By Mayid Alegria
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En el ámbito político, un Estado laico no tiene establecida una religión oficial, no privilegia las creencias o ideas de ninguna religión y debería dejar practicar cualquier otra. La relación se reduce a la nula injerencia de cualquier organización o confesión religiosa en el gobierno, ya sea en el poder legislativo, el ejecutivo o el judicial.

Iglesias y estados bien separados, como dice la consigna.

A lo largo de nuestra historia hemos tenido gobiernos influenciados por distintas religiones o creencias, también otras formas de gobierno, pero estoy convencido que en el período de Rafael Carrera se tuvo la mayor influencia por parte de la religión debido a que muchas de sus políticas fueron para satisfacer y dotar a la Iglesia Católica; cabe mencionar que dicha religión fue heredada e impuesta por la Conquista por lo que sigue vigente hasta nuestros días. En nuestra historia moderna, otras corrientes religiosas como el Protestantismo han influido en los gobiernos de turno.

Ahora bien, si lo analizamos dentro de nuestro ordenamiento jurídico podemos constatar que, desde el preámbulo de nuestra Constitución, se hace alusión a un ser supremo en la primera expresión “Invocando el nombre de Dios” pero a la vez también se puede pensar que se reconoce la religión al no establecer el dios al que se le hace referencia. Más adelante en el Artículo 36. Libertad de religión, se establece que toda persona tiene derecho a practicar cualquier religión o creencia ya sea en público o privado; por otro lado, no hay un artículo exclusivo que confirme que nuestro Estado es laico.

Partiendo de las premisas antes mencionadas, podríamos asegurar que nuestro Estado es laico pero, más adelante se reconoce la personalidad jurídica de la iglesia católica (artículo 37 de nuestra Constitución) algo que podría ser considerado como contradictorio. Sin embargo, debemos recordar que, para entender un cuerpo normativo y cualquier otra construcción humana, tenemos que estudiar y conocer a la sociedad ya que en torno a ella se crean y funcionan las instituciones, leyes y demás convenciones humanas.

Finalmente, la respuesta a la pregunta creo que sería “sí y no”, debido a que con las acciones desde nuestra familia, colegios o escuelas (como una oración antes de comer, al igual que en los actos educativos) hasta nuestros gobernantes, muestran fehacientemente que la religión sigue entrañada en sus actividades, por el contrario, si se hace apegados a lo que establece nuestra Constitución podríamos determinar que no hay una religión preestablecida para poder considerarla como oficial.
La libertad de religión es un derecho constitucional, pero se pone en riesgo al momento de querer imponer una creencia en la práctica, como lo han demostrado nuestros representantes en los distintos órganos de Estado al separarse de lo jurídico e imponiendo su religión por encima de las creencias de los demás.

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