By Iván Escobar
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Mezclar la vida y la muerte en lo cotidiano es algo normal, de hecho, la muerte es el momento de la vida más normal que existe a través de los años de una persona. A pesar de ser lo único seguro en la historia, es el punto que más nos aterroriza, que hace estremecer el alma para adentrarnos al pánico.

Pero, ¿qué es la muerte? Es un antes y después para la memoria, un suspiro frío que recuerda a los seres queridos, un memorial para miles de remembranzas, el olvido de un elemento y la transformación de la materia en viento.

La tonalidad de las miles de flores adorna los mausoleos y sepulcros, la música suena entre tumultos de personas y se preparan comidas en honor a quien lo merece, intentan revivir un momento de aquello que solamente se plasma en un recuerdo. Los altares de panteones hacen un festín junto a los espíritus convirtiendo en una verdadera fiesta que trasciende a través de culturas y familias para brindar por los antepasados.

Es normal ver candelas alrededor de bebidas alcohólicas, se convierte en normal figuras de cráneos humanos e incienso que vuela hasta perderse en el ambiente, el amor y la fría nostalgia se pueden sentir en una conexión simbólica hacia los antiguos familiares.

La vida a veces parece ser gris, que no tiene color, que los días no encuentran un rumbo, y que los anhelos se pierden a través del tiempo; pero al contrario, al ver tal celebración hace parecer que la muerte tiene un color más profundo, no significa que la muerte tenga un sentido mejor que la vida pues ya no hay respiro alguno. No podríamos entender cuál es la representación de muerte para todas las personas, existe una razón distinta en el ser interior para cada uno de nosotros, para algunos quizá la muerte tenga un gran significado que complementa su estado espiritual y su entendimiento religioso, mientras que para otros la muerte solamente significa el final de la vida.

Dejar huella para ser recordado por rituales entre cruces de cementerio se convierte en un misterio, pues la mayoría de personas son valorizadas únicamente cuando se meten en un sueño profundo para no despertar jamás, he visto por mucho tiempo como algunos obtienen cariño que tanto deseaban cuando se privan de su respiración, abrazos, besos y palabras desde lo más profundo del corazón se escuchan cuando adormitamos en la nueva cama.

Almas, ánimas y espíritus, son sinónimos de lo que viene del más allá y es que la creencia dice que en este día encontramos la posibilidad de abrir puertas para que nuevamente ellos estén con nosotros para jurar amor eterno. El dolor se puede convertir en pasajero y las lágrimas en un instante de tristeza para encontrar paz.

Celebrar este festival de vida y muerte es obligatorio, sentir y no esconder emociones hacia los demás es indispensable y necesario, pues es la única forma de demostrar nuestras pasiones, aflicciones, y alegrías. Sin vida no hay muerte y sin muerte no existiría razón para vivir, pues no encontraríamos la misma felicidad por ser eternos, ni existirían los días para recordar, porque nuestra vida se convertiría en un efecto de monotonía.

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