By Brújula
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Mynor Alonzo / Opinión / 

Crear es una necesidad humana” leía en un libro que intenta describir la frustración y apatía de la sociedad europea del siglo pasado. A veces siento que a los jóvenes se nos imponen rutinas repetitivas y sin sentido que nos terminan convirtiendo en hordas de zombis fáciles de manipular en esta sociedad enferma de apatía y desconfianza.

¿Que sociedad no estaría enferma con estas condiciones?

Más de 200,000 muertos en 36 años de conflicto armado interno, índices alarmantes de migración, instituciones de gobierno desgastadas y desfalcadas, déficit en la cobertura de escolaridad y ni hablar de la desigualdad en la calidad educativa.

Suponemos que para los pocos privilegiados que tenemos acceso a la educación superior mejora todo, ¿no? Veamos: la única universidad estatal cuenta con una deficiente cobertura a nivel nacional, muchas veces con docentes y autoridades que convierten sus posiciones académicas en botines políticos.

¿Mejor las universidades privadas? Claro, si lo que buscas es desarrollar tu vida en un ecosistema controlado, limitado no por las normas o reglamentos de las propias universidades (finalmente los clientes unidos tendrían la capacidad de convencer a cualquier rector o decano), sino por el miedo a conocer lo que hay afuera del perímetro que “nos protege”.

Dividimos nuestras zonas residenciales en “colonias”, colocamos portones que nos separan de los vecinos y somos protegidos por guardias que, en muchas ocasiones, no cumplieron con más que el ciclo primario de educación deficiente.

Los centros comerciales, el único espacio en donde los diferentes grupos sociales podían converger (al menos en la ciudad).

Esto terminó cuando se dieron cuenta que tanto “chocochavo” menguaba la asistencia de quienes en verdad consumían en las tiendas. Entonces decidieron abrir un centro comercial para cada estrato social.

Así es como la juventud de la ciudad de Guatemala ve cómo su vida transita yendo a estudiar, trabajar y emborracharse a los mismos espacios y con las mismas personas cada día. Quizás esta homogeneidad sea la que nos convierte en en personas irrespetuosas a lo diferente.

Los acontecimientos políticos del país que tuvieron lugar los últimos meses, nos brinda una oportunidad a los jóvenes de crear nuevos mecanismos de fiscalización, administración y participación. Debemos comprender que la participación política es más que un voto cada 4 años, y que participar responsablemente en cocodes, asociaciones y grupos estudiantiles, grupos de activismo y asociaciones gremiales no solo es una experiencia sumamente enriquecedora, sino que aporta al mejor funcionamiento de nuestro sistema político.

La empatía nos permite respetar a los que piensan y actúan diferente, dándonos cuenta que tenemos más en común de lo que pensábamos. De esta manera podemos crear en conjunto soluciones a problemas comunes.

Siempre está la opción de seguir lo que la publicidad y las noticias digan, continuar quejándote sin actuar, o criticar a los que participan.

Solamente recuerda que por más carne humana que coman, los zombies siguen siendo los irracionales.

Varios jóvenes con acceso a espacios de opinión coordinamos escribir sobre zombis en estos días, y más allá de tocar el “tema de moda” esperamos promover con el ejemplo la articulación social y la participación política responsable de los jóvenes.

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