Lenina García / Opinión 

Imaginemos que nuestra vida es una escuela a cielo abierto y que cada día representa una lección de aprendizaje. La calle, la casa, la plaza, los laboratorios donde estudiamos la realidad y por qué no decir, la fantasía. Allí está nuestra escuela, pero muy pocas veces nos detenemos a hacer un recuento de lo que hemos aprendido. No existe tal cultura pedagógica porque nos han hecho creer que para aprender necesitamos estrictamente de cuatro paredes, un aula y un pizarrón.

En este momento, ante la coyuntura política, me pregunto: ¿habrá alguna escuela, colegio, universidad, en la que los profesores estén estudiando lo que sucede en nuestro país? ¿resolviendo problemas de matemática con las cifras de los millones robados por el Caso SAT y el Caso IGSS? ¿estudiando las ciencias naturales, por las enfermedades de los pacientes renales? ¿analizando las falacias que dicen los políticos en los medios de comunicación? ¿aprendiendo de poesía, sátira y paradoja con las frases de los carteles y  mantas de las marchas?

Sin necesidad de responder, porque las preguntas son más importantes que las respuestas, les invito a que visualicemos las jornadas de la dignidad, como una escuela a cielo abierto y que echemos un vistazo a los siguientes aprendizajes, que desde la voz de los protagonistas, constituyen tan solo un porcentaje de lo aprendido en estas últimas semanas.

  1. Hemos aprendido que por naturaleza, en nosotros, habita un ser político. Que tenemos derecho a expresarnos, a proponer otra forma de hacer política, que nazca desde abajo, desde las causas sociales y que no sea un privilegio exclusivo de las élites, quienes toman -en su mayoría de veces- “erróneamente”, las decisiones del país.
  2. Nos dimos cuenta que los detonantes de la indignación popular fueron los casos de corrupción, pero que paralelamente a ellos coexisten otras problemáticas que nos afectan como país y que deben ser denunciadas: crisis en salud, en educación, desigualdad social, expropiación de recursos, pobreza,  impunidad (…)
  3. Que la movilización social es necesaria, como una forma legítima de protesta, que la calle es esa plataforma donde estamos aprendiendo a rescatar lo comunitario, el sentido de “plaza”, de reunirnos, escucharnos, decirnos los miedos, llorar juntos las rabias, soñar un país distinto.
  4. Que existen infinitas posibilidades de manifestarnos y que en la diversidad está la riqueza: Piñatas, danzas, conciertos, grupos de oración, invocaciones mayas, títeres, mantas gigantes, cacerolazos, pancartas, batucadas, arte en los postes, miles de ideas.
  5. Hemos descubierto que el movimiento estudiantil está renaciendo, que las universidades están recuperando su rol histórico de ser portavoces de las demandas del pueblo y que se están convirtiendo en un referente de diálogo y negociación, pese a las diferencias tanto ideológicas como sociales que los había desligado.
  6. Hemos aprendido que las movilizaciones en las calles son el principal motor de lucha, pero que también deben ir acompañadas de un proceso político articulado, que permita canalizar las demandas de la población en general. De allí que se empiecen a generar debates profundos entre la sociedad civil, universidades, sectores sociales.
  7. De manera autónoma estamos desarrollando nuestra capacidad de investigación. Estamos curiosos por descubrir ¿qué es la Ley Electoral y de Partidos Políticos? ¿A qué se refieren con Asamblea Constituyente? ¿Qué pasa si se atrasan las elecciones?
  8. Hemos retomado el gusto por hacer carteles, por dibujar, por diseñar, por crear un meme. Nuestras manos, el pincel donde surge la creatividad.
  9. Hemos aprendido que la tecnología es una herramienta poderosa para comunicarnos a nivel masivo. No es casualidad que hasta el momento las marchas sean convocadas a través de las redes sociales.
  10. Con el libro de la realidad, hemos aprendido que aún existen muchas personas que no cuentan con la posibilidad de salir a manifestar porque tienen que trabajar para sobrevivir, porque carecen de información, porque necesitan un proceso de constante liberación para romper con el círculo de violencia estructural en el que viven.

Hay una consigna muy popular en las marchas, titulada: “Esto apenas empieza” y en la práctica estamos aprendiendo que esto es tan solo el inicio de una Primavera democrática escrita desde el pueblo, pero que también es tan solo el génesis de un proyecto a corto, mediano y largo plazo que como ciudadanos debemos proyectar y trabajar.

El sistema colapsado en el que vivimos es el resultado de un pasado histórico marcado por la desigualdad social, la pobreza, la intervención extranjera, el neoliberalismo y una democracia accidentada, que hasta el momento ha reproducido una política clientelar y oportunista.

La refundación del Estado es una cirugía a corazón abierto, donde es necesario que el pueblo esté vigilante de los procesos y que mediante un ciclo de constante concientización y transformación de la realidad se organice para construir un nuevo sistema político, incluyente, con enfoque de derechos, con enfoque de género, de bienestar social.

Por ello la necesidad de hacer una parada y revisar la práctica, valorar los aprendizajes y hacer el ejercicio de aprender, desaprender y reaprender. Durante mucho tiempo la escuela de la represión nos enseñó que el otro es una amenaza, un enemigo. En cambio, con esta nueva escuela a cielo abierto, estamos aprendiendo a vernos como recurso, como una promesa, como el motor que ha de conducirnos hacia una realidad más digna y humana.

Y ahora es tu turno ¿Qué has aprendido de la escuela a cielo abierto de las marchas?

¿Qué desaprendiste y estás re-aprendiendo?

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