Colab-Daysi-Caal-Noviembre-1

Daysi Caal / Colaboración /

Iniciaré antes que nada, aplaudiendo que alguien más haya tratado -aunque desde otra perspectiva- algo que en sí nos compete a todos. Y pues, aplausos para el Papa Francisco, que nos hace un llamado a crear una “Ecología Integral”.  Entrando en materia, quiero recordar una de las preguntas que el Papa hace en su carta: “«¿Qué tipo de mundo queremos dejar a quienes nos sucedan, a los niños que están creciendo?»

Es tan evidente que muchos, como lo mencionaba Ana Raquel Aquino en su artículo “Hola, yo vivo en GuateZombie” publicado en Brúula, estamos “como un cadáver, no muerto por supuesto, que puede volver a la vida o resucitar de una u otra forma”. Interesante lo que nos dice Aquino, pero contundente lo del Papa Francisco. Quiero relevar el término “Guatezombie” a lo que mi madre nos diría: “kimek i wam” o “xtikimik xik”. Estas expresiones nos refieren a las personas que andamos en este mundo sin sentido alguno, claro, aunque algunos otros se aprovechan de ello; llamémosles transnacionales, minerías, hidroeléctricas, megaempresas, industria, globalización, entre muchos más.

Ante las expresiones usadas, quiero llegar al punto en que nos hemos convertido en una epidemia para nuestro planeta.

Y no me refiero a que somos una especie de envenenamiento, pero con nuestras acciones nos hemos asemejado a ello. Y para no ir tan lejos, preguntémonos ¿cuántos de nosotros usamos aceite Olmeca en casa u otras marcas?, ¿Cuántos de nosotros usamos al día, por lo menos 20 bolsas plásticas?, ¿Cuántos de nosotros sobreviviríamos sin energía eléctrica? Tres preguntas cortas para tan largo daño.

Estamos “muertos en alma” debido a que el capitalismo, el neoliberalismo y la globalización nos han hecho a manera que pensemos que alcanzar el éxito y la felicidad es tenerlo todo en cuanto a tecnología de punta y estar bien económicamente, con bienes y grados académicos; que esto último nos ha mantenido al margen de dejar de pensar en lo neto, con sentido y verdadero valor.

Por eso la Encíclica del Papa Francisco indica que existe «una auténtica deuda ecológica», y cómo no, si hemos dejado de sobrevaluar lo que ocurre a nuestro alrededor. Y si no, recordemos la contaminación del río La Pasión, cientos de peces muertos y otro tanto de familias sin empleo, debido a que la entrada de recursos económicos a muchos hogares era la pesca. ¿Y quién dijo algo? Cuando un zombie, o esa persona que su alma estaba andando lejos retornó y decidió retomar la lucha por proteger los bienes de la madre tierra, ¡pun, pun, pac!, es baleado el profesor Rigobertro Lima; junto a él mueren las ansias de proteger un legado y renace el miedo. Todo ello producto de querer demandar a la empresa Repsa, actor intelectual de la contaminación.

En referencia, indagué en internet sobre el tiempo de degradación de algunos productos que son utilizados a cada momento por nosotros, y encontré lo siguiente: las bolsas plásticas tardan de 150 a 600 años en degradarse, las botellas de plástico de 100 a 1000 años, los vasos desechables 1000 años. ¡Increíble! Y eso que solo he puesto los más utilizados.

Por ello, el Papa nos hace un llamado a interrogarnos sobre el sentido de la existencia y el valor de la vida social: «¿Para qué pasamos por este mundo? ¿para qué vinimos a esta vida? ¿para qué trabajamos y luchamos? ¿para qué nos necesita esta tierra?»: si no nos planteamos estas preguntas de fondo -dice el Pontífice – «no creo que nuestras preocupaciones ecológicas puedan obtener resultados importantes».”

Por ello debemos de reconocer el gran daño que uno mismo ha hecho, y reconocer que a medida urgente necesitamos aplicar lo que el Santo Padre le llama “Ecologia Integral”, recuperando lo que nuestra Cosmovision Maya nos ha dicho desde hace miles de años.

