Ximena Maldonado/ Colaboración/

El pasado 8 de marzo sucedió una vez más, otra tragedia. Tuvimos la pérdida de 40 niñas que murieron quemadas en un supuesto “Hogar Seguro” donde nuestra misma sociedad las tenía olvidadas. Sí, la muerte de cada una de ellas fue una tragedia pero, ¿qué hay del tormento que pasaron no solo en ese cuarto, sino también su diario vivir en ese lugar? El incendio del Hogar Seguro Virgen de la Asunción fue solamente el detonante que sacó a luz las  cosas que realmente sucedían. Así sucede con varias noticias que llegan a nuestros oídos: no son más que detonantes de bombas que después de tanto, salen a luz, explotan y nos damos cuenta del daño que fue ocasionado.

Nos escandalizamos con cada noticia que recibimos y nos horrorizamos, cuando no sabemos en realidad toda la historia y no conocemos el contexto. Nos apresuramos a indignarnos en el momento que la bomba estalla pero,  ¿por qué hasta ese momento? ¿Qué hay del sufrimiento que muchos vivieron antes del detonante de la bomba y nosotros vivimos ignorándolo todo este tiempo? La misma sociedad se escandalizó al saber lo acontecido pero, antes del incendio, no se preocupaba por las condiciones en las que vivía cada niño o niña dentro del hogar.

Las mismas condiciones en las que la sociedad las puso y las llevó al hogar y también a iniciar el incendio.

Así mismo como sucedió en el hogar,  sucede a diario, ignorando los problemas hasta que estalla la bomba. El  ser testigos constantemente de distintas tragedias, nos ha quitado la sensibilidad desde el momento que las cosas comenzaron a suceder. De tantos tristes acontecimientos, nos hemos dejado conmocionar y hemos comenzado a ver las pequeñas cosas como “algo usual” o “normal”. Son esas pequeñas cosas las que comienzan a construir la bomba que es lanzada ante nuestra sociedad y hasta ese momento notamos el daño que nos causó. Cada situación como la falta de salud, la constante violencia, la corrupción en el gobierno, la falta de educación, la pobreza y más, son situaciones con las que nos hemos acostumbrado a vivir. Quizá todo esto sea también atribuido a la ausencia del estado, a los problemas de la sociedad y la disfuncionalidad de las instituciones a cargo, pero todos tenemos responsabilidad en ello. Al final del día, es esta la sociedad donde vivimos y es la sociedad que hemos creado. La indiferencia con la que nos hemos acostumbrado a ver las cosas debe ser detenida.

No podemos esperar que el Estado tome acción en nuestros problemas hasta que las cosas salgan a luz y las tragedias sobrepasen nuestra línea de indiferencia.

Debemos dejar de conformarnos a vivir con estas situaciones dentro de nuestra sociedad, no ignorarlas y dejar por un lado nuestra indiferencia. El problema no recae solamente en el Estado o el gobierno, recae en todos nosotros porque esta es nuestra sociedad y nuestra Guatemala. Hoy recibimos la noticia de otro acontecimiento que mancha nuestra sociedad y después de un tiempo, volvemos a olvidar que sucedió hasta que algo aún más fuerte o quizá similar vuelva a suceder. ¿Por qué esperar otra tragedia mañana o en las próximas semanas para volver a horrorizarnos y recordar a la Guatemala que se ha dañado? Sí, necesitamos una reestructura y volver a construir nuestra sociedad, pero debemos comenzar quitándonos la venda que nos impide ver lo que realmente sucede y despojarnos de la indiferencia.

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