By Brújula
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María Alejandra Morales/Corresponsal/Opinión/

Actualmente me encuentro cursando mi 4to y último año de Licenciatura en Ciencias Políticas. Gracias a esta a diferencia de otras carreras, he logrado mantenerme en constante contacto con lo que día a día acontece en mi país. Desde leer los medios todos los días, hasta hacer un esfuerzo por salir y conocer la realidad. Mi carrera me ha permitido crear un juicio propio basado en lo que observo y lo que quisiera mejorar.

Como parte de una de mis clases tuve que acudir a visitar algunas de las entidades estatales. Entre ellas, el Hospital General San Juan de Dios, la Escuela Normal Central para Varones y el Grupo PANDA de la PNC. El trabajo asignado consistía en solicitar información básica acerca de la entidad pero el aprendizaje fundamental estaba en lograr un acercamiento con quiénes día a día se enfrentan a situaciones que muchos ignoramos. Debo admitir que, en algunos casos, he sido sorprendida positivamente, a pesar de que ya había acudido antes a distintos lugares que me habían permitido chocar de frente con la realidad que vive la mayor parte de nuestros conciudadanos.

Cada visita definitivamente me ha dejado algo nuevo. Entre tristeza, enojo, decepción, satisfacción y sonrisas; mi experiencia en cada lugar ha sido totalmente diferente. Mi visita al hospital me ha hecho enfrentarme al monstruo de la burocracia con que nos topamos a cada momento en este país. Lo positivo acerca de esto, fue que gracias a esa burocracia pude conocer casi en su totalidad el hospital, en el que a propósito, caminé como Juan por su casa, pues no hay quien supervisé la gente que se mueve dentro del mismo. La PNC me ha sorprendido positivamente con la amabilidad y educación de los agentes que me atendieron, a pesar de que muchas veces no valoramos su trabajo, incluso lo despreciamos, es bueno saber que el policía común está ansioso por servir y no siempre es un corrupto. Podría ampliarme muchísimo más para hablar de las cualidades y deficiencias  de ambas entidades, pero quisiera dedicar éste artículo a una en específico.

El objetivo de mi visita a las escuelas pretendía que aprenderíamos más acerca del magisterio, ese gigante que hoy en día le quita el sueño al gobierno. Lastimosamente, mi impresión ahora es aún peor. Desde mi ingreso a la institución, hasta mi salida, he sido tratada como un criminal. Tras esperar casi una hora al director para que me atendiera, me ha recibido en su oficina como si fuera su enemiga. Educadamente al ingresar le di los buenos días, los cuales jamás me respondió, es más, jamás levantó la cabeza para verme. Sin conocerme ya había creado un perfil acerca de mi peligrosidad por haber puesto mis pies sobre su territorio. Y me da la percepción que éste es un sentimiento compartido entre el magisterio, el de autoridad incluso por encima de la ley, nadie sabe mejor que ellos, merecedores de toda admiración y respeto porque en sus palabras “ellos son los que más hacen por el país”. Pues bueno, sí, me imagino en qué consiste esa gran labor en base a lo que he observado. Primero, trabajar mal humorado porque no se tiene vocación para enseñar, ser irrespetuoso con los alumnos por pensar que merezco mucho de ellos, pues les estoy haciendo un GRAN favor al regalarles mi conocimiento, a pesar que perciben un salario. Esto lo hacen a sabiendas que muchos de estos estudiantes realizan sacrificios muy grandes para poder acudir a una escuela, absteniéndose de trabajar ese tiempo para asegurarse un futuro mejor.

A cada momento, les gusta hablar de discriminación y yo misma he sido testigo de ésta al intentar conversar con ellos. Resentimiento, enojo, y mala educación; son sólo algunos de los calificativos que vienen a mi cabeza cuando recuerdo mi acercamiento al gremio magisterial. A pesar de las palabras despectivas que el director utilizó al enterarse que pertenecía a una universidad privada, doy gracias a la educación que obtuve, pues en ningún momento me sentí tentada a faltarle el respeto yo también. Sé bien que no todo el gremio de maestros es igual, pero en términos generales quiero expresar mi disgusto y decepción por la actitud de quienes educan al futuro de este país. ¿Les sorprendieron las actitudes de los estudiantes en las protestas de 2012? Hagan un esfuerzo por acercarse a sus educadores para encontrar la respuesta. Muchos de estos jóvenes carecen de un hogar, y lo que se supone debería ser su “segundo hogar”, está repleto de malos tratos, faltas de respeto, sentimientos de superioridad y resentimiento. La aspiración de un educador no debería estar en pertenecer al mejor sindicato, ni en exprimir lo más que se pueda al gobierno; su única ambición debería encontrarse en ser capaz de ver con orgullo a jóvenes formados, con valores y metas que un día fueron educados por un maestro de verdad.

 

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