By Colaboraciones
Posted: Updated:
0 Comments

Por: Yasmin Raquel Barillas Flores

Salgo a las calles más modernas de la capital, veo al frente bellas edificaciones, jardines, y bellos centros habitacionales, sin embargo casi sin percatarme, al mismo tiempo un niño está limpiando los vidrios de mi carro, evidentemente cansado y en horario escolar. En ese momento el contraste es desolador, el semáforo se pone en verde y continúo hasta llegar a mi casa, me percato que todo el camino estuvo empañado de desigualdad, pobreza y necesidad; esto “se acaba” cuando paso la puerta, pero sé que mañana será igual.

Esta experiencia, quizá sea compartida con la mayoría de guatemaltecas y guatemaltecos, sin embargo, puede ser que no lo han visto como un problema o que no lo vean como su problema. El hecho es que realmente es nuestro problema, el cual desde que tengo memoria, ha sido permanente y normalizado.

No obstante, es contradictorio que Guatemala en los últimos años, ha tenido un desempeño económico estable, con un crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) en 2017, 2018 y 2019  (Banco Mundial, 2020).

Lo anterior demuestra que la economía del país no se ha contraído en los últimos años, sin embargo, los índices de pobreza, desnutrición, analfabetismo, desempleo, etc., son persistentes, ¿a qué se debe?

Básicamente se debe a la existencia de ‘dos Guatemalas’, una con buena posición económica y una pobre; una urbana y otra rural; una ladina otra indígena y garífuna, con grandes brechas sociales y económicas, que las diferencian y las separan; en sí, una brecha de desigualdad inquietante.

Si bien es cierto, la Constitución Política de la República, señala que “todos los seres humanos son libres e iguales en dignidad y derechos” esta libertad e igualdad, “legal y/o formal” brinda la “posibilidad” de realizarse personalmente en la sociedad. Sin embargo la libertad e igualdad real depende de otros factores, por ejemplo: una persona sin hogar, sin empleo, sin salud o sin educación; no es tan libre como otra persona con acceso a esos bienes o servicios públicos, del mismo modo el analfabetismo, la violencia e inseguridad, restringen la libertad e igualdad real a pesar del reconocimiento de la libertad e igualdad legal/formal.

Lo anterior ha conducido a diversidad de opiniones y debates ideológicos, en donde la mayoría de las problemáticas se intentan resolver con ideologías que tratan de imponer respuestas únicas, reglas sin excepciones; la historia ha demostrado que cuando el Estado acapara para sí, todas las iniciativas, libertades y responsabilidades que son propias de las personas y de las comunidades menores de la sociedad, caemos en el “estatismo” y cuando el Estado no protege al débil frente a los más fuertes o no brinda su ayuda económica, institucional o legislativa a las entidades sociales más pequeñas, caemos en el “liberalismo radical” (Graglia José, 2017). Ambos extremos se alejan del bien común, vulnerando derechos y alejándose del desarrollo y progreso social.

No todos comprendemos que la satisfacción de las demandas sociales, de un determinado grupo de la población, jamás puede ser consecuencia de la violación de la dignidad humana de otro grupo y este es el otro lado de la moneda del bien común, buscar el bien para la mayoría sin vulnerar a la minoría.

En este punto cabe resaltar que la justicia es necesaria en un Estado de Derecho, no sólo como un organismo del Estado, sino también como un valor; siendo este la JUSTICIA SOCIAL que se avoca a la equidad del acceso a los bienes y servicios básicos e indispensables, para el desarrollo de las personas.

Vivimos en un “Estado de Derecho” por definición, pero esto no lo hace necesariamente justo, por ello en la población es evidente una separación histórica, social y económica, siendo visible el hambre de justicia social. El problema radica en que la justicia social no se puede concebir en un Estado que ha vuelto una tradición la injusticia, y el bien común lo ha normalizado como el bien de los intereses de unos pocos. Por ello es que nuestra Guatemala es tan desigual, ya que el proteger sólo ciertas libertades, no asegura una sociedad justa y no pocas veces el ejercicio y protección de estas libertades, nos ha mantenido en un bucle de injusticia social.

Sin embargo, un gran vicio de los gobernantes de esta nación, en campañas electorales, propone empezar todo desde cero, desechar todo lo que el gobierno anterior hizo y restructurar el sistema, con esto logran conquistar varios votos y de paso calmar un poco el hambre de justicia social, no obstante, cuando los planes de gobierno intentan reestructurar la nación cada cuatro años, no se pueden ver políticas ni cambios a largo plazo, existe desequilibrio, gastos desproporcionales e innecesarios.

Se debe tomar en cuenta que el progreso, también implica construir sobre lo ya hecho y no descartar los planes existentes, simplemente por no empatizar con el autor. Parte del progreso en todos los ámbitos es la estabilidad, sin embargo, en Guatemala se han perpetuado las malas prácticas políticas, sociales, jurídicas y económicas y se han descartado planes que buscan un progreso para la nación. Se lucha por eliminar (en lugar de reestructurar) por ejemplo, los planes de seguridad social que constantemente son atacados.

Todo lo anterior se puede abarcar a profundidad, con diálogo y compromiso, ya que el desarrollo de los más débiles es a la vez, el desarrollo de los más fuertes, esto permitiría un crecimiento social y económico abrumador; todo ello sin irrespetar la dignidad de otras personas porque al final de cuentas, como menciona José Emilio Graglia, “vivimos bajo un mismo techo, porque nacimos en esta parte del mundo y en esta época de la historia, pero no tenemos el mismo horizonte. Las posibilidades para el desarrollo no son las mismas, dependiendo de las regiones o localidades y, también, del género o la etnia. Ese es, pues, el reto de los retos, el desarrollo integral en una democracia real que resguarde la riqueza de nuestras diversidades y nos posibilite el mismo horizonte de una vida digna.” (Graglia José, 2017)

 

 “Dar lo necesario a los pobres es devolverles a ellos lo debido: no es beneficencia. Es el pago de una deuda de justicia y no la satisfacción de una obra de misericordia”. – Gregorio Magno

Referencias:

Graglia, J. (2017). Políticas Públicas 12 retos del siglo XXI. Konrad Adenauer Stiftung.

Banco Mundial. (Abril, 2020). Guatemala Panorama General. https://www.bancomundial.org/es/country/guatemala/overview

 

Related Posts

El Taller de Escritura Creativa de la Universidad Rafael Landívar, acaba de crear el siguiente tomo...

Es innegable que en la memoria de cada guatemalteco siempre permanecerá aquella imagen del Congreso...

El impacto global por la pandemia ha sido devastador, considerando el auge de la nueva variante...

Leave a Reply