By Gabriela Sosa
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Guatemala tiene un gran problema llamado tráfico. Todos somos parte del problema, todos hacemos tráfico. ¿Pero por qué? ¿Por qué hay tantos carros en la ciudad?

Tengo la teoría inquebrantable que si el transporte público fuera mejor, no habría necesidad para tantos carros. ¿Y qué significa mejor?

En términos de planificación me confieso ignorante, mas como usuaria sí sé que los puntos básicos necesarios son seguridad, limpieza y confiabilidad.

Por el momento el transporte público que más se acerca a esto es el Transmetro. No es exactamente puntual y tampoco limpio, pero al menos tiene paradas fijas y un horario anunciado en todos lados. Es más o menos “seguro” (ciertamente muchas veces más que otros buses) y para mí lo más importante de todo: no obligan a la gente a moverse hasta que no haya un centímetro de distancia entre los pasajeros porque quieren llenar cada rincón del bus sin preocuparse por la paz mental y el espacio físico de los usuarios.

 

Lamentablemente, no llega a todos lados. Actualmente solamente cubre algunas zonas “céntricas” de la ciudad. Ni siquiera pasa por zona 10, a pesar del gran flujo de personas que se mueven ahí. Tampoco cubre la ruta a universidades en zona 16.

 

Cuando empecé la universidad no manejaba y, quedándome relativamente cerca de mi casa y trabajo, tenía dificultades para llegar a la universidad. Por necesidad en momentos de mi vida he usado los buses rojos, porque no se puede negar que son mucho más económicos, pero la verdad, por salud mental, a veces he preferido tomar taxi o en estos tiempos modernos, Uber, por el simple hecho de ahorrarme la humillación de ser empujada por todos lados y exponerme a toqueteos “accidentales”.

 

Para mí esto ha sido una opción, pero la mayoría de personas no la tienen. Se ven forzadas a exponerse, no solamente a la inseguridad de ser asaltados en los buses, sino también a los malos tratos de los conductores y sus ayudantes. En los buses he visto personas con discapacidades, cargando bebés, proyectos escolares e incluso maletas…todos con dificultades de por sí para transportar sus cosas; ¿deben además agregar la carga de ser maltratados e insultados, tratados como basura por las personas a las que se supone les están confiando su vida para llevarlos?

 

¿El resultado? Cada vez más gente se endeuda con todo tipo de préstamos para comprar carros, saturando la ciudad cada vez más, formando más y más tráfico. Si el transporte público funcionara mejor, si  por lo menos el transmetro se moviera en más zonas, por lo menos yo usaría gustosamente esta alternativa.

Hay cierta tranquilidad en contemplar la ciudad desde el cristal del pasajero, sin preocuparse por cruzar aquí o allá o los semáforos, sin pensar sobre el parqueo, si el carro estará seguro y cuánto cobrarán, con la libertad de bajarse y terminar el trayecto a pie si no avanza el bus; simplemente observando a la gente en su diario vivir, reflexionando sobre la vida.

 

No tengo recursos ni respuestas para este problema; solamente observaciones, ya que después de todo, el problema de los buses es más complejo que simplemente implementar más transmetros. Es también un problema de violencia. No soy indiferente a que los mismos conductores de los buses rojos constantemente viven amenazas, son también víctimas de la violencia. Después de todo, violencia lleva a más violencia.

 

Entonces, ¿qué podemos hacer, los ciudadanos comunes que sí pueden pagar Uber y gasolina de vez en cuando? Caminar cuando se trata de distancias cortas. Dar jalón (carpool, que le dicen); aprovechar el tiempo y realizar todos los mandados necesarios en un solo lugar o zona en un solo viaje….en resumen, hacer lo posible para minimizar aunque sea un poco el problema del tráfico.  Porque al final del día, no es que quedemos atrapados en el tráfico, es que todos somos el tráfico.

About the Author

Humana, estudiante de la vida, graduada arrepentida de Psicología, librera indecisa, lectora, adicta al café y sirviente de tres gatos. Persiguiendo palabras.

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