CGS Abril 1

Rudy Herrera / Opinión /

El problema con los bienes no excluibles: Los Monumentos y el Agua. ¿Por qué es que nuestros monumentos son dañados y vandalizados constantemente? ¿Será que el agua está destinada a agotarse? Estas preguntas parecieran no estar relacionadas pero ambas intentan entender aspectos negativos que vivimos en nuestra ciudad y es por eso que vale la pena abordarlas. Una forma de intentar responder estas preguntas es desde el punto de vista de la Economía y lo bueno de abordarlos así es que ambos temas (monumentos y el agua) terminan estando más relacionados de lo que parecen.

Primero lo primero: Teoría Económica

En economía se clasifican los bienes de acuerdo a su excluibilidad (o exclusividad). El prinicipio de excluibilidad tiene que ver con la capacidad que tienen los productores del bien de excluir a los consumidores para impedir que alguien que no haya pagado se beneficie de los beneficios del bien. En otras palabras, un bien no excluible es un bien que todo mundo puede consumir. Es imposible prevenir que alguien no se beneficie del mismo. Ejemplos incluyen fuegos artificiales en una ciudad (aunque uno no pague puede verlos), seguridad nacional (no se puede decir “porque vos no pagaste impuestos, a vos no te protege el ejército o la policía”) y los peces para comer en aguas internacionales (Si uno tiene un bote, una red y una caña de pescar, puede pescar).

Dos ejemplos que tenemos en Guatemala son los monumentos y el agua. Los monumentos en el espacio público generan beneficios que uno no puede privarle a nadie. Cualquier persona puede acercarse a ellos, admirarlos y gozar de ellos como decoración de la ciudad y símbolos de memoria colectiva. De igual manera, el agua que corre por nuestros ríos y nuestros mantos freáticos pueden ser para el consumo de cualquier persona que tenga acceso a ellos.

El problema de los bienes no excluibles es que requieren un acuerdo de toda la sociedad sobre cómo administrarlos. Como consecuencia, el agua que tenemos en el país la administramos ineficientemente y los monumentos son abusados constantemente. Queda claro entonces que no hemos llegado a un acuerdo que sea sostenible. Pero veamos estos dos casos por separado.

Monumentos: Feliz día de los Monumentos

El 18 de abril es el día internacional de los monumentos. Pero ese día vino y se fue igual de desapercibido que los monumentos que pasamos en el camino al trabajo: sin saber por qué existe, qué significa y qué se supone que tengamos que hacer.

Honestamente, no me hubiera dado cuenta del estado de los monumentos si no fuera por La Ciudad a Pie. Este es un programa en el que damos un recorrido educativo gratuito todos los domingos y hemos podido ver cómo van cambiando los monumentos semana tras semana. Poco a poco fuimos tomando fotos y esto fue lo que descubrimos con solo un año de caminar las calles:

Clemente Marroquín Rojas

Clemente Marroquín Rojas

David Vela

David Vela

José Bonifacio Andrada e Silva

José Bonifacio Andrade Silva

Lorenzo Montúfar

Lorenzo Montúfar

Nobelisco

Monumento a los Próceres de la Independencia

Claramente, el hecho de ser bienes no excluibles hace difícil controlar qué le pasa a los monumentos. Pero su problema más profundo tiene que ver con la falta de educación y valorización. Al ser vandalizados constantemente y requerir fondos públicos para mantenerlos, hay pocos incentivos para que la Muni o el gobierno central construya y apruebe más monumentos. Al final terminamos con una ciudad con menos monumentos, y consecuentemente menos parques o espacios públicos. Esto sucede aunque desde el punto de vista de la sociedad, sería ideal tener la ciudad llena de arte público, parques y lugares seguros para transitar.

“Gota a gota el agua se agota”

El agua sufre de un problema adicional al de los monumentos (y del arte público en general). Además de ser bien no excluible, el agua también puede ser un bien rival en épocas de sequía. Esto significa que el consumo del bien por parte de una persona puede disminuir la posibilidad de consumo de alguien más. Por ejemplo, si una fábrica a la par de mi casa usa mucha agua, puede que el flujo de agua en mi casa (la presión) sea menor.

Esto afecta de forma clara a las personas que viven en áreas rurales y cuyas fuentes de agua son superficiales (ríos, nacimientos, lagos, etc). Los casos que hemos visto de desvíos de ríos son claro ejemplo de esto, ya que si alguien desvía el río arriba, este ya no llega al final con la misma cantidad de agua. De manera distinta, en nuestras ciudades, este problema lo vemos con la escasez de agua que hay por temporadas o incluso por horas durante el día. Además, en años recientes se ha tenido que construir pozos para extraer agua cada vez más profundos, esto se debe a que estamos utilizando más agua de la que el suelo está absorbiendo. La urbanización de la ciudad y las construcciones privadas sin normas pueden tener ese efecto y es importante que el crecimiento de la ciudad sea ordenado para evitar consecuencias más graves para futuras generaciones.

agua cayala

Un aspecto problemático en términos de información es que muchas personas creen que el precio que pagan por su servicio de agua los hace dueños de una cantidad definida de agua. En realidad, no se tiene propiedad sobre el agua porque no hay una ley que regule los recursos hídricos. De hecho, las personas que pagamos por ese servicio pagamos por el servicio de distribución de agua (las tuberías, cañerías, bombas, etc.).

Propuestas para generar acuerdos: Ciudadanía y Políticas Públicas

La responsabilidad, como en la mayoría de temas importantes, está compartida entre la sociedad y la clase política. Nuestra responsabilidad como sociedad es educarnos y buscar la información relevante para proponer soluciones. Debemos caminar la ciudad para ver su estado, admirar detenidamente los monumentos que ya tenemos en los espacios públicos y pensar en formas para valorarlos cómo se merecen, reduciendo así el riesgo de que se los roben, que los pinten, o que sirvan de basureros.

La memoria de una ciudad está escrita en gran parte por sus monumentos, si no los conocemos ni los valoramos le estamos dando la espalda a nuestra historia. En cuanto al agua, debemos aprender de los errores que han cometido otros países al intentar regular el uso, distribución y administración del agua para poder exigir mejores leyes. No hay razón válida para intentar reinventar la rueda. Todo esto lo logramos informándonos y educándonos; lo bueno de este tipo de educación cívica es que no hay que tener maestrías ni doctorados para certificar que uno sabe de nuestra historia. El interés y un poco de dedicación hacen una gran diferencia.

Ahora, la responsabilidad de nuestros gobiernos (locales y nacionales) es desarrollar programas de mantenimiento sostenible y constante para respetar los espacios públicos y la administración del agua. Los bienes no excluibles no se escapan de tener estas fallas y si se deja que el libre mercado (o la ausencia de regulación) se encargue de distribuir los bienes, no se hará de forma sostenible.

Por eso es necesario fortalecer y exigirle a los gobiernos locales en cuanto a la administración de espacios públicos y al gobierno nacional exigirle una ley de aguas que reconozca las similitudes y diferencias entre los aspectos urbanos y rurales para el uso sostenible de uno de los recursos más vitales de nuestro país.

Imágenes: Rudy Herrera Imagen portada

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