By Brújula
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José Alberto Barrera/ Opinión/

[quote]El ser humano es potencial. Se encuentra exactamente en un punto medio donde su decisión y motivación son determinantes para la valoración de sus acciones.[/quote]

El consumo generalizado de marihuana en el país ha sido una constante por más de sesenta años. Paralelamente se ha difundido un fenómeno social entre las personas que la consumen, un estilo de vida en torno al consumo de marihuana cuya radicalización depende de la motivación y la frecuencia en su consumo. Estos dos aspectos son indispensables para calificar si el consumo es responsable o no.

Regularmente muchas personas asocian a los consumidores de marihuana en una categoría más o menos uniforme. En esta categoría se evalúan aspectos de la personalidad tales como el carácter, los hábitos, hobbies y las competencias en sentido académico y laboral.

Así es como suelen etiquetarse a los consumidores como relajados, despistados, lentos, conciliadores y sumamente pasivos.

En mi opinión, gran parte de lo anterior se debe a la imagen que proyectan quienes consumen la planta para ser objeto de la atención del círculo social en el que se desenvuelven. Más allá que un momento recreativo de bienestar y relajación, de meditación o bien de comunidad, el consumo absorbe sus personalidades y, lamentablemente, ocasiona que por lo mismo sean etiquetados bajo la misma categoría. Es decir, sin sobresalir o mostrar una diferencia significativa con el universo de consumidores.

Sin embargo, creo firmemente que no existe únicamente esa cara de la moneda. De hecho, en gran parte, la condena social hacia el consumo de marihuana y, por ende, el apoyo a la prohibición de su consumo, se debe a aquellas personas que no son productivas en la sociedad. Claro, no consiste en soslayar esa parte de la realidad, pero no cabe duda de que dentro de los consumidores existe una variedad de categorías que vale la pena considerar para emitir un juicio de valor sobre la conveniencia o no de legalizar el consumo de marihuana. 

Como se mencionó anteriormente, el nivel de absorción de la personalidad por causa del consumo de marihuana depende tanto de la motivación que impulsa a la persona a hacerlo, así como su frecuencia o habitualidad. Estos dos factores determinan la responsabilidad en el consumo. En primer lugar, la motivación es, a mi criterio, uno de los elementos más importantes para quienes deciden consumir de forma más o menos habitual, más allá de la simple curiosidad “por probar”. Es aquí donde se encuentra la más amplia gama de respuestas: por simple molestadera entre amigos, hasta un momento de introspección y relajación; desde una manifestación de rebeldía al sistema hasta un espacio de meditación. Seguramente el listado puede seguir creciendo. Al final de cuentas, la motivación que esté fuertemente justificada por razones que permitan un crecimiento personal en el consumidor, va a ser aquella que dé lugar a un consumo responsable. Caso contrario sería el de aquel que, aunque aparente estar convencido, consuma con el ánimo de alimentar el ego, bien sea en un círculo de amigos o bien en redes sociales.

Con respecto a la frecuencia, es lamentable que algunas personas prioricen el consumo ante labores eminentemente productivas, tales como el estudio o el trabajo. Rechazo totalmente el consumo desmedido e irresponsable de la marihuana. En concreto, creo que no es posible atribuirla como un estilo de vida, más allá que una mera experiencia personal y recreacional. Este consumo desmedido es una adicción aparente ya que en el fondo, es una falta de sentido de personalidad.

La medida es pues, aquella que permita realizar tareas productivas eficientemente.

En conclusión, para saber si estamos preparados para una legislación más permisiva en cuanto al consumo de marihuana, es indispensable realizar primero un examen de responsabilidad a partir de los dos puntos que se abordaron en los párrafos precedentes, es decir, la motivación y la habitualidad. Sólo a través de un consumo responsable se puede pensar en los verdaderos beneficios y satisfacciones que trae consigo la libertad de acción.

 

Recomendación final: Poser de Alborosie.

Esta no es de mis canciones favoritas del amplio repertorio de éxitos de Pupa Albo sin embargo, no cabe duda que la letra cae como anillo al dedo en cuanto a lo abordado en esta columna. En la canción hace referencia a aquellas personas llenas de apariencias, que hablan más de lo que demuestran con acciones.  ¡Muy buena!

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