¿Ya viste Joker? ¿Te has unido a las múltiples discusiones que está generando esta película en las redes sociales? Que si la salud mental, que el abandono de la sociedad, que los extremos a los que se lleva, que la violencia, que el miedo y soledad; tantas cosas que parecieran estar en boca de todos tan súbitamente. Aunque, es irónico, porque para ser un país con una salud mental tan mala, pareciera que lo mejor (y único quizá) que sabemos hacer al respecto es ignorarla y pasar por alto todo lo que tenga que ver con hacerle frente a los problemas que esta nos genera. Aunque, hay cosas o situaciones puntuales donde pareciéramos darle algo de importancia, meterla dentro de las conversaciones y rutinas que estamos teniendo; generalmente podemos atribuírselo a series de televisión, eventos televisivos o películas. Quizá, nuestra incapacidad para hablar cosas y verdades incomodas se ve vulnerada únicamente cuando podemos proyectar lo que sentimos a un personaje de ficción, un evento o toda la trama en la que se desenvuelve la historia.

¿A qué le tememos tanto? ¿A sentir? ¿A romper con los cánones y estereotipos de comportamiento que nos han enseñado desde siempre? ¿Qué nos vean raro o nos dejen de hablar por atrevernos a dialogar sobre las emociones y sentimientos? Tan emocionalmente inmaduros somos tanto individualmente como sociedad, si no fuera así, no nos reconfortaríamos con las escenas violentas en el tráfico, no repetiríamos discursos de odio o exclusión a partir de bromas, memes o anécdotas; estamos tan rotos que se ha traducido en una sed de sangre, justicia y violencia ante el más mínimo de los errores, por mas pequeño que este sea.

Joker probablemente nos retrata como sociedad, nos recuerda lo lejos que estamos de la empatía, el respeto y el afecto hacia el otro, sus miedos, sus heridas, historias y problemas; la historia de como un hombre llega a un punto de no retorno y opta por volverse alguien sin escrúpulos, sin miedo, sin sentido de la moral es el vivo reflejo de lo que esta pasando en pleno 2019 en Guatemala. No hay necesidad de que se nos aparezca un hombre con maquillaje sobre el rostro y risa espeluznante para saber que existen quienes han sido dañados y aorillados al borde de la locura, la desesperación y el desfase entre lo correcto e incorrecto. Quien sabe, podría ser uno de nosotros, cualquiera de los que va manejando en el infernal tráfico de la ciudad o que va a bordo de un bus lleno a más no poder.

¿Qué podemos hacer nosotros? Tanto, y a la vez, probablemente muy poco, pero podemos comenzar haciendo lo que nos corresponde, lo que podemos y necesitamos hacer es comenzar a romper con los paradigmas, tabúes, estereotipos, pensamientos y discursos que consciente e inconscientemente hemos adoptado como propios, como parte de la esencia y la realidad. Podemos empezar por hablar de cómo nos sentimos, ponerles nombre a nuestros sentimientos, tratar de explicar nuestras emociones, comprender por qué nos estamos sintiendo de una forma determinada o por qué reaccionamos de esa forma; el viaje al interior puede ser aterrador y cansado, pero es el primer paso. ¿El siguiente? Practicar la empatía, ponernos en el lugar del otro, tratar de entender y/o comprender por lo que está pasando, como le afecta, qué hay detrás de las cosas que dice, hace, deshace, piensa o deja de hacer; ver al otro no para juzgarle si no para saber comprenderle y en cierta forma, quererle un poco más.

No podemos seguir esperando a que cada cierto tiempo, venga una película, serie o libro a interpelarnos y poner sobre la mesa todas las cosas que escogemos ignorar; no mientras la salud mental de nuestras ciudades, pueblos y país se parece tanto a una olla de presión, que ante el mínimo estimulo de violencia u odio explota, dejando ver sus peores caras. Es momento de que seamos emocionalmente maduros y responsables de todas las cosas que sentimos o de como escogemos reaccionar hacia lo que nos sucede. Aunque, claro está, si una serie, película o libro fue lo que les motivo para hablar e involucrarse en el dialogo sobre la salud mental, en hora buena, no se bajen del tren en la próxima parada y continúen aportando e incentivando el dialogo.

Es momento de acabar con el estigma y el miedo que impera sobre la salud mental, si vos o alguien que conoces necesita ayuda, no dudes en buscarla; aun en medio de este caótico paraíso desigual que tenemos por país, puedes acercarte a tus amigos, la iglesia, hospitales, universidades o tu familia están ahí ¡No estamos solos!

“El dolor mental es menos dramático que el dolor físico, pero es más común y también más difícil de soportar” – C.S Lewis

Compartir

Otros artículos de interés