Andrea V Febrero

Andrea Villagrán / Opinión /

Desde afuera

Da mucha tristeza hablar de Guatemala. El diciembre pasado visité a mi familia en Washington St, EE.UU., viaje que estuvo lleno de pláticas de mesa sobre la familia, las tradiciones, la gastronomía y los lugares de nuestro país, entre otras cosas. Sin embargo, en ellas predominaron las conversaciones sobre los problemas que lo tienen colapsando. Hablamos de la mala calidad y poca cobertura de los servicios básicos, de la corrupción que ha colmado al Estado, la violencia de las ciudades, la falta de justicia, la pobreza y la desigualdad que causan sufrimiento a la población. Así como de las tantas cosas que se podrían hacer en Guatemala para mejorarla.

Propuestas que se podrían llevar a cabo si tan solo existiera voluntad política.

Sumado a esa voluntad, está fortalecer la ciudadanía. Dejar de un lado el pesimismo, la idea que en Guatemala nada funciona y por ende no intentarlo. Atrevámonos, de algún lugar se debe empezar. Es muy difícil y duro ver en contraste, por ejemplo, los servicios públicos de aquel lugar con los de Guatemala, hace pensar que estamos tan lejos de llegar a eso que a lo mejor nunca lo alcanzaremos. Comparar la tranquilidad de caminar por las calles, al temor de la violencia a ser asaltada, violada o secuestrada. ¿Cómo vivimos aquí? Un lugar en donde el salario mínimo es de Q2, 644.40, mientras que la canasta básica está en Q3, 123.60 (INE), hay gente que vive con eso o incluso menos. De verdad que da un sentimiento de frustración indescriptible. Claro, las causas son muchas, la historia nos dice por qué estamos como estamos. Pero no, nos acostumbremos a ver a nuestro país mal, no nos resignemos a esto.

Adentro

Nuestro país está agonizando, educación de baja calidad[1], sistema de salud para morirse… (entre muchos otros males). Vivir en la ciudad de Guatemala es hacerte a la idea que perderás horas de horas diarias en el tráfico, sumado al temor que te toquen la ventana para asaltarte. Pero si vives en el interior, no hay trabajo. Y si en la ciudad no son buenos los servicios públicos, en el interior es peor. ¿Por qué no se incentivan las economías locales?, promover oportunidades que dignifiquen al ser humano (haríamos tanto, como fuentes de empleo, desarrollo económico, mejorar la educación, salud, evitar la migración, además de descentralizar la ciudad). Muchos somos los jóvenes que queremos ver a guate diferente. Por ello, confío en esta generación, en donde ya estamos cansados de la corrupción, de la incertidumbre que genera la violencia, de la injusticia descarada, de la discriminación por ser mujer o ser indígena. La vida se nos escapa, se nos va con cada minuto, hay que darle más contenido. Involucrarnos más. Porque aquí hay recursos, vivimos en un país rico con mucha gente pobre. Decir que en nuestro país no hay recursos para sacarlo de la pobreza, es no tener vergüenza señores del gobierno.

Hay que tener esperanza y actuar, no solo se trata de sentarse a ver cómo pasan las cosas.

No es solo exigir y exigir desde la trinchera de twitter y facebook. Debemos de asumir nuestra responsabilidad dentro del sistema. Informémonos debidamente para elegir de la mejor manera a nuestras autoridades. Respetemos las leyes de nuestro país, comprendamos que los impuestos deben ser pagados porque eso significa desarrollo (no busquemos escaparnos por la excusa de “es que hay corrupción”, porque se vuelve un círculo vicioso). A fin de cuentas, aquí es donde vivimos, aquí están las calles que transitamos día a día, aquí está nuestra familia y amigos. Compartamos con nuestros círculos sociales, corrijamos nuestras acciones del día a día. ¡No dejemos que nos roben la vida! ¡Queremos reformas estructurales y no solo un montón de leyes que nadie cumple!

Panorama electoral

Ya estamos en año electoral, las opciones son poco alentadoras. Se vienen las campañas, las promesas que cada cuatro años nos ilusionan. Estemos entonces pendientes, se necesitan nuevas alianzas, personas cuyo labor y compromiso sea con el pueblo guatemalteco, con la mayoría y no que responda a intereses de sectores económicos que lo único que buscan es saquear al Estado, evadir impuestos y seguir creando fortunas a costa del desarrollo del país, manteniendo monopolios. Elites tradicionales, que históricamente han puesto presidentes, ministros y funcionarios públicos que se articulan para servirles. Pero ojo, tampoco queremos a esas élites emergentes que más allá de romper ese ciclo, lo que buscan es hacer lo mismo que las tradicionales. Empresarios y políticos conscientes de las necesidades urgentes del país tenemos, y jóvenes capaces también. No queremos narco presidentes, queremos funcionarios capaces con reconocido trayecto tanto profesional como académico (aunque hay excepciones) que demuestren su amor por Guatemala.

A este escenario se incorpora un nuevo actor, Alfonso Portillo retorna a Guatemala este 25 de febrero. En columnas anteriores he manifestado mi aprecio y admiración a su persona, no es algo nuevo. Si bien Portillo fue acusado de lavado de dinero, se declaró culpable debido a la debilidad del caso. Es importante remarcar que la mayoría de los señalamientos de corrupción no se pudieron comprobar, y que el lavado del que se le acusó no fue sobre fondos públicos (como muchos piensan). Además de ello, su reconocible lucha por abrir los mercados que rompieron monopolios, ponerle alto a las élites tradicionales no es algo sencillo, y está asumiendo sus consecuencias.

El panorama se va despejando, con su llegada así como con la intención de formar una alianza con personas de distinguido reconocimiento por su compromiso por el país como Edmond Mulet, Edgar Gutiérrez y Manfredo Marroquín, personajes que se han caracterizado en la lucha de una Guatemala mejor, deja muchas expectativas. Agregando el plus de Alfonso quien más que una figura polémica, tiene una fuerte aceptación en la ciudadanía, conoce cómo funciona el Estado, sabe cuáles fueron los errores cometidos, y cuáles pueden ser las mejores estrategias. Habrá que esperar qué pasa con su llegada, nada está escrito en piedra. Una segunda oportunidad puede ser la otra vía inmediata.

En este plano electoral, los jóvenes somos el presente que puede formar parte de la construcción de ese futuro añorado. Involucrémonos, informémonos, denunciemos, accionemos.

[1] En 2014 el logro en matemática fue de 6.41%, mientras que el de lectura 25.88%

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