, no soy indígena pero no se necesita ser indígena para darse cuenta que Guatemala ha sido cruel con sus primeros pobladores en diversos aspectos. Sin duda, el más evidente, es el rechazo y la discriminación que han tenido que sufrir día a día desde épocas coloniales por parte de una sociedad eminentemente racista.

¿Quién no ha escuchado la famosa frase “ay mijo, es que los indios son huevones, no les gusta trabajar”? Además de las tristemente célebres consignas, tan usuales en el léxico del guatemalteco: “es que el indio apesta”, “es que el indio es resentido”, “¡es que el indio es bruto!”, entre otras expresiones peyorativas que no vale la pena mencionar.

El término “indio” no es técnico al momento de referirse a los pueblos indígenas, ni denota respeto. Por el contrario es una reivindicación de mi planteamiento inicial: el hacer de menos a los indígenas es una práctica, y al mismo tiempo un pensamiento, que está profundamente enraizado en el imaginario colectivo guatemalteco.

Muchas personas podrán decir que respetan a los indígenas y que el término “indito” es inofensivo. “¡Exagerado! Pero yo se los digo con cariño”, afirman algunos. De cualquier manera, la justificación no es válida y creo firmemente que aunque le digas a un indígena “indito”, “indititito” o “indito chulo”, siempre estás haciéndolo de menos por razón de su condición indígena, aunque no querrás hacerlo. Probablemente, no sea tu culpa. En realidad, la discriminación sistemática y enraizada es más una cuestión de fondo, “es culpa del sistema” dirían por ahí.

LOS INDÍGENAS Y LA POBREZA

Lamentablemente en nuestro país ser indígena es sinónimo de pobreza, ignorancia y miseria.

La realidad es cruel y sin darle mayores vueltas al asunto, me atrevo a afirmar que la pobreza en Guatemala tiene rostro indígena. ¿Cómo así? Pues bien, los estudios revelan una perversa relación entre ser indígena y ser pobre en nuestro país.

En los últimos ocho años todos los “esfuerzos” – si es posible llamarles de esa forma – han sido infructuosos en la lucha contra la pobreza. Por el contrario, la espiral de la pobreza no se detiene y va en aumento, pues ni el crecimiento económico ni los programas sociales (que vale decir, han sido focos de corrupción de los gobernantes de turno) han logrado frenar de alguna forma el fenómeno de la pobreza.

El mismo INE a través de la Encuesta Nacional de Condiciones de Vida (Encovi) efectuada en el año 2014 reveló que la pobreza aqueja a más de 9 millones 373 mil guatemaltecos, es decir, el 59.3% de la población. De ese escandaloso porcentaje de gente pobre en Guatemala, se logró determinar también que la pobreza afecta de forma especial a los pueblos indígenas, ya que de acuerdo a los datos vertidos por Encovi, la incidencia de la pobreza entre la población indígena es del 79.2% mientras que el porcentaje entre la población no indígena es del 46.6%.

Curiosamente, los departamentos donde se concentra la mayoría de la población indígena – Alta Verapaz, Sololá y Totonicapán – registraron los niveles más altos de pobreza (83.1%, 80.9% y 77.5%, respectivamente). Entonces, si al hecho que los indígenas son, con toda seguridad el grupo más vulnerable dentro la sociedad guatemalteca, le agregás  que los indígenas son los más pobres y su calidad de vida es mínima…entonces la situación empeora.

LOS INDÍGENAS Y LA FALTA DE EDUCACIÓN

En el Colegio tenía un catedrático que decía, en broma seguramente, que “el indio es bruto” y que “el indio amotinado es peligroso”. A mí me daba risa en aquel entonces, estoy seguro que no había mala intención en sus palabras. Pero ahora, reflexionando un poco y ante mi sincera preocupación por la situación de los pueblos indígenas en el país, me doy cuenta que aquella arcaica concepción de que, si el indígena estudia y se prepara para la vida, esto puede desencadenar una serie de efectos que las élites económicas poderosas del país no están dispuestas a tolerar.

¿Qué pasaría si los indígenas, poco a poco, tuvieran mayor acceso a la educación? ¿Qué pasaría si los indígenas empezaran a conocer y reclamar el ejercicio legítimo de sus derechos? ¡Uff! Estoy seguro que más de algún terrateniente, explotador o político corrupto temblaría del miedo.

Esto en general no aplica únicamente para los indígenas. Sin embargo, la falta de acceso a la educación de los pueblos indígenas es una realidad, que se agrava de forma profunda ante el hecho que los maestros que imparten clases en las comunidades no saben la lengua materna de la comunidad. Al dar  sus clases en idioma español, fracasan  en su verdadero objetivo de instruir correcta y apropiadamente a los niños y niñas.

EL ETERNO DILEMA: LOS INDÍGENAS Y LA TIERRA

Hago la advertencia que no soy comunista ni pro-guerrilla. Al contrario, creo firmemente que el comunismo es un sistema político fracasado, ilegal y que atenta en contra de los principios fundamentales de un Estado de Derecho. Sin embargo, el tema de la tierra y los pueblos indígenas me llama poderosamente la atención. De hecho, la misma Constitución Política de la República de Guatemala reconoce el derecho de los pueblos indígenas a la denominada “propiedad comunal”.

Hace unos días, en una charla sobre Derecho Maya en la Universidad, el expositor – un prestigioso abogado indígena – hacía referencia a que, en la cosmovisión maya, “todo es de todos. Y todo nos pertenece a todos”.  Para los pueblos indígenas “nosotros pertenecemos a la Tierra”, y la tierra no nos pertenece a nosotros. De esa cuenta, es necesario tomar en consideración que la idea de tierra comunal es un pensamiento muy propio de los pueblos originarios.

