By Fatima Rodriguez
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Una vez le preguntaron a Lewis Hine, un fotógrafo de guerra, que porqué había elegido esa profesión, él contestó que si pudiese contar con palabras todo lo que veía, no necesitaría cargar todo el día con una cámara de fotos… Que ciertos momentos de belleza, de desolación, de horror y de heroísmo estaban más allá de las palabras. Que estaban englobados en la belleza de lo simple, etéreo y natural. 

Por definición, simple es todo aquello que es fácil, sencillo, comprensible, sin complicaciones o con pocas partes. De allí́ surge lo maravilloso de lo simple, de su simplicidad. La simplicidad tiene cierta belleza, un encanto natural, no solamente porque nos facilita las cosas y las hace más prácticas para nosotros, sino también, porque nos deja más tiempo para apreciar lo bello de la vida, nos deja más tiempo para vivir y valorar todo lo que nos rodea. 

Cada día que pasa a formar parte del cementerio del tiempo, es más simple y más práctico que el día naciente, que viene con nuevos retos, nuevas emociones y nuevas aventuras que serán agregadas en las páginas que forman la historia de nuestra vida. Y en cada día vivido se esfuman también cosas simples, que pasan desapercibidas y poco valoradas, pero que con el paso del tiempo pueden llegar a ser añoradas, porque no volverán. 

¿Te acuerdas cómo era la vida antes de la pandemia? ¿Te has puesto a pensar en todas y cada una de las cosas que hacíamos con periodicidad y que ahora lucen tan lejanas e irreales? ¿Te acuerdas cómo todos pensábamos que pronto íbamos a volver a la normalidad y volveríamos a nuestras rutinas diarias? De eso hace más de un año y en lugar de volver a la normalidad que todos conocíamos y dábamos por sentada, nos hemos tenido que adaptar a una realidad rodeada de sufrimiento, dolor, pérdidas humanas, lucha y esperanza. 

La vida puede cambiar en un instante, así que, no des por sentadas las cosas, por muy sencillas o normales que parezcan, lo que hoy puede ser parte de rutina, mañana podría ser parte de un sueño o de un privilegio del pasado. Valora cada segundo, cada acción que hagas, por minúscula que sea, pero por sobre todas las cosas, valora a todas las personas que te rodean, en un abrir y cerrar de ojos, pueden dejar de estar. Y si hay una cosa que esta pandemia nos ha enseñado, es que la vida es demasiado frágil y fácil de perder.    

Recuerda que lo que para ti puede ser parte de tu rutina natural de cosas, para otra persona puede ser un sueño inalcanzable o algo que puede llegar a ser difícil de lograr.  

Las cosas simples de la vida son como las estrellas que brillan en el cielo durante las noches despejadas; siempre están ahí, rodeándonos, ofreciéndonos su magia sutil, sin embargo, no todos los días nos detenemos a mirarlas ni recordamos que existen. Las cosas sencillas son las cosas más grandes de la vida, la felicidad, radica en saberlas apreciar y amar. 

“Uno se despide insensiblemente de pequeñas cosas… Uno vuelve siempre a los viejos sitios en que amó la vida y entonces comprende cómo están ausentes las cosas queridas” – Armando Tejada Gómez

 

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