By Antonio Flores
Posted: Updated:
0 Comments

Oscar-Colaboración-Febrero

Oscar Flores / Colaboración /

[quote] “¿Cómo puedes disfrutar la buena vida? Roma está en llamas. Y el problema no es quién lo empezó. Ellos ya se fueron. El problema somos nosotros. Todos. Que no hacemos nada, que tratamos de esquivar lo malo. Y hay gente allá afuera, en todo el mundo, que lucha para que todo sea mejor” – Robert Redford, Leones por Corderos [/quote]

Hace dos años decidí seguirle los pasos a un amigo, quien, sin rutina ni complejos vivía su día a día sobre una bicicleta; tras mucho pensarlo y deliberar, subí mis ideas sobre dos ruedas y dos pedales, me convertí al ciclismo urbano. La bicicleta es capaz de llevarte por los rincones que la ciudad esconde para ser descubiertos, un vehículo sin motor idóneo para mostrarte la realidad que ignoramos al subir el vidrio polarizado de nuestro automóvil y con el cual se puede ver la vida y las calles de otra forma; pedaleaba y con los pedales, pasaba el tiempo y los kilómetros. Esto me llevó a cuestionarme y cuestionar nuestra forma de movernos por la ciudad, y así un pensamiento llevó a otro, hasta llegar a no entender muchas cosas, como a mis contemporáneos y sus preocupaciones; dicho de otra forma “a mis compañeros y sus quejas” que repiten a diario. Una costumbre que no podemos negar es que en las reuniones, comidas y fiestas hablamos (cual tradición popular) sobre el clima, el tráfico, las tareas, los catedráticos, la universidad, la novia, la familia, el fútbol, la política, noticias, etc., para que al final se hable mucho y se haga poco. Bien dice el viejo refrán “del dicho al hecho hay un gran trecho”.

No me malinterpreten, pero debemos decir que los guatemaltecos somos buenos para decir e incluso enumerar las cosas por hacer y no hacer nada; lo cual nos ha llevado como sociedad e individuos, a esperar que las cosas se solucionen por si mismas o las haga alguien más.

Cuando pedaleo por la capital veo tantas muestras de ello; caminos llenos de basura que la gente tira, aduciendo que es responsabilidad de las autoridades mantener las ciudades limpias, “para eso pago mi boleto de ornato” decía un amigo; cientos de personas absortas en sus pensamientos, o para ser más concreto, el smartphone que llevan en las manos; niñas, niños, jóvenes y ancianos pidiendo limosna, descalzos, con hambre y pasando frio, mientras los conductores cierran sus ventanas y escogen pecar de omisión. Tan fríos, tan insensibles con la realidad; porque es más fácil pretender que no pasa nada y todo marcha bien, pero si algo pasa, ya alguien se ocupará. Entonces, no solo somos habladores, también somos indiferentes; y cual germen mortal, cultivamos y reproducimos la indiferencia en las aulas de colegios, escuelas, universidades, oficinas, autoridades y hasta iglesias. Para luego practicarla en varios ámbitos personales de cada persona contagiada.

Podríamos adentrarnos más entre los contagiados con dicho germen, enfocándonos en una población específica, la cual despierta más interés que el resto y quienes (a criterio de muchos) deberían ser las personas más inmunes a esto y por tanto, involucradas en la realidad del país: los universitarios.

Tantas cosas se dicen sobre nosotros, los estudiantes, y esa enajenación colectiva e individual que padecemos, un rasgo preocupante cuando landivarianos, sancarlistas, marianos, marrocos y compañía representamos únicamente el 7.5% de la población guatemalteca con acceso a educación superior; somos unos privilegiados, con una oportunidad que cientos de jóvenes allá afuera quisieran tener. Sin embargo, entre los “privilegiados” de cualquier universidad impera la apatía, el conformismo y la pereza. Cualidades que traen a mi mente un par de artículos, que de forma inclemente, precisa y honesta, hablan sobre la juventud universitaria (el Manifiesto del estudiante indiferente de España y la Carta abierta a la indiferencia estudiantil de Colombia); haciendo evidente un mal generacional diseminado a nivel mundial. Hay en ellos una descripción casi completa del universitario actual y lo que se practica desde los salones de clase, pero también, son esas cosas que necesitamos cambiar y ponerles punto final. Cambios que, desde el momento que me convertí al ciclismo urbano, la ciudad me ha demostrado que necesitamos urgentemente, por todo lo que sucede a plena luz del día y es ajeno a los ciegos por propia voluntad; y es esa misma ciudad quien me muestra pequeños actos de bondad que alimentan la esperanza de un despertar como generación.

Y esos pequeños actos, me dan la certeza de que no todo puede ser malas noticias; podemos hacer algo o mejor aún, ser diferentes. Allí está la historia reciente de otros países que nos puede servir de ejemplo, donde los jóvenes alzan la voz para hacerse escuchar, hacer valer su derecho a la libre expresión y denunciar cualquier acto injusto que se esté llevando a cabo en la sociedad. Los indignados con la situación sociopolítica, en España; las protestas estudiantiles exigiendo una educación gratuita y de calidad, en Chile; un pueblo exigiendo salud y educación, no fútbol, en Brasil; y nuestros vecinos, luchando por el esclarecimiento de un crimen que tocó profundamente a su país, con la consigna de “No estamos todos ¡Faltan 43!

¿Qué pasa entonces con el universitario guatemalteco?

