By Luis Ernesto Morales
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Hace algunos meses el mundo veía con la boca abierta como el Amazonas era devorado por incendios gigantescos. La complicidad de los gobiernos que deberían de proteger los pulmones del planeta fue evidente y fue personificado por el presidente brasileño, Jair Bolsonaro, un fiel negador del cambio climático. Bolsonaro, solo es uno más de los líderes mundiales que no les molesta ver el fuego. Quien sabe incluso, si disfrutan viéndolo. Hoy en día, hay demasiados pirómanos en el poder. A unos les gusta ver el fuego y a otros, crearlo. Las catástrofes naturales son cada vez mayores y nos normalizamos cada vez más con los super huracanes, incendios, inundaciones y demás desastres. El fuego del Amazonas ya no arde como en 2019, pero aún acecha a lo largo del mundo.

Empieza un nuevo año y con él, una nueva década que trae desafíos climáticos que nunca antes hemos visto y que dependiendo nuestra forma de actuar, determinará el porvenir de nuestro planeta, el cual ya pende de un hilo. Ahora es en la otra esquina del mundo, en Australia, en donde el mundo ve dramáticamente el poder destructivo del cambio climático. La desaparición de miles de kilómetros de flora y la muerte de millones de especies animales ha sido declarado un Armagedón biológico por los expertos, eso sin contar las vidas humanas que se han visto envueltas en esta catástrofe sin precedentes. Tristemente esto era evitable, ya que las causas han sido originadas por años de abandono de políticas de protección ambiental y una lenta respuesta del gobierno en el momento de la crisis.

Existe el fuego que se crea lentamente, con deficiencia, negligencia y negación; y existe el fuego que se crea de forma inmediata, el que se crea por poder y deseo de controlar el fuego. Las decisiones de países con conflictos tensos como Estados Unidos e Irán, ponen a todo el mundo en peligro de arder con un conflicto que pudo desarrollarse a una escala global. Las víctimas, tragedias y consecuencias de iniciar guerras no son un problema para quien posee el poder, para ellos es parte del “jugar con fuego”. La total indiferencia de jugar con las vidas humanas de tal manera demuestra porque las políticas que podrían detener el cambio climático son ignoradas descaradamente por quienes no han aprendido que el mismo fuego que iniciaron los puede quemar.

En ambos casos las causas son humanas, la diferencia se encuentra en la creación inmediata o a futuro de nuestras propias hogueras. Y de la misma forma que tenemos la capacidad de iniciarlos, tenemos la capacidad de detenerlos. Porque incluso en las tragedias y en los conflictos bélicos podemos ver imágenes que nos recuerden la buena cara de la humanidad. Bomberos voluntarios salvando personas y animales atrapados por las llamas en un caso; la negación popular a entrar en conflictos que no apoyan por decisiones de sus gobernantes por otros. Que el humo no nos ciegue de nuestra capacidad de corregir.

El planeta ya está ardiendo por causas humanas, por decisiones que traen consecuencias al largo plazo. Pero el planeta puede arder de forma inmediata por la corta visión del ser humano en las consecuencias de sus actos. Lastimosamente los hechos mencionados últimamente son solo algunos de los ejemplos más sonados, pero existen muchos más desastres naturales o acciones de guerra que dejan ver un futuro oscuro para la raza humana. Con el inicio de esta nueva década aún podemos llevar a cabo los cambios necesarios para evitar seguir viendo el hambre (y de los pirómanos) de los incendios devorar todo a su paso. Es momento que dejemos de utilizar el fuego para quemar a quienes nos rodean y utilizarlo para iluminar nuestro camino.

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