Sin embargo, en contraposición a lo que la misma Constitución garantiza, el Código Civil guatemalteco no reconoce la existencia de la propiedad comunal para los pueblos indígenas, únicamente la propiedad privada. Para el efecto también habría que considerar que la Constitución fue promulgada muchos años después de la emisión del decreto ley que le dio vida al Código Civil en tiempos de Enrique Peralta Azurdia.

Siempre me ha llamado la atención saber ¿qué era exactamente el contenido del famoso Decreto 900 de Jacobo Arbenz? Lo acepto, mea culpa no haber leído nada al respecto, más que lo que se escucha en las aulas. En realidad no sé si la idea de Arbenz era noble y justa, o no era nada más que el arma maestra para que el comunismo entrara en Guatemala. Siempre será un misterio sin resolver sobre qué hubiera pasado si el Decreto 900, la famosa Reforma Agraria, se hubiera implementado y ejecutado al 100%.

Aunque soy consciente que una Reforma Agraria, bajo el supuesto de “quitarle al que tiene para darle al que no tiene” sería a todas luces ilegal y obsoleto, también es cierto que es necesario que el Estado de Guatemala se replantee el hecho que la riqueza en Guatemala está concentrada en manos de pocos, mientras que la mayoría de la población es pobre. De igual forma, lo mismo sucede con la tierra.

Así pues, pienso que es necesario brindarle a los campesinos las herramientas necesarias para que puedan trabajar la tierra, tierra que puedan disfrutar con sus respectivas comunidades, tierra que tal vez no se esté utilizando o de alguna forma sean tierras ociosas. Aunque, sin duda alguna, el precepto constitucional de la propiedad comunal no se ha cumplido y, una vez más, Guatemala ha quedado en deuda con sus pueblos indígenas.

¿Y EL DERECHO CONSUETUDINARIO?

Por último y no menos importante, el tema del Derecho Consuetudinario en Guatemala ha tomado particular relevancia en los últimos años. Este no es otra cosa que el conjunto de normas jurídicas que, aunque no están escritas en ningún instrumento legal,  se cumplen porque son reconocidas por la generalidad como normas obligatorias (opinio juris seu necessitatis), además de constituir una práctica repetitiva y generalizada de la norma en cuestión (inveterata consuetudo). 

Generalmente, el sistema jurídico guatemalteco había rechazado la existencia de un derecho indígena, alternativo al sistema oficial, sin embargo a raíz de una sentencia de casación del año 2012 de la Cámara Penal de la Corte Suprema de Justicia, Guatemala dio un “paso trascendental” en el reconocimiento del Derecho Indígena y en su coordinación con el Derecho Oficial. Lo anterior en virtud de la obligación constitucional que tiene el Estado de Guatemala de proteger a estos grupos étnicos del país, además de la obligación internacional contraída a raíz de la ratificación del Convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT).

CONCLUSIONES GENERALES

Me nació el escribir sobre pueblos indígenas por varias razones: primero, es un tema que actualmente estoy estudiando y ha despertado en mí un particular interés; por otra parte, a lo largo de mi vida he tenido contacto con poblaciones pobres, indígenas en su mayoría, y eso me ha sensibilizado al respecto. Esto  me ha llevado a tratar de, en la medida de lo posible y de mis limitaciones, denunciar las violaciones que día a día sufren los pueblos indígenas en el país, algo que es necesario erradicar de una vez por todas.

La intención de este artículo no es otra que conocer un poco más la realidad. La idea con escribir sobre este tema es que cada día que pasa la sociedad guatemalteca, en su conjunto, sea consciente de sus falencias y sus errores históricos, de manera que avancemos cada día más hacia el Estado Constitucional de Derecho con el que todos soñamos.

¡O al menos que los jóvenes seamos conscientes!

A mucha honra puedo decir que soy guatemalteco, que vivo en un país con muchos problemas, pero al mismo tiempo, con muchas posibilidades de salir adelante y progresar.Si Dios nos dio la oportunidad de nacer en un país tan conflictivo es porque, probablemente, quiere que nosotros hagamos algo al respecto.

No, no vivo en “el país de los indios”. Vivo en un país rico en cultura, multiétnico y multilingüe. El mejor del mundo. Vivo en el país de los pueblos indígenas.

 

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Estudio Derecho, no leyes. Zurdo, soñador y poeta. Idealista hasta el tuétano.

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2 Comments
 
  1. Avatar
    Evelyn Curuchich / 20/06/2016 at 11:37 /Responder

    Hace años esta publicación sería su condena y por supuesto nunca hubiera salido a la luz, hoy aunque con muchos obstáculos vemos algunos avances en relación a pueblos indígenas. La conciencia de la realidad guatemalteca y el hecho de querer hacer eco en la juventud sólo será posible si pasamos de la “sensibilización” a la tolerancia y la inclusión. Una sola idea basta para generar un gran movimiento.

  2. Avatar
    Ale / 10/08/2019 at 20:47 /Responder

    1) La palabra “indio” si esta bien utilizada, lo invito a que lea la segunda acepción que le da la RAE a la palabra
    Desacordamos en demasiadas cosas como decir que los indigenas solo por su cultura valen la pena en Guatemala. Si el resto de la población esta enojada con dichos pueblos es porque se les pretende dar más atención y beneficios que a todo el país, viendo a gente como Thelma Cabrera uno se da cuenta de eso pero la realidad es que ellos deberían salir adelante por su propia mano, ya que se ve como andan dando pena en todo el país e incluso a la comunidad internacional, viendo que se la pasan echando la culpa a “¡Los malvados mestizos, criollos y ladinos!” asumiendo que dichas etnias tienen una deuda con ellos cuando no es así. Incluso yo, un joven se da cuenta de eso.

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