By Gabriela Sosa
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Niñeztrabajadora

Gabriela Sosa/ Corresponsal/Opinión/

De niños muchos soñamos con crecer y tener la libertad para poder hacer, comer, decir y movernos a nuestro antojo. Usar la ropa que queremos, sin estar sujetos a las indicaciones de nuestros padres o el colegio; poder comer de desayuno pizza si lo deseamos, dormirnos a las 3am viendo películas a pesar de ser una noche escolar, ir y venir en el carro como queramos sin estar recibiendo preguntas –a nuestros ojos obsesivas y casi acechadoras- acerca de adónde vamos, con quién, por qué… etcétera. En conclusión: soñamos con ser adultos.

Sin embargo, no consideramos por un momento la parte difícil de crecer: cocinar nuestras comidas, ir al súper cada semana, alimentar a las mascotas, pagar el teléfono, la basura, el agua, los estudios, la gasolina, reparaciones del carro, consultas médicas, limpiar y ordenar la casa…. Especialmente, no consideramos de niños lo que es tener que trabajar por todas esos privilegios que creemos tienen los adultos. ¿Cómo lo haríamos, si nuestros padres rara vez o quizás nunca, en algunos casos, nos dejaron ver ese lado del mundo?

Muchos de los que caminamos por los pasillos de las universidades no tuvimos que preocuparnos de niños por esos aspectos adultos.

Es muy idealista para nosotros hablar de lo difícil que es crecer, cómo de repente nos cuesta hacer todas esas cosas especialmente ahora que estamos por cerrar pensum; el peso de ser responsables. Es idealista porque muchos niños guatemaltecos llevan este peso desde muy pequeños. ¿Cuántos niños hay que trabajan vendiendo chicles en las esquinas de los semáforos, lustrando zapatos en los parques, lavando y cuidando carros, ayudando en los camiones de basura? ¿No es difícil acaso para estos niños? ¿No les duele crecer? ¿No les pesa lavarle el carro a jóvenes de su edad con ropa de marca y un carro último modelo, mientras ellos ni pudieron terminar primero primaria?

Hace una semanas se publicó en este mismo espacio la interrogante Trabajo vs estudio, aunque esta pregunta se le hace a un sector de la población y es válida en esas circunstancias, ya que en efecto es un gran dilema; aplica no obstante a una minoría. Acorde al Informe nacional sobre trabajo infantil en Guatemala, firmado por el Ministerio de Trabajo, el INE (Instituto nacional de Estadística), la OIT (Organización Internacional del Trabajo) y la Fundación Telefónica, uno de cada cuatro niños en el país se encuentran laborando.

¿Tuvieron estos niños una opción? ¿Tendrán una más adelante? ¿Decidieron dejar de estudiar por trabajar? No. Por supuesto que no.

Uno de mis autores favoritos, Stephen Chbosky escribió en Las ventajas de ser un marginado: “Creo que si alguna vez tengo hijos y están disgustados, no les diré que la gente se muere de hambre en China ni nada parecido porque no cambiaría el hecho de que estén disgustados. E incluso si otra persona lo tiene mucho peor, eso realmente no cambia el hecho que tú tienes lo que tienes. Bueno y malo.”

Aunque comparto en parte este sentimiento, a veces vale la pena mirar alrededor y agradecer por lo que tenemos, agradecer tener que lidiar con estas responsabilidades a una edad universitaria, en lugar de hacerlo de niños. A pesar que nosotros queríamos crecer, nuestros padres sabían que es muy poco el tiempo que dura la infancia, muy poco el tiempo para jugar, para reír libremente, para irse a la cama temprano sin preocuparse por tareas laborales, escolares o caseras; es muy corto el periodo durante el cual podemos correr descalzos por la grama sin pensar sobre las consecuencias.

Por esta misma razón, a pesar de nuestros propios problemas, podríamos tratar de preguntarnos la próxima vez que veamos un niño vendiendo forros para celulares en la calle: ¿por qué he aceptado esto como normal? ¿Hasta qué punto ha llegado nuestra sociedad que vemos niñas en plena mañana vendiendo fruta o torteando y no nos preguntamos por qué no están en la escuela?

Más que si vale la pena dejar el estudio por el trabajo, yo me pregunto: ¿por qué hemos dejado que nuestro sistema permita que algunos no tengan esta opción?

Fotografía: www.integralheartfoundation.org

About the Author

Humana, estudiante de la vida, graduada arrepentida de Psicología, librera indecisa, lectora, adicta al café y sirviente de tres gatos. Persiguiendo palabras.

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