By Voluntariado Social Landivariano URL
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Gran parte de la sociedad de Guatemala cree que los principales problemas son la pobreza, la falta de educación, de salud y desempleo. Claro que son de las situaciones que más aquejan a la población, pero el verdadero problema es la desigualdad social en la que vivimos y, que hayamos normalizado que la mayoría de la población viva en pobreza y extrema pobreza. Sumado a eso, la indiferencia con la que muchos perciben la vida, al pensar que por tener el privilegio de estar en la universidad ya la tienen resuelta, ya que conseguirán un buen trabajo y tendrán un nivel de vida digno, pero no podrían estar más equivocados.

El buen vivir o el nivel de vida digno es a lo que muchos guatemaltecos y guatemaltecas no tienen acceso. Desde temprana edad se vive una desigualdad extraordinaria, ya que los niños que crecen en pobreza y extrema pobreza tienen que hacer un esfuerzo extra para poder buscar las oportunidades de empleo cuando crecen. En sus primeros años de estudio no tienen acceso a una buena alimentación ni mucho menos a poder desarrollar su motricidad y aptitudes completamente.

 

 Existen guarderías que día a día buscan que los niños se desarrollen en todos los sentidos

 

que aprendan no solo a leer o escribir, sino que aprendan valores y a desarrollarse físicamente, porque los niños pasan allí todo el día mientras los papás trabajan para buscar un mejor futuro para la familia.

Es aquí donde empieza nuestra misión como voluntarios:  ayudar a que esos niños que están en las guarderías tengan un momento de distracción, un momento de diversión en donde puedan ser un niño más, en donde se les preste atención y se escuche lo que tienen para decir, porque jugando se aprende más y todo niño merece hacerlo. Nosotros los voluntarios aprendemos de ellos y a veces en mayor medida de lo que ellos pueden aprender de nosotros. Ellos nos enseñan que con cosas tan pequeñas se puede ser feliz, desde un dulce, una pelota de plástico, plastilina o una cuerda que les llevemos para jugar; los niños lo disfrutan como si fuese el juguete más caro del mundo. También nos enseñan que el mejor no es el que más tiene sino el que más comparte, porque si tienen un dulce extra nunca dudan en dárnoslo.

 

Cada día podemos ser mejores, ya que aprendemos que muchos de ellos viven realidades muy difíciles y nunca pierden la alegría, energía y la sonrisa que los caracteriza y eso nos motiva.

 

Muchos de nosotros esperamos con ansias el día de la semana en el cual tenemos la visita, porque esos niños nos esperan con los brazos abiertos. Nos saludan, se alegran al vernos y para nosotros esa es la mayor satisfacción. Ver que con las pequeñas acciones que nosotros hacemos les cambia el día a ellos y a nosotros también, porque un niño nunca estará enojado, un niño siempre confiará en los demás y nosotros los incentivamos a soñar y a que crean en ellos. Son el futuro del país y si nosotros no creamos un impacto positivo en sus vidas, es posible que nadie lo haga. Ser un voluntario landivariano es algo más que darse a los demás, es saber que con el poco tiempo que inviertas ayudando a un niño, a un anciano o un joven, será la forma en la que puedes ayudar a cambiar al mundo.

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