By Luis Alvarez Ságüil
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La actividad huelguera se gestó en la universidad pública del país como un ritual manifestante de convicciones y aspiraciones a través de la irreverencia, la sátira y la crítica y fue el acto político que comenzó a dar identidad y reconocimiento a un grupo social: los estudiantes universitarios. Sin embargo, el secuestro de la Huelga de Dolores la ha convertido en un abismo de violencias, excesos, abusos e intereses personales, en un modelo obsoleto que ha agravado el deterioro y la dispersión del movimiento estudiantil universitario, destruyendo por completo su significado representativo.

Para este año, la Asociación de Estudiantes Universitarios (AEU) “Oliverio Castañeda de León” ha sido contundente en la decisión de no llevar a cabo actividades huelgueras, para lo que ha librado una batalla al interior de la institucionalidad universitaria, promoviendo el efectivo cumplimiento de las prohibiciones sobre el consumo de alcohol y drogas, las actividades de bautizo, el uso de capuchas y las extorsiones en parqueos dentro de la universidad. El punto cúspide de esta batalla fue la petición de no otorgar financiamiento alguno para la Huelga.

Las autoridades universitarias han desatendido la petición, protegiéndose, en una suerte de lavarse las manos, con argumentos que carecen de congruencia:

En primer lugar, se pretende financiar la Huelga de Dolores bajo su calidad de patrimonio cultural. Para que una institución pueda considerarse patrimonio se deben observar estándares normativos como el contenido en la Convención para la Salvaguarda del Patrimonio Cultural Inmaterial de la UNESCO, que señala que se considerará únicamente patrimonio cultural:

“…[el] que sea compatible con los instrumentos internacionales de derechos humanos existentes y con los imperativos de respeto mutuo entre comunidades, grupos e individuos y de desarrollo sostenible.

Como ya ha señalado Mario Castillo en su interpretación, los comités de huelga pueden ser considerados grupos de crimen organizado por pretender obtener un beneficio material de sus acciones contrarias al orden legal, perdiendo la actividad el sentido de patrimonio por atentar contra los derechos humanos y al respeto individual.

En segundo lugar, el Consejo Superior Universitario pretende “rescatar” una huelga irrecuperable, confrontando las intenciones de los estudiantes. La organización y dirección de la actividad de Huelga de Dolores le corresponde a la AEU, la máxima institución de representación estudiantil, tal como señala el artículo 42  de su estatuto:

“Las actividades de Huelga de Dolores, estarán a cargo de una comisión especial denominada “Honorable Comité de Huelga de Dolores”, que se integrará anualmente y cuya estructura y funcionamiento se establece en el reglamento general. 

La convocatoria para su integración la hará el Comité Ejecutivo del Secretariado de AEU.

A pesar de la negativa de la asociación de llevar a cabo actividades huelgueras, las autoridades universitarias han tomado una actitud confrontativa al crear una comisión que analice la situación y así financiar la Huelga de Dolores, irrespetando el gobierno tripartito universitario –estudiantes, profesores y profesionales–, entrometiéndose en una cuestión que desde su esencia le atañe con entereza a los estudiantes y sus representantes. De momento, ningún comité ha sido reconocido por tal asociación, por lo que las autoridades universitarias estarían financiando grupos ilegítimos de dubitable procedencia estudiantil.

El proceder de las autoridades hace cuestionarnos ¿Por qué tanto empeño en financiar la Huelga de Dolores? ¿Qué intereses se mueven dentro de la actividad? ¿Por qué se permiten los abusos de parte de estos grupos criminales? Sin embargo, estas cuestiones no son parte central del debate.

Lo fundamental es que ante esta adversidad es oportuno poner en crisis el actual modelo de huelga y valorar como legítimos estudiantes el reinventar sus prácticas sin la intromisión de grupos de delincuentes ni autoridades que pretendan definir su significado, empero, no sin antes enterrar todas las prácticas desdeñables de esa huelga podrida y parasitaria que se encuentra instalada en la universidad pública.

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Estudiante universitario. Representante estudiantil. Aficionado a la filosofía y a la literatura. Apasionado por el movimiento estudiantil.

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