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Por: Juan Ventura López

El abuso y descontrolado consumo de alcohol, causa mucho dolor, debido al daño físico, mental y social, que le provoca no solo a ella, sino a toda su familia y a la misma sociedad.

El alcoholismo, es una adhesión que crea una fuerte necesidad y angustia de beber alcohol, de forma que existe una subordinación física y psicológica de la misma persona, manifestándose a través de varios síndromes de abstinencia cuando no es posible su absorción.

El alcohólico no tiene control sobre los fines de su utilización, que van incrementando a medida que se desarrolla tolerancia a esta sustancia.

Se considera como una enfermedad crónica, que va en aumento y puede llegar hasta la muerte.

Según estudios realizados por expertos en el tema, puede resultar de una tendencia hereditaria, una afección mental o la influencia negativa del entorno social, que impulsa a un consumo de alcohol, abundante, sostenido y abusivo.

En varios municipios del departamento de Quiché, tanto en las áreas urbanas como rurales, he observado una alta incidencia de este problema social, mayoritariamente en jóvenes, lo cual es preocupante porque sus aspiraciones y expectativas propias de esa etapa de la vida, se ven truncadas, porque no logran resolver su dependencia. En lugar de estudiar y prepararse para un futuro, pierden sus talentos y capacidades en el alcoholismo.

Los medios de comunicación y redes sociales, juegan un papel determinante en la difusión y promoción de las emociones y sensaciones de ‘supuesto bienestar’, que  producen las bebidas alcohólicas, lo cual mantiene e incrementa los niveles de consumo y dependencia en una población que como la nuestra, la cual de por sí está predispuesta, dado a que tiene muchos problemas y conflictos no resueltos.

Existen varios factores que impulsan al consumo y abuso de alcohol, entre ellos está la desintegración familiar, que dadas las precarias condiciones de vida y pocas oportunidades, muchos padres de familia migran hacia otros lugares (especialmente a los Estados Unidos), lo cual ocasiona que los hijos, ante la ausencia paterna, traten de suplir la misma en su integración a grupos de otros jóvenes o adultos, quienes los inducen a consumir sustancias adictivas como alcohol. Asimismo, el inadecuado manejo y transformación de los conflictos personales y sociales, puede tener como consecuencia el considerar descargar las emociones negativas, bebiendo.

Con relación al vínculo entre la herencia genética y el alcoholismo, Mauricio Buitrago, entre otros, propone que este vínculo podría contribuir hasta en un 50% en dicho fenómeno, complementándose entonces con el factor psicológico y el social, por lo cual se establece que el alcoholismo es un problema psicobiosocial.

Existen varias propuestas para que el enfermo alcohólico pueda recuperarse, entre ellas, la terapia de grupo, que significa el esfuerzo que hacen los grupos de personas que han decidido dejar de beber, como los  “Alcohólicos Anónimos”, sin embargo, como ellos lo establecen, la primera y  básica condición a que dicho esfuerzo funcione, es que tenga el deseo de dejar la bebida y reconocer que por sí mismo ya no es capaz de hacerlo.

Se concluye que el alcoholismo afecta negativamente a la persona, a la familia y a la sociedad en su conjunto; y en varios ámbitos como la salud, la economía, la educación (el alcoholismo es una práctica que tiende a reproducirse y replicarse), las relaciones interpersonales y familiares, entre otros.

Asimismo, el alcoholismo se considera como un problema de salud pública, ya que tiene relación directa con más de 60 condiciones, entre las cuales se pueden mencionar: consumo excesivo durante el embarazo y que afecta al feto, lesiones intencionales, enfermedades hepáticas, condiciones neuropsiquiátricas, cardiovasculares y cancerígenas. Así también tiene relación con otros eventos que se están incrementando: enfermedades sociales y mentales, violencia intrafamiliar, la morbilidad y mortalidad por accidentes de tránsito, el suicidio, el ausentismo laboral y escolar, etc.

¿Qué puedo hacer para prevenir el alcoholismo?

  • Evito a las personas con las que normalmente bebería y los lugares donde lo haría.
  • Planeo actividades que disfruto y que no implican beber.
  • Mantengo el alcohol fuera de mi hogar, con ello, mis hijos aprenden a que el alcohol no forma parte de las bebidas del hogar.
  • Mantengo una agenda que significa estar ocupado las 24 horas del día (incluyo el descanso, como parte esencial y necesaria).
  • Trato de manejar y transformar mis conflictos personales, familiares y sociales, a través de la práctica de una cultura de paz y del diálogo.

La tarea es de todos, estar consciente y consecuente de ello, implica ya tener una ventaja desarrollada, con esto aseguro mi contribución social.

 

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