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Karen Barrera*/ Opinión/

*En colaboración con Luis Ruiz. 

En Guatemala, la agricultura representa uno de los sectores productivos más importantes e influyentes. Se calcula que cerca del 60% de la población rural depende directa e indirectamente de dicha actividad para su subsistencia. Según el Instituto Nacional de Estadística (INE), la agricultura representó el principal sector empleador para los años 2011 y 2013 con el 37.6% y 30.9% de la Población Económicamente Activa (PEA). Esto a pesar de la reducción en la participación del Producto Interno Bruto Agrícola (PIBA) en el Producto Interno Bruto (PIB) a nivel mundial.

Según el Ministerio de Agricultura, Ganadería y Alimentación (MAGA), en el periodo 2007-2011, el cultivo de maíz generó 200,000 empleos permanentes, luego se situó el café con 95,000 empleos permanentes anuales, la caña de azúcar generó de 78,627 a 85,147 empleos y el cultivo de frijol creó aproximadamente 54,000 empleos permanentes. Sin duda alguna, la agricultura es una actividad económica importante para el país, ante esto es necesario mencionar que cerca del 90% de los agricultores son de infra-subsistencia (poseen menos de una manzana de tierra y necesitan emplearse fuera de su tierra la mayor parte del año) y subsistencia (los que poseen de una a diez manzanas, necesitan emplearse fuera de su tierra una parte del año), los cuales cultivan en su mayoría maíz y frijol en época lluviosa para alimentar a su familia el resto del año.

La agricultura a pequeña escala a menudo es la principal afectada por condiciones climáticas, esto tiene lugar debido a que el proceso productivo de maíz y frijol se desarrolla aún en áreas marginales. Toda la producción es a secano y los cultivos se tornan altamente vulnerables debido a la falta de acceso a algún tipo de tecnología (para riego por ejemplo). Todo lo anterior trae consigo diversas consecuencias, tales como aumento de pobreza por la disminución de ingresos económicos y acrecimiento en la desnutrición debido a la falta de alimentos.

Por tanto, es aquí donde se hace importante el tema del acceso a tecnificación agrícola.

La tecnificación agrícola consiste en el empleo de nuevas tecnologías: arado, riego, productos agroquímicos, etc.  Estas permiten el uso eficiente de los recursos naturales y aumentan la producción; es algo fundamental para la economía ya que se logran procesos más eficientes y maximizan la producción. En Guatemala la tecnificación agrícola está limitada en la mayor parte a los productos agrícolas de exportación, el banano, café, azúcar, palma de aceite, etc. Pocas veces los pequeños agricultores acceden a tecnología para mejorar sus producciones, los cual conlleva a un fallo de mercado.

 

¿Por qué un fallo de mercado?

Es un fallo de mercado debido a que su producción es menor a la óptima para los recursos empleados. Esto se convierte en una amenaza para los agricultores de subsistencia ya que la economía, a través de su “mano invisible”, se encargara de asignar los recursos a quien tenga la capacidad de optimizar y hacer eficiente su empleo.

 

Para lograr captar la esencia de lo expuesto en el párrafo anterior es necesario ejemplificar la realidad de un pequeño grupo de agricultores de subsistencia y la relación con ellos. Hace unos meses emprendimos con unos compañeros una producción de hortalizas en el departamento de Chimaltenango. Este se caracteriza por producir la mayoría de las hortalizas consumidas en el país, sus planicies de origen volcánico son tierras ricas en nutrientes e idóneas para este tipo de producción. Gran número de cooperativas agrícolas se desarrollan en la región, estas son exitosas y tienen complejos sistemas de transporte y comercialización de su producción. Lastimosamente en la actualidad gran parte de los suelos del departamento de Chimaltenango se encuentran degradados debido a la producción intensiva que se ha desarrollado, no existen periodos de reposo para los suelos, no se cuentan con programas de rotación de cultivos y la producción es agricultura convencional. No existe capacitación de los productores acerca el uso racional de agroquímicos.

Al iniciar con la producción en el terreno de Chimaltenango nos enfrentamos con lo que se considera la mayor limitante para los agricultores de subsistencia: el riegoContar con acceso al agua no es una realidad que todos los guatemaltecos comparten. Los sistemas de riego son la base de la tecnificación agrícola, un sistema de riego permite al agricultor incursionar en productos de mayor valor y permite producir durante todo el año sin tener que depender de las lluvias. Sin sistemas de riego, la mayoría de productores se limitan a la producción del sistema milpa (frijol, maíz, ayote), esto condena al agricultor a subsistir y no generar valor agregado que lo extraiga de la pobreza.

