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Laysa Palomo/Brújula

[quote]“Yo sabía que sí me iba a Guatemala, mi situación económica iba a mejorar”. -Crista[/quote]

Crista tiene 18 años y vino desde Jalapa a la capital para encontrar trabajo como empleada doméstica. Para su suerte, encontró una familia dispuesta a recibirla y a darle un espacio en su hogar.  Todo fue fácil y comenzó a marchar bien… pero a veces nada es lo que parece.

En Guatemala, desde la época colonial, existe el trabajo doméstico realizado por mujeres, en su mayoría indígenas, con actividades como el cuidado de los hijos, aseo del hogar, compañía a miembros familiares mayores, etc. Según la OIT (2010) “el trabajo doméstico es una de las ocupaciones más antiguas y más importantes para millones de mujeres del mundo entero, que hunde sus raíces en la historia mundial de la esclavitud, el colonialismo y otras formas de servidumbre.” Comprender que un trabajo que vemos tan cotidiano posee relación con la historia de la esclavitud y hasta del racismo, es importante pues nos lleva a analizar mucho de lo que hoy en día sucede en nuestro país y hasta en los mismos hogares en torno a esta ocupación.

Crista comienza a trabajar con esta “buena familia” con altas expectativas de desarrollo, pero para su sorpresa las cosas cambian con los días.  Su jornada laboral inicia a las seis de la mañana y debe dejar todos los quehaceres del hogar terminados antes de marcharse al puesto de pupusas que tiene la familia, donde cocina de ocho a cinco. Regresa muy cansada y quiere dormir, pero todavía debe de preparar la cena para los hijos de la familia.

Jessica López, parte de la organización Consorcio de Organizaciones Sociales y Sindicales de Mujeres en la Economía (COSME) nos expone su opinión sobre la situación difícil que atraviesan muchas mujeres en el país, especialmente aquellas dedicadas al aseo doméstico:

Llega la noche y es el momento de Crista para descansar.  Ella pensó que trabajar en casas en la ciudad capital sería mucho más fácil. Su lugar de descanso es un cuarto pequeño con un colchón viejo.  Cocina sus alimentos por aparte y no comparte los tiempos de comida con la familia. Cada quincena recibe la mitad de su salario (Q250), el cual las veces que enferma no le es suficiente. Lo que más le preocupa es que el hijo mayor de la familia la acosa sexualmente y no puede hablar con nadie sobre esto porque le prohibieron el uso de celular. Crista se siente sola y sin posibilidad de escapar de esa vida.

Susana Vásquez, representantes de Asociación de Trabajadoras del Hogar a Domicilio y de Maquila  (ATRAHDOM), explica los problemas principales de las trabajadoras al involucrarse con el empleo doméstico:

En promedio, al menos 250 mil mujeres con edades de 16 a 20 años viven en una situación precaria dentro de su “profesión” en el campo del trabajo doméstico; con horarios de 16 horas al día, 6 días a la semana, con sueldos menores a los Q1,000 y sin prestaciones laborales (Centro de apoyo para las trabajadoras de casa particular -CENTRACAP-, 2010). Muchos de los casos incluso caen en el delitos de trata de persona o explotación laboral pues varias de las empleadas llegan engañadas a los hogares, son violentadas y abusadas tanto psicológicamente como sexualmente.

El trabajo doméstico está regulado en el Código de Trabajo en el capítulo titulado “Trabajo sujeto a regímenes especiales” donde se plantean los derechos y obligaciones básicas que tienen estas personas. Por ejemplo, el Artículo No. 162 indica que la remuneración económica de una empleada podrá ser por especie (habitación, comida y servicios básicos) pero únicamente alcanzando el 30% del total que ella recibe. El Artículo No. 164 habla sobre su jornada laboral donde se especifica que deben de tener un descanso  mínimo y obligatorio de 10 horas diarias (2 deben destinarse a las comidas) y que  durante los días domingos y feriados deben disfrutar de un descanso adicional de 6 horas diarias. Distintos grupos como ATRAHDOM, COSME o CENTRACAP se han acercado al gobierno para solicitar mejores regulaciones en cuanto a la legislación específica para este grupo de personas.

Como muchos grupos marginados, las organizaciones que velan por los derechos de trabajadoras de casas particulares han visto invisibilizado su trabajo parte de las entidades públicas y gobiernos. Según Jessica López del COSME, este grupo de mujeres exige una democracia participativa donde se les tome en cuenta al momento de trazar planes de gobierno.  Iniciativas y la apertura a participar en diálogos que garanticen la inclusión de este gremio social  en decisiones de carácter político es uno de los grandes motores que tienen las distintas organizaciones, pero el gobierno es quien cierra sus puertas para llegar a un consenso.

El camino en materia de apoyo gubernamental todavía parece largo. A pesar que existe el Programa Especial de Protección para Trabajadores de Casa Particular (PRECAPI) del IGSS para mujeres en etapa de maternidad, accidentes y protección sus hijos hasta los cinco años, no todos los hogares los tienen implementando. Los derechos laborales de estas mujeres seguirán siendo violados hasta que no sean atendidas sus exigencias. Esto no significa que todas las empleadas domésticas tengan una situación difícil en el área donde laboran, pero más del 77% de las 250 mil mencionadas al inicio del artículo presentan algún caso de opresión. Así mismo, la regulación legislativa para este gremio no solo lograría resguardar la dignidad de las trabajadoras, sino que también a las familias que las reciban por aquellas que se aprovechan de ser recibidas en sus hogares.

Atender a grupos minoritarios, tan importantes para una sociedad guatemalteca como lo son las empleadas domésticas, es necesario para resguardar la construcción de una democracia verdaderamente participativa en el país. Todos hemos vivido o conocido un hogar donde existen mujeres como Crista. Comenzar a ver y analizar nuestro entorno para garantizar los derechos básicos de este grupo social es clave para permitir que esta opción laboral logre brindarles una oportunidad de desarrollo integral.

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