By Lizza Flores
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Según Aristóteles, una de las características natas de los seres humanos es que somos seres sociales por naturaleza. Mostramos la tendencia de agruparnos en vez de aislarnos. A donde quiera que vayamos, tratamos de entablar una conversación, incluso con un desconocido. Tener este tipo de contacto estimula nuestras habilidades para expresarnos tanto verbalmente como físicamente, conocer a alguien diferente y llegar incluso a establecer una amistad.

Para ninguno es sorpresa que esta cuarentena nos capturó de forma muy desprevenida. Nos dejó a algunos sin trabajo, con hambre e incluso le abrió las puertas a la incertidumbre, al miedo y con ello, pudo generar diversos trastornos que quizás nunca habíamos sentido o que no nos habíamos percatado que teníamos.

Al principio, pudimos haber pensado que sería algo de lo que saldríamos más rápido, pero por el momento, sin tener una fecha final; nos hace seguir inmersos en nuestros limitados espacios y aprender nuevamente a vivir con lo que tenemos más cerca.

Últimamente la palabra ansiedad que es una preocupación y miedo intenso, muy persistente en las situaciones diarias; y estrés, que es una tensión física y emocional, han estado fluyendo en el ambiente. Muchos ya lo padecíamos, pero el ritmo de vida nos hacía olvidarlo por momentos. Otros, nos dimos cuenta que la falta de interacción física con otros individuos, nos afecta más de lo que creíamos.

Este tiempo, nos ha mantenido alejados de todos nuestros familiares ajenos al núcleo, amigos y conocidos con los que convivíamos, si no a diario, de manera esporádica; y esto precisamente, era una de las formas para combatir las temidas palabras que menciono; ansiedad y estrés.

Debido a que somos seres sociales, existen las plataformas llamadas redes sociales. A medida que el tiempo avanza, estamos siempre buscando la manera de estar en contacto y los avances científicos buscan satisfacer esta necesidad. Por medio de ellas y debido a esta circunstancia estacional que vivimos hoy, continuamos inventando nuevas formas de comunicarnos y de convivir en sociedad. No hay manera de estar lejos, a menos que así lo quisiéramos.

Por lo que esta pandemia, quizás, pone a prueba aquellas cosas que considerábamos simples o cotidianas. Estar en una reunión con amigos nos mantenía cerca, pero ahora la convivencia y el cultivo de la amistad, debe continuar por medios tecnológicos; siendo menos personales, pero sin duda, factibles.

Los amigos son una fuente importante de identidad, son los que saben quién somos realmente y nos aceptan tal cual. También, nos hacen la vida más agradable, más fácil y diversa. Tendemos a interactuar con más rapidez, con aquellos que comparten nuestros intereses e ideas, pero no es un determinante importante. Sin duda, los opuestos se atraen y se puede formar una amistad, en el aprendizaje de nuevas perspectivas.

Este remedio mágico llamado amistad, nos ayuda tanto en cuestiones de la vida como en los momentos grandes de crisis existenciales. Sin duda es como aquel vaso de agua, que nos refresca cuando estamos a punto de desfallecer.

La amistad ejerce un efecto positivo, tanto en el estrés como en la ansiedad, ya que los modera o los suprime. Aleja esos pensamientos negativos que nos generan angustia o preocupación; al momento de compartir con esas personas que no te juzgarán. Brinda un momento reconfortante y tranquilo, ya que las penas compartidas pesan mucho menos que cargar un peso solo.

El reto está en brindar ese remedio, cultivar una amistad en tiempos de cuarentena no es difícil, si nos lo proponemos. Es tiempo de llamar a ese amigo que quizás hace años no vemos, pero que lo recordamos, o de escribirle a ese amigo que está pasando un momento difícil. Incluso quizás no sabemos nada de él, pero al acercarnos le decimos que es importante en nuestras vidas, que deseamos que continúe a nuestro lado y que queremos estar presentes tanto en sus alegrías, como en sus aprendizajes de vida.

Hacerle saber a las personas que queremos estar ahí para ellas, escuchar lo que sienten y viven; hace que contribuyamos a su cura y al mismo tiempo, a nuestra cura. Quizás no tenemos ningún síntoma de estrés, ansiedad o alguna otra enfermedad, pero sin duda, nos podemos alegrar el día o la vida sin saberlo.

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