Jeraldine del Cid / Corresponsal/

¡Qué colores! Ese azul encendido que se aproxima al amarillo, entre líneas y figuras. Recuerdo a la anciana que me contó cómo aquella franja significa la línea de la vida, que se va convirtiendo en picos que se formaban de subidas y bajadas.

Cómo la madurez y las experiencias van marcando etapas de distinto color, cómo existen seres externos que hacen que la franja se modifique; algunos de estos provienen de la naturaleza, otros, figuras romboideas que representan energía. Hermoso, puro y especial.

No son sólo colores y figuras, son historias y vida.

Miré los ojos de la anciana tejedora y desde entonces tengo un gusto especial por las telas típicas de Guatemala. Ahora encontré esos “colores y figuras” a la venta pero detrás de un vidrio.

Hace aproximadamente dos meses se intensificó la moda de los accesorios típicos en el país. Se ha generalizado en almacenes de centros comerciales la venta de artículos con tela típica guatemalteca, la cual caracteriza el trabajo artesanal que tradicionalmente elaboran los Pueblos Indígenas de nuestro país. Tiene un colorido variado y combinaciones de figuras que en ocasiones simbolizan historias e íconos propios de la cultura indígena. Es un arte admirable, singular y muy distintivo de una cultura que se resiste a morir. Además del valor cosmogónico y cultural del mismo, estéticamente son piezas muy llamativas.

Hoy en día vemos las vitrinas de los almacenes con zapatos de todos los tipos que tienen motivos típicos: chapulines, chinitas, tacones, de plataforma, tenis, etcétera.  También observamos bolsas, estuches y mochilas que cada vez son más populares en los estudiantes universitarios, por ejemplo.

Se ha puesto de moda usar lo típico y con ello encontramos que muchos quienes lo utilizan hoy no lo habrían utilizado sin haberlo visto en una vitrina.

Hasta que el producto se industrializó logró alcanzar mayor popularidad. Lo importante de esto es que el gusto por la representación artística en tela de los Pueblos Indígenas aumenta y se propaga en toda la población.

Es aplaudible que se popularice y que personas que antes nunca hubieran comprado en un mercado algo para el uso personal, sino solo como suvenir para un amigo o familiar extranjero, ahora se sienten gustosos de hacerlo y de alguna manera se identifican como guatemaltecos, al menos al proyectar su imagen y su vestimenta.

Por otro lado, sería muy beneficioso que esta nueva tendencia favorezca a los productores artesanales y sirva como aporte para la economía de estos. Lo ideal es que favorezca a sus autores originales. Ante ello surge el cuestionamiento:

¿Qué tan beneficiados resultan las tejedoras y artesanos que originalmente han trabajado estas telas?  ¿Recibirán la misma proporción de ganancia que los almacenes que las comercializan? Es más, ¿serán estos quienes realizan la venta del producto primario o al industrializarlos, en la cadena de producción ya ni siquiera participan los productores originales?

Otra pregunta importante es si realmente nos genera identidad, o todo lo contrario.

Porque los compañeros de aula lo usan y se les ve bien se opta por usarlo, sin que eso me signifique una personal identificación con nuestro país y su diversidad de culturas.

Ante ello sería importante reflexionar que el artículo que hoy está de moda, representa la artesanía de una buena parte de la población, es una característica singular de nuestro país. Si esto provoca identidad,  ¡enhorabuena! pero debe ir más allá de la moda de utilizarlo y darle el valor que merece.

Sería contradictorio que se utilice con aprecio algo con motivos típicos pero que se menosprecie la cultura indígena. Sería absolutamente incoherente que se porte con gusto y hasta orgullo un par de zapatos de plataforma con motivos típicos y se ejerza el racismo, por expresiones muy simples que sean. Como decirle a un hermano o un cuate “no seas indio” por ejemplo, utilizando la palabra como sinónimo de insulto, o de necio, o sucio.

Personas necias hay de todos los colores y en todos los lugares.

La moda de lo típico debe ofrecer mejor, la oportunidad de apreciar la riqueza de nuestro país, al mismo tiempo de aprender de las mejores características y costumbres que tenga cada pueblo, reconocernos todos en igualdad de dignidad y valor. Así pues, no son solo colores y figuras.

 

Fotografía: www.atisundar.wordpress.com

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