By Diego Secaira
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Frente a los sucesos que desde el 2015 vivimos con todos los casos de corrupción, pero especialmente con el más reciente sobre financiamiento ilícito, las voces se alzan de nuevo en contra de las elecciones. Los argumentos pasan por detallar las faltas graves a la ley, las cuales naturalmente llevan a constituir delitos y a degradar la ya baja legitimidad del sistema. La consigna “en estas condiciones, no queremos elecciones” hace referencia precisamente a esta situación, que si bien es cierto que existen ilegalidades en el proceso electoral y la legitimidad del sistema es baja, no significa que debamos cancelar, posponer o negar completamente las elecciones.

En cualquier democracia, pero especialmente en una poco consolidada, toda alteración a los tiempos electorales representaría un retroceso.

Esto implica dos problemas: el primero, es la falta de actores institucionalizados que representen legítimamente a la población; y el segundo, es sentar el precedente de que es válido alterar las elecciones.

En cuanto al primero, debemos tomar en cuenta que los actores políticos que actualmente sustenta la titularidad del poder son los que sufren de la falta de legitimidad y quienes han cometido ilegalidades. Eso nos deja con el problema de que los actores que podrían ser legítimos, no tienen la organización necesaria para aglutinar las demandas y conformar un partido político. La pregunta sería, si se cancelan las elecciones, ¿Quiénes se van a postular? ¿Quiénes serían esos actores legítimos? ¿A quiénes representarían?

El primer problema es muy serio, porque sin actores institucionalizados que reemplacen a los deslegitimados, no hay quien dirija un proceso de reforma y luego de nueva convocatoria a elecciones. El problema es que muchos representantes de sociedad civil han descartado la vía partidaria para hacerle frente a los problemas del país y han decidido por el camino anti-sistema o el de los movimientos sociales. De esta corriente de pensamiento, es que también nace la consigna “en estas condiciones, no queremos elecciones”.

El segundo problema es aún peor, y es quebrantar la victoria ya ganada, las elecciones.

El que Guatemala tenga elecciones periódicas es la gran victoria de nuestra democracia, aún con las falencias que conocemos. Las reformas son necesarias, pero no se fortalece un proceso democrático interrumpiéndolo. Debe dársele continuidad e ir corrigiendo los errores en el camino. Interrumpir las elecciones, debe convertirse en el escenario menos deseable y no debemos jamás sentar las bases para cuando de nuevo, otro actor empoderado, quiera repetir ese escenario y manipular el proceso a su antojo.

La democracia se debe construir con mucho esfuerzo, se requiere participación ciudadana y actores transparentes. Las elecciones deben ser ininterrumpidas, siempre.

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    JAJA / 28/04/2018 at 21:58 /Responder

    Diego Secaira, thanks a lot for the article post.Much thanks again. Fantastic.

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