By Brújula
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Daniela Ochaita/ Opinión/

Recuerdo algunas personas decirme de pequeña que “hablar con el hígado” no es correcto. La justificación siempre es la misma: al decir las cosas enojada probablemente vaya a hablar sin pensar lo que estoy diciendo. Tengo una razón para no hacer caso a ello, por hoy. En cierta forma irónica, el enojo me alimenta la necesidad de conocer. Si no es suficiente tengo una segunda, el enojo me anima a escribir sin necesidad de ser una experta, sino simplemente por la urgencia que veo de hablar sobre el tema. ¿Qué tema se estarán preguntando? Hoy quisiera dar mi opinión respecto al transfuguismo parlamentario. ¿Qué es esto? Empecemos por la primera palabra. La RAE en su primera definición, se refiere a tránsfuga a “aquella persona que pasa de una ideología o colectividad a otra” o bien acentuando al ámbito político (para hablar de parlamentario), hace referencia a “aquella persona en un cargo público que abandone éste al separarse del partido que lo presentó como candidato” (RAE, 2008). En otras palabras, al hecho que un diputado se cambie de un partido con el que fue electo a otro.

A principios de este año vi una noticia, hablaba de un grupo de diputados que se habían cambiado al partido Líder. Desde mi poco conocimiento del tema y casi por lógica me cuestioné si esto era amparado por alguna ley, ¿por qué el sistema dejaba que estos diputados, electos por la población, pudieran cambiar tan fácil sin ningún impedimento? Mi sorpresa fue que el transfuguismo es un hecho aceptado en un sistema democrático, y en Guatemala no hay ningún documento que lo impida. Esto bajo la noción que cualquier diputado puede libremente dejar de compartir ideas del partido al que pertenece y abocarse al que se sienta más allegado. En este sentido, netamente teórico, no veo ningún problema pues me parece que el derecho de elección debe ser libre y autónomo. Pero qué problema entonces si la persona por la que voté en 2012 de repente decide, por libre elección política, cambiar de partido. Llega a ser hasta un problema moral, considero. Buscando información encontré que para algunos teóricos “el fenómeno transfuguista puede ser visto como un tipo de comportamiento político de un individuo que conlleva un acto de traición” (Reniu y Vilamala, 2007).

En Guatemala, según la página oficial del Congreso (www.congreso.gob.gt) y según algunos medios de comunicación, durante la última legislatura (2012 a la fecha), de los 158 diputados actuales 79 de ellos han transfugado.

Es decir el 50% de nuestros representantes y legisladores han cambiado, en menos de 4 años, de ideas políticas de forma tan drástica que se han unido a un nuevo partido. ¿Es esto normal? ¿Qué pasa con el voto de la población? ¿Por qué no hay regulaciones a esta práctica tan cotidiana en el Ejecutivo? Esta movilidad masiva de diputados parece explicar que el sistema democrático que tenemos en el país es deficiente, anormal, débil y no representativo. Al mismo tiempo parece que al adentrarse en este problema se van descascarando muchas piezas no tan ocultas. Por ejemplo, los principales partidos políticos en la actualidad como LÍDER, TODOS, UNE y Patriota son producto de movimientos de diputados tránsfugas que se separan de su partido e institucionalizan otro.
Personalmente, mi visión de partido político es un grupo de personas con ideas semejantes que se reúnen en una casa/sede bien pintada del color que los representa, tienen un slogan que todos conocemos, presentan una planilla y una canción contagiosa para las elecciones. En ningún momento me pasa por la mente una organización con estructura permanente y seria, con programas previamente definidos, donde los afiliados tienen participación y pueden ayudar en la toma de decisiones, ni mucho menos que tengan gran presencia más allá que para la época electoral.

Entonces que un diputado cambie camaleónicamente de partido político pareciera la mejor forma de reelegirse y obtener privilegios de su puesto político. Por ejemplo, durante esta legislatura los datos apuntan a que hubo un incremento de diputados tránsfugas entre los partidos LIDER, UNE y Patriota, no es casualidad que haya sido a los partidos más fuertes actualmente. El colmo fue cuando vi en televisión una entrevista con una investigadora de ASIES (Asociación de Investigación y Ciencias Sociales), que mencionaba a uno de los diputados tránsfugas, Manuel Giordano, que comparaba en los primeros cuatro meses del 2014 su cambio de partido con un fichaje en el mundo del fútbol. Es decir, el diputado (jugador) se va al partido (equipo) que mejor propuesta le planteé. Dejando claro que hay una estructura de clientelismo en el Estado, que no se separa del organismo Ejecutivo.

Creo que hay muchísimo que decir respecto a esta problemática y que es necesaria una pronta demanda de la sociedad civil, a fin de cuentas los que estamos representados en el Congreso somos nosotros.

También me parece que esta corta nota solo presenta ideas personales sobre el fenómeno. Me encantaría escuchar más comentarios respecto al tema, pues me niego a pensar que los jóvenes estamos enfrascados en la idea que estos temas son aburridos, que la política no nos interesa y la realidad del país nos es indiferente. Por esto el título de este artículo trata, a manera metafórica, de invitar al lector a que se anime a hablar sobre el tema. En realidad es una invitación a que cualquier persona que mire esta situación crítica como emergencia “oprima el botón” y comente en un espacio de diálogo cibernético.

Fuente:

Reniu y Vilamala. 2007. Proyecto Crítico de Ciencias Sociales. Universidad Complutense de Madrid. España. Disponible en red: http://pendientedemigracion.ucm.es/info/eurotheo/diccionario/T/transfuguismo.htm

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