By Luis Alvarez Ságüil
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La sociedad guatemalteca pasó por uno de sus momentos más convulsos en épocas del conflicto armado, en donde las detenciones ilegales, las desapariciones, las torturas y las ejecuciones formaban parte de la cotidianidad, en un largo ciclo autoritario imperante que sin duda dejó grandes pérdidas humanas para nuestro país.

Al visualizar el panorama centroamericano se observa que en países como Honduras y Nicaragua el estancamiento del avance democrático y la instauración del autoritarismo es una realidad alarmante. Guatemala atraviesa por un proceso de democratización post guerra, sin embargo, el país no escapa del posible desafortunado pronóstico.

El ambiente regresivo se parte de la desigualdad y la inconformidad de las ciudadanas y los ciudadanos ante su desfavorable realidad, estos se transforman en sectores que rechazan el sistema, como consecuencia tienden a seguir a un caudillo extremista y demagógico que promete solventar sus adversidades inmediatas. Este sector social se convierte en un objetivo político y para ganarlo es necesario excluir, odiar, mentir y polarizar para construir e instaurar un régimen con las peores prácticas políticas. [1]

Luego de las jornadas de cambio de mando, diversas organizaciones de sociedad civil fueron parte del escenario protestando en contra de la toma de posesión del presidente saliente en el Parlamento Centroamericano. Las manifestaciones del descontento popular se intensificaron  e intentaron ser silenciadas con fuertes dispositivos de seguridad haciendo un innecesario uso desmedido de la fuerza ante una protesta legítima. El día concluyó con la agresión y detención arbitraria de seis estudiantes universitarios. La detención arbitraria de los estudiantes puede ser vista como un ejemplo de las prácticas políticas desdeñables de regresión autoritaria que deja el gobierno saliente.

El clima de conformidad y asentimiento ante la entrada del nuevo gobierno que no parece ofrecer una alternativa coherente se ha generalizado y que sin oposición fortalecida nada parece cambiar.

Existe una pequeña distancia entre la continuación de la democratización y la inmovilización para la regresión. No es posible anticipar las decisiones que puedan ser tomadas o crisis que puedan suceder, pero el contexto sigue siendo parecido, por tal razón, no debe adormecer la crítica ante el beneficio de la duda y debemos mantenernos vigilantes ante una posible continuación de los procesos de exclusión y polarización ciudadana.

[1] Así describe el profesor José Luis Reyna el modelo de regresión autoritaria que se ha observado en países como Estados Unidos, Italia, Francia y Brasil.

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Estudiante de Derecho. Representante estudiantil. Aficionado a la filosofía y a la literatura. Diletante.
Por ratos se me da por escribir.

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