Esto consiste en entender primeramente, como lo dice el cántico de San Francisco de Asís LAUDATO SI’, mi’ Signore » – « Alabado seas, mi Señor »: « Alabado seas, mi Señor, por la hermana nuestra madre tierra, la cual nos sustenta, y gobierna y produce diversos frutos con coloridas flores y hierba »

Como quien dice, desde ambas formas de ver el mundo, ya sea maya o desde el catolicismo, encajamos en el mismo pensamiento. Desde la visión maya vemos a la tierra como nuestra madre, es por ello que se usa la expresión en el idioma q’eqchi’: Ralch’ooch’ (hijos de la tierra). Aunque usar esta expresión no solo implica ser, sino también hacer; porque nuestros abuelos cuando cortan un árbol, no solo lo cortan y ya, sino que entablan un diálogo en el que se llega a un consenso y se pide permiso. Pues como diría mi madre “a tu madre, no le pegas, sino la respetas”; entonces lo mismo sucede con la tierra, tendríamos que respetarla, cuidarla y sobretodo protegerla.

Pero como lo he dicho anteriormente, muchos aún no entienden ello; y ha habido una pérdida de la biodiversidad y de los recursos naturales, por ello necesitamos recobrar fuerza en estrechar una relación con Dios (independientemente a que credo, religión o doctrina pertenezcamos), con el prójimo y con la tierra. De eso se trata crear una ecología integral.

“Que el ser humano no sea patrón del universo «no significa igualar a todos los seres vivos y quitarle al ser humano ese valor peculiar»”* pero ante soluciones que buscar, hay que dejar claro que «no hay dos crisis separadas, una ambiental y la otra social, sino una única y compleja crisis socio-ambiental»*. Ambiental por el calentamiento global y a causa de ello se han dado desastres como el cambio climático, y el reciente deslave en Cambray 2, y social porque ante tanto problema, nos cegamos por decir que todo está bien, y seguimos haciendo uso inadecuado de los recursos que la madre tierra nos da.

De acuerdo al Papa Francisco,  es conveniente hacer uso «de diálogo y de acción que involucren tanto a cada uno de nosotros como a la política internacional» «que nos ayuden a salir de la espiral de autodestrucción en la que nos estamos sumergiendo»* Esto nos invita a darnos cuenta de lo que consumimos y minimizarlo; así también si contaminamos, ahora en adelante dejar de hacerlo; si creemos que las minerías establecen desarrollo a un país, investigar cuánto ha dejado de productivo a muchos otros países; en donde las guerras han sido por petróleo y minerales, fiscalizar la obtención de territorios para la explotación a las tierras como lo han hecho en Guatemala. Esto para aclarar las políticas e iniciativas empresariales que conducen a un «auténtico desarrollo integral», en la que no establezcamos nuevas políticas del uso de la tierra, debido a que se están acabando y la solución la hallaremos juntos.

Y cuando entendamos todo lo anterior, podremos decir con certeza que alcanzamos una ecología integral, tanto en el ser como en el hacer. Así como se da a conocer en la línea propuesta del Evangelii Gaudium: «La sobriedad, que se vive con libertad y conciencia, es liberadora», así como «la felicidad requiere saber limitar algunas necesidades que nos atontan, quedando así disponibles para las múltiples posibilidades que ofrece la vida». De este modo se hace posible «sentir que nos necesitamos unos a otros, que tenemos una responsabilidad por los demás y por el mundo, que vale la pena ser buenos y honestos»; a partir de esto culminaremos en responder a las primeras preguntas.

¿Qué dejaremos a nuestros descendientes?

No está de más recalcar en que debemos encontrar el equilibrio y la armonía entre la madre tierra y la humanidad. Pues creo en la esperanza, y con toda certeza puedo decir que si cambiamos, aún estaríamos a tiempo de cambiar y curar al planeta.

*Enciclica LAUDATO SI´

Sobre el Cuidado de la Casa Común

24 de mayo de 2015

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