By José Andrés Franco
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Las razones de miles de personas para organizarse en caravanas e intentar llegar a Estados Unidos, son numerosas y están relacionadas con problemas estructurales que se agudizaron en Honduras, en los últimos 10 años. Más allá de la retórica electoral que utilizaba Trump y su administración, al utilizar las caravanas de migrantes como una amenaza para la seguridad nacional, el país atraviesa una situación política y social bastante preocupante.

En Honduras más del 48% de la población vive en pobreza.

Este porcentaje se agudiza al tratarse de personas que viven las áreas rurales (60%), a diferencia de las que viven en áreas urbanas (38%). Además, presenta uno de los índices de desigualdad más altos de la región, con un índice de GINI de 52.1%, superando a Guatemala (48.3%).

Además de estos indicadores, en Honduras las élites políticas del país, que se encuentran dentro del partido oficial, tienen una fuerte relación con las organizaciones del crimen organizado.

Familiares del presidente Juan Orlando Hernández, junto con miembros  del Partido Nacional, tiene un rol muy importante, en crear y mantener esta simbiosis de la política hondureña y el narcotráfico.

Hilda Hernández, la hermana del presidente Juan Orlando, desde su cargo como secretaria de Desarrollo e Inclusión Social, en el mandato de Porfirio Lobo (2010-2012), desarrolló un esquema de desvío de fondos desde esta institución hacia ONG’s, que después estaban destinados a financiar campañas políticas del Partido Nacional. Hilda Hernández falleció en un accidente aéreo en 2017.

El hermano de Juan Orlando, Juan Antonio Hernández, fue detenido en 2018 y enviado a Nueva York. En octubre de 2019 fue declarado culpable, por conspiración para exportar cocaína a Estados Unidos. Juan Antonio, quien era diputado en el Congreso Hondureño, al momento de su arresto, participó en el tráfico de cocaína; como mediador entre actores del crimen organizado y miembros de la élite política del país.  La protección a los narcotraficantes era pagada por medio de financiamiento hacia campañas políticas del Partido Nacional.

No fue una sorpresa que en el juicio de “Tony” Hernández salieran a la luz detalles sobre el pago de favores por parte del narco, hacia los más altos niveles del partido y la presidencia de su hermano Juan Orlando. Los testimonios de diferentes narcotraficantes, declarados culpables en Estados Unidos, permitieron exponer la profunda relación de las élites políticas en el partido y el ejecutivo, con el narcotráfico.

A raíz de nuevas confesiones, que siguen relacionando a Juan Orlando Hernández con el narcotráfico y el financiamiento de campañas políticas, sumado con la propuesta de ocho senadores demócratas, para sancionar y perseguir penalmente al presidente, la presión hacia el ejecutivo y el Partido Nacional aumenta cada día.

A parte de la penetración del narcotráfico, Honduras también presenta a uno de los grupos de pandillas más grandes de la región: MS13.

A pesar de los falsos argumentos presentados por la admiración de Trump, al decir que estas pandillas realizan actividades de narcotráfico, MS13 sí desarrolla actividades que caracterizan a ‘las maras’ en Centroamérica: sicariato, extorsión, trata de personas,  explotación sexual, entre otros. Este grupo tiene fuerte presencia y convive con otros grupos criminales en departamentos como Cortés, que es fronterizo con Guatemala. En Cortés la tasa de homicidios es de 60.1 por cada 100,000 habitantes; una de las más altas del país y la región, además que se desarrollan economías criminales como Tráfico de Armas, Cannabis, Cocaína, Crímen Ambiental, Tráfico de personas, Trata de personas, Recursos Minerales y Opiáceos.

La corrupción, el crimen organizado y las pandillas, no son problemas ajenos a prácticamente todos los países de Latinoamérica, la simbiosis entre la política y estos grupos criminales, ha desarrollado un ambiente de impunidad, incertidumbre y pobreza en Honduras. Probablemente este país no domine los titulares todos los días, pero para los hondureños que carecen de oportunidades y que viven en este ambiente de impunidad, no les quedan muchas opciones y migrar parece un camino para sobrevivir.

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Estudiante de la Licenciatura en Ciencia Política en la Universidad Rafael Landivar, me considero inesperadamente diferente y no me gustan las limitaciones que evitan expresarnos. Me gusta vivir para aprender y aprender para vivir.

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