By Brújula
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Lenina García/ Opinión/

A los 14 años tuve mi primer novio. Desde esa edad hasta los 24 mantuve relaciones de pareja. Las condiciones se fueron dando de tal manera que no tuve mayor intervalo entre una relación y otra. Algunas duraron años, otras meses. Casi todas terminaron por decisión mía, algunas por acuerdo mutuo, la última por decisión de quien fue mi pareja.

De las diferentes rupturas, esta última fue una de las más difíciles, porque era aceptar el fin de una historia que apenas comenzaba a escribirse y seguía preguntándome qué hubiera pasado si las cosas hubieran sido distintas. O vivía en el pasado o vivía en el futuro, pero no en el presente. Seguía aferrada a los recuerdos, a los “hubiera”, a una idea “ilusoria” del amor. Llegué al punto de sentirme en un profundo abismo. Durante todo el tiempo que fui pareja estuve acostumbrada a pensar mi vida con alguien más, a tener un interlocutor.  Por primera vez me confrontaba con mi soledad y se me hacía un vacío muy grande.

Para encontrar una solución a esa crisis, opté por varios caminos. En ocasiones logré avanzar, en otras retrocedí y por momentos volví a tropezar con la misma piedra. Después de varios meses de meditación, de terapias alternativas, de lecturas, me dí cuenta que era momento de sanar las heridas, de descubrir a ese “yo” que me habitaba y que durante mucho tiempo había sido desconocido para mí.

Y así fue como decidí emprender un viaje hacia mí misma. Desconectarme de todo, darme tiempo para escuchar mi voz interior. Para llorar, para abrazar mi vacío, para soltar de una vez los apegos y darme cuenta de la realidad.

En mis columnas de opinión no suelo hablar sobre temas personales, pero esta vez he decidido transgredir la norma y al igual que Frida Kahlo, retratarme a mí misma.  Una de las motivaciones que tuve para escribir esta columna, fue la de mi colega Gabriela Sosa, quien se atrevió a romper el silencio y publicar  “Viviendo con depresión y ansiedad”.

Esta es una confesión, un viaje subtarráneo por mi ser. El inicio de una relación conmigo misma.

Desmitificar el “amor”:

Ante mis constantes preguntas acerca del amor, descubrí el libro “El arte de amar de Erich Fromm”.

El autor plantea que el amor no es exclusivo al amor de pareja, que también existe el amor fraternal, el amor a sí mismo, el amor a Dios (no en el sentido dogmático, sino en la búsqueda constante por lo que no podemos explicar. “El nivel más alto al que puede conducirnos el pensamiento es conocer lo que no conocemos” -Lao Tse)  y que su origen se remite en la respuesta al problema de la existencia humana.

Aprendí que nuestra capacidad o no para amar está íntimamente ligada al historial familiar, a los vínculos establecidos con las figuras “materna y paterna”, ya sea que éstos hayan estado marcados por una crianza con afecto o con opresión. Aprendí que el arte de amar consiste principalmente en el amor a la vida y en el amor propio.

[quote]“Si te amas a ti mismo, amas a todos los demás como a ti mismo. Mientras ames a otra persona menos que a ti mismo, no lograrás realmente amarte”. –Meister Eckhart.[/quote]

Otra de mis lecturas fue el libro: “Claves feministas para la negociación en el amor” de Marcela Lagarde, con quien aprendí que para tener juicios propios sobre el amor, es necesario definir una  filosofía amorosa (una filosofía implica una concepción del mundo y de la vida), ya que si no se tiene clara, se corre el riesgo de asumir una filosofía amorosa “tradicional”,  que sería un amor ahistórico y moralista.

Lagarde hace énfasis en que para amar, el interés debe estar situado en nosotras mismas. En dar respuesta a preguntas como: quién soy, qué soy, qué quiero, qué deseo, qué puedo, qué hago.  En materia de las relaciones de pareja,  aborda el constante conflicto entre mito y realidad. Plantea que la misma sociedad impone una imaginería amorosa profundamente idealista y el resultado más frecuente es la frustración. Estos mitos pueden ser: creer en un hombre/mujer ideal, incorruptible, que cumpla con ciertos patrones sociales y culturales, cuando lo más saludable es construir relaciones “reales”, con claves de negociación que permitan el respeto mutuo entre ambas partes.

Finalmente, con Lagarde descubrí que la experiencia amorosa es también una experiencia “política”. Porque el amor reproduce formas de poder y  es también un espacio para la liberación y emancipación políticas.

[quote]“Millones de mujeres viven a diario experiencias de desamor, de injusticia en el amor, de inequidad amorosa. El feminismo ha hecho y sigue haciendo la crítica del amor que somete, que se impone, que devasta, que profundiza y perpetúa las desigualdades” Lagarde, 2001.[/quote]

En búsqueda del amor propio:

Después de diez años de entablar relaciones de pareja, he aceptado con alegría esta nueva etapa de asumir una relación conmigo misma, de construir mi autonomía (Suena “Estoy lista” de Natalia Lafourcade). He comprendido que soy la única que puede tomar las riendas de su vida y liberarse de cualquier situación que me haga daño.

He generado las condiciones para hacerlo en un estado de paz. Soy consciente de las personas con las que nos acompañamos los pasos y agradezco las experiencias y lecciones aprendidas. Cada quien ha optado por distintos caminos y no me afano en buscar explicaciones, más bien deseo su bienestar. Me libero de los apegos, de las falsas proyecciones y me focalizo en el presente.

También soy consciente de lo que no quiero en mi vida. Declaro la codependencia fuera de mi cuerpo y de mi ser. Me libero de los cautiverios impuestos por la sociedad y por mi mente, que han reproducido  un prototipo de mujer perfecta y sumisa.  Me concentro en la creación de mi propia filosofía de vida y del amor. Sé que será un camino largo (en realidad durará toda la vida), que implicará ahondar en mi historia personal y familiar, deconstruir patrones aprendidos, pero disfruto de este proceso de búsqueda y tomo como principales maestros a la paciencia y al tiempo.

Abrazo mi soledad, como la oportunidad para seguir encontrándome a mí misma,  porque sé que el mundo estará en equilibrio a medida que nosotros lo estemos. Creo que es posible otro tipo de amor, nacido desde la real esencia de los seres y de la libertad.

Agradezco a la vida y al universo por la oportunidad de sentir, de abrazar cada una de las aristas de mi existencia. Siento cada latir de mi corazón en armonía con la vida, con mis ancestros y ancestras, con el cosmos, con la humanidad.

Tengo amor. Me tengo a mí.

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