Actualmente se considera al sistema milpa del país como un hecho cultural y se piensa que cambiar esto atenta a la perpetuidad de la misma. A menudo se cree que el pequeño agricultor que cuenta con maíz y frijol tiene suficientes carbohidratos y proteínas, sin embargo el aporte nutricional de estos cultivos es bajo, por ende una dieta a base de estos induce al agricultor y a su familia a la desnutrición.

A modo de historia:

El sistema para la milpa en la época prehispánica no era un monocultivo como actualmente es, los mayas contaban con complejos sistemas de irrigación, los cuales permitían sistemas de producción diversificados, ejemplo de ello es Kaminaljuyú  donde del Lago Miraflores corrían canales de irrigación que llegaban a parcelas con sistemas agroforestales (milpa, chile, tomate, papa, aguacate, cacao, etc.) y producción de proteína animal. Esto demuestra la manera en que el acceso a sistemas de riego permite la producción eficiente y diversificada.

Continuando con el ejemplo, al encontrar la limitante de acceso de agua en el terreno de Chimaltenango, se decidió realizar un pozo. El pozo representa una inversión aproximada de Q12,000.00, pero antes de tomar la decisión se hizo una reunión con los productores alrededor de la parcela para exponerles la idea de hacer un pozo mecánico comunal, donde a través de una cuot,a todos los interesados se convierten en  inversionistas y tienen derecho a utilizar agua. Todos rechazaron la idea sin mayor meditación, esto debido a que años atrás el Gobierno había llegado y elaborado un pozo mecánico y este fracasó a causa del mal diseño y empleo del mismo. En tanto, es difícil que ellos vuelvan a confiar en un proyecto de ese tipo.

Una vez rechazada la idea de un pozo común el juego económico se evidenció, la realidad agrícola y la forma de tenencia de la tierra del país se manifestó.

La “mano invisible” del mercado se encargó de distribuir los recursos a quien tenía la capacidad de emplearlos eficientemente. Esto debido a que nosotros con capital realizamos el pozo y a nuestro alrededor existen 3 terrenos que pertenecen a familias distintas y quienes producen milpa por no contar con acceso a riego. Se tuvo acercamiento con cada uno de los dueños de los terrenos aledaños y se les ofreció tomar los terrenos en alquiler. El precio del alquiler es un poco mayor al costo de oportunidad de sembrar y cosechar unos quintales de maíz y frijol, no mayor a un par de miles de quetzales al año. Con ese dinero el propietario podrá comprar la misma cantidad de maíz y frijol o algo distinto sin tener él que trabajar el suelo, nosotros en cambio con sus terrenos y con el acceso a tecnificación podremos producir lo suficiente para pagar el alquiler y generar utilidades.

De la misma manera es como algunas empresas se hacen de grandes extensiones de tierra en el país, estas pagan un alquiler o compran la tierra a pequeños agricultores quienes se encuentran limitados y no tiene acceso a tecnificación, lo cual permitiría salir de su sistema de subsistencia a un sistema productivo. En este punto entregar sus tierras, su mayor medio de producción, se convierte en mejor opción que continuar ellos con la producción.

El acceso a la tecnificación agrícola permite a los pequeños agricultores migrar de sistemas de producción de subsistencia hacia sistemas productivos de valor agregado, esto consiste en una estrategia para el desarrollo rural, ya que permite al agricultor continuar en sus tierras, producir en ellas utilidades al diversificar su producción. Además fomenta la seguridad alimentaria al no depender únicamente de un par de alimentos los cuales se producen durante unos meses del año, sino que tiene la capacidad de producir durante todo el año y diferentes alimentos con valores nutricionales distintos.

Dependerá de los comunitarios, del gobierno y sus entidades relacionadas con el tema y organizaciones civiles el unirse en un plan de desarrollo, el cual tenga como objetivo brindar acceso a los pequeños productores a tecnificación, con el fin de migrar la producción de subsistencia a una producción económicamente rentable. Esto podría suponer una reducción de la desnutrición, aumento en los ingresos de las familias, soberanía comunitaria sobre sus territorios, reducción de la migración y reducción de impactos ambientales.

Fuente de consulta: Perfil del Agro y la Ruralidad de Guatemala 2014: Situación actual y tendencias. IARNA-IICA.

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