By Gabriela Sosa
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chava carrera

Gabriela Sosa / Opinión /

“Pasan cinco años estresándose por realizar trabajos que ven una vez y luego los acumulan por los siguientes años, llenándose de papeles y papeles para obtener un pedazo de cartón.”

Suena loco cuando se dice de esa forma, ¿no? Quizás no son las palabras exactas, pero algo de esta índole nos comentó una catedrática a mitad de nuestra carrera. Su objetivo era hacernos reflexionar sobre adónde íbamos, sobre lo que haríamos después de graduarnos y si de verdad nos interesaba esta carrera lo suficiente como para seguir. Sin embargo, a pesar de esta y otras advertencias, debo confesar que nada me preparó para el momento en el que estoy ahora: terminando prácticas y haciendo la tesis, si hago todo bien y no pierdo el tiempo, estaré graduándome en menos de un año. Al recibir ese “pedazo de cartón”, ¿qué pasa? Esa es la pregunta que me mantiene despierta de noche: ¿y ahora qué?

A veces cuando entramos a la universidad, recién salidos del colegio, no sabemos exactamente qué es lo que estamos buscando. Cursamos una carrera de la cual tal vez nos gusten algunos temas, pero no nos convence del todo. Es fácil en ese entonces pensar que el futuro está muy lejos y que tenemos bastante tiempo para pensar sobre lo que pasará después, que eso es normal y no tomamos consciencia de lo que sería subsistir a diario de esa carrera. Sin embargo, los años corren y cuando menos nos damos cuenta, estamos a pocos meses de graduarnos. ¿Qué pasa entonces?, ¿qué pasa cuando ya no quedan más ensayos por escribir ni parciales para los cuales estudiar? Lo ideal sería conseguir un trabajo (relacionado con la carrera si se ha trabajado en otra cosa mientras tanto), pero ¿y si  nos damos cuenta que tal vez no queremos ejercer esa profesión?

¿Y si nos damos cuenta que no nos agrada lo suficiente para dedicar nuestra vida entera a ello?

A lo largo de los años, he conocido a muchos que poco a poco han perdido interés en sus carreras y están contando los días para concluir sus estudios. A la vez, conozco muchísimas más personas que cuentan las horas para salir de su trabajo desde que llegan en la mañana, de hecho, creo que no conozco a alguien que no lo haga. ¿No se supone que nos guste lo que hacemos? Veo a mi alrededor y deseo a diario no pasar el resto de mi vida así, corriendo en las mañanas porque no quiero ir a trabajar y al final del día quejarme interminablemente al respecto, todo para pagar deudas que nos hacen caer en la cotidianeidad de trabajar, llegar a casa, ir al súper los domingos, pagar cuentas, trabajar, llegar a casa, ir al súper los domingos…, etc. Seguido me he preguntado si no hay algo más. Casi bromeando comenté alguna vez que si eso es ser adulta, no quería serlo. Sin embargo, nos guste o no, el tiempo pasa y cuando se termina la universidad hay que seguir adelante. Es inevitable. Constantemente no tenemos opción, tenemos que trabajar para comer, para vivir. No obstante, esto no significa conformarse. No siempre sabemos lo que queremos, pero si al menos podemos identificar lo que no queremos, ¿por qué hacerlo?, ¿por qué atraparnos a nosotros mismos en una vida que odiaremos? Nos debemos a nosotros mismos dedicar nuestro tiempo y nuestra vida a algo que nos agrade.

La vida no se acaba al terminar la universidad y tampoco tenemos que tener toda nuestra vida solucionada para ese entonces. La vida sigue y se trata de seguir intentando, si algo no nos gusta, busquemos, aún dentro de nuestras limitadas opciones, busquemos algo más. A pesar de las presiones sociales, esas que esperan tengamos todo resuelto para el momento de nuestra graduación; no estamos condenados a vivir la misma vida para siempre. Después de todo, en Guatemala ya existe suficiente inconformidad, ¿vamos a continuar con ese patrón? Con razón no cambia nuestro país.

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Humana, estudiante de la vida, graduada arrepentida de Psicología, librera indecisa, lectora, adicta al café y sirviente de tres gatos. Persiguiendo palabras.

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