By Voluntariado Social Landivariano URL
Posted: Updated:
0 Comments

Al ser voluntaria en Asociación del Niño por el Niño (ANINI), tuve la oportunidad de vivir distintas experiencias enriquecedoras que me dejaron recuerdos llenos de alegría y momentos que me hicieron reflexionar acerca de mi visión del mundo, así como la posibilidad de buscar el lado positivo de cada circunstancia, a pesar de que en un inicio no sea sencillo visualizarlo. A continuación, describiré brevemente distintos aspectos que me agradaron de formar parte de este voluntariado, al igual que algunos que considero podrían mejorar.

Hubo momentos especiales, los cuales me llenaron de emoción y gozo, el cual es principalmente el poder convivir con todos y cada uno de los niños en el lugar.

Uno de los momentos especiales que vale la pena recalcar y plasmar en este ensayo fue cuando coloreamos libros donados: los niños estaban muy felices al respecto y se notaba su emoción por hacer algo nuevo, algo que tal vez nunca tuvieron la posibilidad de hacer. Era muy gratificante verlos pintar con emoción, tal vez poco evidente en sus reacciones físicas, pero sus ojos, al ver los crayones y los dibujos, eran evidencia suficiente para saber que era algo nuevo para ellos y que les agradaba mucho hacerlo.  

Otro momento muy especial fue cuando todos nosotros como voluntarios realizamos botellas y maquetas sensoriales para utilizarlos con niños con autismo o con poca motricidad. Me gustó poder ayudar y que ellos se sintieran bien. Fue difícil, no lo niego, porque algunos intentaban morderte y otros pegarte, pero con los que se pudo trabajar fue evidente que les servía y que sentían o veían cosas diferentes, y eso los hacía emocionarse y reírse.

Las piñatas del Día del Niño fueron para ellos una de las mejores experiencias, jamás los había visto reírse y sonreír tanto, estaban contentos y hasta te ayudaban a llenar las piñatas y a repartir las bolsas. Además, el ambiente: es casi imposible de describir con palabras, es mejor sentirlo en el momento, pero si lo pudiera describir en dos palabras, diría que fue cálido y refrescante.

Recuerdo que recibimos un taller sobre cómo estimular correctamente a los niños con autismo que se encontraban en la Casa 1, y la licenciada nos explicó que el no estimularlos de una forma correcta podía generar ansiedad en ellos, lo cual podría conllevar a que fueran rudos y se intentaran pegar o morder. Por ello, nos enseñó cinco técnicas para practicar con ellos, para bajar la ansiedad y estimular su motricidad.

Ese día estaba nerviosa, tenía miedo de hacerlo mal y causar algo malo, pero traté de prestar la mayor atención posible para poderlo realizar correctamente. Entré a la casa y lo primero que surgió en mi mente fue «miedo» y no querer pasar, pero luego, algo dentro de mí me motivó e impulsó a hacerlo, había una voz que me decía «hazlo, tú puedes» y lo hice, comencé a realizar los pasos poco a poco, con manos temblorosas pero confiada, y recuerdo haberme sentido agradecida conmigo misma por haberlo hecho, por ayudar a alguien, por aportar mi granito de arena.

El último evento que tengo bastante presente fue cuando fuimos a repartir la comida que llevábamos a cada una de las casas, y cada niño nos recibía con amor y agrado; me gustaba experimentar esa sensación con ellos porque era mutuo y sincero. Asimismo, las mamás estaban agradecidas con nosotros, como nosotros por darnos el privilegio de esos maravillosos momentos que nunca se olvidarán y que tendré presente todos los días de mi vida.

Me gustó sentir la mi emoción de cada sábado, nunca me había emocionado así antes por algo: porque era divertido poder ir y desconectarme de todo, era agradable poder platicar con unos y pintar con otros, me escuchaban y eso me hacía sentir bien

Además, ellos también siempre tenían algo que contarnos, sus besos en la mejilla y los abrazos con los que nos recibían eran sinceros. Me gustó el trabajo en equipo que tuvimos como voluntariado: el apoyo de Daniela Fernández y Dulce Santos fue indispensable, fueron unas grandes líderes y estoy segura de que las vamos a extrañar mucho. El esfuerzo de Dulce fue maravilloso, ella me motivó a seguir adelante, me inspiró a ser mejor persona y dar mi milla extra.

En sí, todo el establecimiento me gustó y estoy muy agradecida con el personal y los niños por abrirnos las puertas, y que nos dejaran ser parte, aunque sea, de un día con ellos. El poder vivir otras experiencias a las cuales nadie está acostumbrado y que te ayudan a reflexionar sobre la vida y los privilegios que uno tiene y no se da cuenta. De cuán agradecidos tenemos que estar con la vida que tenemos y con las cosas, aunque sea mucho o poco. Esto nos enseña que debemos dar gracias a Dios, siempre, porque es por Él que nosotros estamos en donde estamos.

Como ya mencioné anteriormente, aprendí a ser más agradecida con lo que tengo y con lo que no tengo, la experiencia me enseñó a amar a mi familia tal y como es, a pasar mucho más tiempo con ella y darle las gracias todos los días a mis padres por el esfuerzo que a diario hacen por mí, por verme graduada, por verme exitosa.

 

Les doy las gracias por hacerme quien soy ahora. Aprendí a ser mejor persona.

 

Lo que podría mejorar sería que pudiéramos tener más días con ellos, organizar más charlas informativas para poder aprender nosotros y aportar algo más que libros, pinturas y rompecabezas; agregar otra actividad parecida a la Formación General de Voluntarios de inicio de año para motivar a los voluntarios a no desistir.

Sé que los errores existen y que unos te perjudican más que otros, este fue mi caso pero tanto el voluntariado como el apoyo de UNCE, el Departamento de Becas y Voluntariado, y la Facultad de Humanidades, me ayudaron a entender que todo tiene una solución y que no debo actuar de forma impulsiva, sino aprender a detenerme y pensar. Estoy muy agradecida con todos ustedes, gracias por darme una segunda oportunidad; sé que puedo contar con ustedes para consejos o preguntas, me abrieron sus puertas en cada uno de los departamentos y ya no me siento tan insegura como me sentía hace un año. Le doy gracias a Dios por este proceso, porque Él me enseñó y me seguirá enseñando a enfrentar cada uno de los obstáculos que se puedan presentar, pues Él nunca me dejó y su gracia y favor siempre estuvieron conmigo.

Related Posts

Un catedrático hablando sobre economía decía: “De amor no se vive, vea usted a una pareja de recién...

/Por: Joa Maurer   La noche llueve [dentro de un closet], está huyendo del día…   Ella susurra al...

La aprobación de la iniciativa 5257, que buscaba reformar a la Ley de Organizaciones No...

Leave a Reply