Ávido usuario y hasta dependiente de las redes sociales; dispuestos a usar Hashtags (#HT) para hablar sobre los Trending Topics (TT), ese que hace partícipes a propios y extraños de sus comidas o tiempo de ocio en Instagram y como todo buen ciudadano de gran corazón, regala un like una foto de un niño enfermo en Facebook para que se cure. Esos mismos jóvenes que con ahínco apoyaban a los venezolanos en sus protestas por un país mejor o decían #JeSuisCharlie (#YoSoyCharile) para expresar su apoyo a la “vida y la libertad”; pero cuando de Guatemala se trata “no es lo mismo”, por ejemplo, si los campesinos protestan por sus derechos, los tachan de “indios huevones” o que decir de las 17 muertes diarias que no despiertan ningún sentimiento de rechazo o indignación ¿No les parece extraño? A mí sí, incluso me duele saber que tantos de mis amigos, compañeros, colegas y contemporáneos decidan vivir ajenos a lo que pasa en el país donde viven. Todos hablan y critican subjetivamente lo que nos rodea, lo que pasa o deja de pasar; no hay empatía con el que sufre, con los que lloran, con el que pasa hambre o los que son diferentes.

Justifiquémoslo y digamos que somos una reproducción de conductas que se inician desde el hogar, con padres quienes en su mayoría fueron testigos de la famosa guerra de “36 años” vivida en nuestro país y más de alguno sufrió pérdidas a manos de uno de los bandos, perdidas que inundaron de miedo y desesperanza sus corazones que anhelaban un mañana mejor. Sin embargo, al final tantos murieron para que sus contemporáneos, es decir, nuestros padres, criaran una generación ajena a la realidad e incapaz de alcanzar plenitud educativa y social porque se les ha dado todo. Lo que convirtió a la sociedad en un ente frío y superficial, que encomienda la educación a la televisión, el internet, redes sociales, memes y juegos de video. Sin olvidar, los valores morales y humanos que se le confían a cualquier colegio que los “tenga” en su pensum, porque los padres ya no tienen tiempo para hablar de eso o enseñarlo en casa y si en caso extremo el colegio fracasa, hay que buscar una universidad que pueda dárselos. Esto nos ha convertido en máquinas que responden exámenes, hombres y mujeres dependientes de una nota para saber su valor como humanos, necesitados de aprobación por medio de “likes” o “favs”; cualquier cosa por un cheque de cuatro o cinco dígitos en el futuro o felicidad momentánea . Pero nada puede justificar nuestro actuar, ni siquiera la historia de nuestro país o las decisiones de nuestros padres; no podemos pasar la vida “buscando culpables” a lo que nos pasa o por nuestra forma de pensar, antes bien deberíamos aceptar nuestros dones, miedos, fortalezas y oportunidades, para que estas nos lleven más allá de nuestros límites, lejos de la zona cómoda.

¿Qué futuro nos espera si no nos involucramos?

No lo sé, según podemos ver es uno poco alentador; a pesar de todo escogí no verlo de esa forma, elijo imaginar que estamos a tiempo y que no hay ideales absurdos o causas perdidas; que entre nuestra generación hay inconformes, rebeldes dispuestos a cambiar. Prefiero pensar que somos más los jóvenes, con diversas formas de pensar y ver la vida, que se puede construir un futuro diferente, un país alterno, justo y solidario… O tal vez, algo más simple, como ser artífices de un despertar generacional, quien sabe; vale la pena arriesgarse, hay mucho que perder y demasiado que ganar.

Mientras leían esto y yo pedaleo por la ciudad, allá afuera está la gente que día a día mantiene esta eterna primavera a flote con su amor, entrega, pasión y trabajo sin descanso. ¿Qué tal si fuéramos más como ellos? Es decir, si cada uno de los que forman parte de ese 7.5% escogiera tan solo una de esas cualidades y la pusiera al servicio de los demás ¿Qué pasaría? Tengamos siempre presente que los universitarios nos debemos al pueblo, indiferentemente de donde estudiemos; es por ellos y para ellos que día a día vamos a un salón de clases, nos desvelamos haciendo tareas y algunos más arrechos tambien trabajan. No limitemos nuestra educación a buenas notas, respuestas correctas o “suma cum laudes”; cuestionemos, hagamos preguntas, denunciemos y veamos el mundo igual que Isaac Newton “A hombros de gigantes”. No podemos delimitar nuestra participación como ciudadanos, universitarios y futuros profesionales a estados en redes sociales, memes, hashtags (#HT) y demás; podemos ser y hacer más que eso. Ninguno, sin importar su condición académica, económica o social debe darse el lujo de ser mediocre e indiferente; nuestro país no está para que nos demos esa clase de lujos.

Imagen

About the Author

Vuelo bajito por la ciudad y la Guatemala profunda... contemplo y comparto lo contemplado. Creo en el amor, busco la verdad, lucho con la patojada, disfruto la amistad, viajo sin esperar y camino entre historias; eterno aprendiz, estudiante, amigo, ciclista, hermano, bata blanca. Trabajando por transformar este paraíso desigual un acto de amor y justicia a la vez.

Related Posts

Es innegable que en la memoria de cada guatemalteco siempre permanecerá aquella imagen del Congreso...

El impacto global por la pandemia ha sido devastador, considerando el auge de la nueva variante...

Como una bofetada en la cara, se puede interpretar la inclusión de Guatemala en la lista de países...

Leave a Reply