By Daniela Archila
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Hubo días en que estuve en un estado de neutralidad increíble, creo que nunca me había pasado pero es que intentaba aclarar ciertas cosas, intentaba no tener ese nudo en el corazón  y quería salir de mi luto por un momento. Analizaba y analizaba el suceso y lo único que se me venía a la mente era un “pude haber sido yo” o “pude haber hecho algo”.

Constantemente vivimos a la defensiva en todo y nunca aceptamos las cosas que realmente hacemos. Vivimos diciéndole a los demás cómo deben hacer las cosas y no hacemos bien lo que nos corresponde. Sale un artista nuevo, y lo rechazamos porque hay algo que no hace bien o no nos gusta; y resulta que esas críticas vienen de personas que ni siquiera se atreven a salir de su zona de confort.

Me llevó varios días recuperar la cordura respecto al incendio en donde 40 niñas guatemaltecas fueron quemadas. Me llevo varios días pensar quiénes realmente tenían la culpa y la verdad, es que no se puede culpar únicamente al Estado. En Guatemala se respira violencia y se representa de muchísimas maneras.

Somos nosotros y nuestra necesidad de estar divididos, de creer que valemos más que los demás, de criticar las razones por las cuales alguien cumplió sus sueños y yo no. Sucede que, si alguien se tropieza y me hace a un lado en la calle mientras camino, me pongo a la defensiva y me molesto sin pensar en las causas que pudieron haber provocado ese incidente. No analizamos nada y actuamos a la defensiva.

Somos una sociedad que está realmente contaminada, que sin importar nuestra clase social, nos falta amor y nos sobra desinterés.

Qué nos cuesta entender que no somos tan diferentes, que todos tenemos alguien por quien vivimos y si no es una persona o una familia es un sueño, pero todos nos despertamos cada día a luchar por algo.

Todos buscamos un bienestar, pero pareciese que solo el económico existe. Si bien es un mal necesario, ya no saludamos a la persona que está sentada a nuestro lado en el bus, en la cola del banco o de algún supermercado. Es cierto que estamos llenos de miedo pero es por la falta del amor, tanto del que damos como el que recibimos; y es que no nos damos cuenta que si nosotros no empezamos la paz, ni el Estado ni ninguna otra institución va a cambiar.

Guatemala no se cambia detrás de una pantalla criticando al sistema; y ojo, no es que esté a su favor porque por supuesto que la falta de organización provocó la pérdida de seres humanos inofensivos, inocentes. La pérdida de los únicos seres humanos que siempre nos enseñan la nobleza que debemos tener en nuestros corazones porque los niños siempre nos enseñan que el amor es lo que puede hacer el cambio.

No pensemos que criticar  desde una red social y hacer únicamente eso va a hacerme mejor ciudadano, porque es un pensamiento muy equívoco.

Pero veo y espero que esta tragedia haga que la concientización que provocó no sea efímera y que en verdad luchemos por todos ser agentes de cambio. Que empecemos el amor en nuestros hogares, que evitemos criticar, que aceptemos a las personas que nos rodean, que respetemos a la gente mayor y disfrutemos a la niñez. Porque el cambio puede empezar desde lo básico, desde un “buenos días”, desde una muestra de cordialidad, de amor, de interés o de nobleza.

Es difícil practicar lo que se dice pero hagámoslo para evitar que esta tragedia vuelva a suceder, alcemos la voz buscando solo la paz y la justicia evitando la violencia a toda costa. La niñez, es el progreso del país y no debe pagar por nuestra contaminación de desinterés.

Eliminemos cualquier clase de odio que tengamos y no dejemos que Guatemala se vuelva un infierno como lo fue el lugar mal llamado Hogar Seguro Virgen de la Asunción. Estamos a tiempo de hacer florecer el amor y la vida.

Fotografía

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Ser surrealista. Una reconquista de lo mal conquistado. Amante de los huipiles, la tinta y la poesía.

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