By Brújula
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José Andrés Ochoa/ Opinión/

Uno de los momentos más alegres de mi vida fue gritar un gol de Tránsito Eduardo Montepeque el seis de junio del 2004. Cobán Imperial fue campeón del fútbol nacional por primera– y de momento, única vez – gracias a ese tanto en el Estadio Nacional Mateo Flores. Ya lo he contado. Y qué es un gol sino un momento de gozo, rabia, a veces tristeza pero muchas un escape de la cotidianidad.

Extrañaba esa euforia colectiva, ese momento que suele ser breve aunque perdura por mucho tiempo. De nuevo la sentí, no en un campo de fútbol pero sí en la calle. El 16 de mayo nos reunimos muchas y muchos para dejar a un lado las penas y unirnos en un grito voraz e histórico. Fue bastante más fea la causa, porque ojalá no nos tuviéramos que reunir por la indignación de que nos roben. Pero así fue. Y de lo bueno, lo malo: una gran parte de la ciudadanía guatemalteca oxigenó el espíritu y despertó ante la opresión. No buscábamos un campeonato liguero, pero sí el título del liderato dentro de Guatemala.

Identificarnos como pueblo, ciudadanos, seres vivos.

Y quizás esa colectividad permite la sensación de un encuentro personal memorable. Cuando se comparten los deseos de buscar causas más justas hay más ganas de gritar un gol. Puede que por ello los estadios sean escaparates de emoción; como la calle, una caldera de pasión. Por eso, congregarse miles para manifestar la indignación, apoyados con carteles en las manos, es darle más valor a la causa.

Los equipos de fútbol y sus estadios son los escenarios más representativos en la actualidad. Ir a una ciudad nueva exige cumplir la ruta de peregrinaje: conocer todos los campos de fútbol posible. Cuando los futbolistas y la afición reconocen que cuando se envían mensajes como grupo es darle una intensidad mayor a la protesta, se logran cosas muy bonitas.

Cuando los bukaneros, el grupo de apoyo al Rayo Vallecano, aprovecharon Vallecas para decir basta con los desahucios, el club respondió y la opinión pública valoró. Cuando Carlos Figueroa, futbolista crema, dedicó un tuit al movimiento de #RenunciaYa, los aficionados festejaron un gol más, ahora a la portería de la injusticia.

Y así con cada jugada colectiva que se genera desde el deporte, que tiene a los personajes más representativos, quizás equiparados con los artistas y, sobretodo, muy por encima de la clase política.

En Guatemala, el fútbol es la relación amor-odio con el deporte, pero termina por ser la distracción espectacular principal. Ver lucir al Real Madrid camisetas solicitando apoyo para Nepal alcanza otro parámetro de sensibilización. Y es momento que los clubes, o las figuras principales de la marcha, natación o bádminton reconozcan esa posibilidad que tienen para que los mensajes lleguen a más, podríamos tener más fuerza para protestar.

Hay que decirlo: el 16 de mayo fue un partido y la liga se gana con muchas victorias más. No es fácil, porque cada vez debe de haber mayor preparación. Y, como en el campo, es mejor cuando hay mucha afición para que los cantos y alirones sean gritados por más voces.

Puede que ahí nos entiendan un poco más el porqué ir a los estadios y ver fútbol. Y a quienes nos gusta ese deporte, ahora entendemos bastante más el porqué congregarnos para gritarle al rival– la corrupción –es bueno. Está en nuestras manos jugar el partido, apoyarlo y ganar campeonatos más importantes donde, sin clubes rivales, todos podemos ganar.

 

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