By José Andrés Franco
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Esta crisis llego para exponer, de una forma más clara, los problemas de la educación en el país. Está la constante pregunta sobre que pasará con los estudiantes de todo el país, de escuelas e institutos públicos, debido a que no tienen los recursos para continuar de forma digital. A esto hay que agregar a los estudiantes universitarios de todo el país.

La mayoría de las autoridades de las universidades, han expresado su compromiso para continuar con las actividades en diferentes herramientas digitales y expresan su constante invitación a los catedráticos de todas las carreras a buscar formas de adaptar su contenido y continuar con las clases.

Sin embargo, muchos estudiantes están haciendo su esfuerzo para continuar su carrera en este tipo modalidades pero, se encuentran con una serie de problemas y actitudes, producto de problemas que se han presentado desde varios años.

Los estudiantes universitarios se están topando con catedráticos que desde la forma tan imprevista y disruptiva de esta crisis, buscan aprovechar las herramientas disponibles para brindar su contenido. Pero, también se están topando con catedráticos que no están mostrando preocupación por mejorar o adaptar su contenido y solo están repitiendo las actitudes que los caracterizaban en los salones de clase, actitudes que los estudiantes constantemente criticaban.

Desde catedráticos que planifican sus clases, que buscaron adaptarse a la situación antes de que la situación se prolongara más de lo pensado, aprendiendo nuevas herramientas. Y están aquellos que dejan clases en notas de voz en whatsapp.

Los problemas con este segundo tipo de catedráticos no se suscitaron en esta crisis, son actitudes que vienen desde años y que han recibido numerosas críticas por parte de los estudiantes. Son catedráticos que siempre han demostrado su poco o nulo interés de seguir aprendiendo y mejorando y que por razones inexplicables (que son totalmente explicables), continúan en los mismos cursos. Siguen con actitudes y contenidos desactualizados y poco útiles en la vida profesional.

La educación es un compromiso constante, sobre todo en un país donde esta es limitada y enfocada para ciertos sectores de la población.

El futuro de la educación universitaria no depende solamente de la cantidad de alcohol el gel que se ponga en los pasillos, en los paneles de plástico en cada escritorio para proteger a los alumnos o en cuántas veces se desinfecten los salones después de cada clase. La educación universitaria dependerá de la capacidad de aquellos que se comprometen a enseñar, para actualizar su contenido, para aprovechar las herramientas a su disposición y apoyar a los estudiantes que les apasione su carrera. Ojalá, estas deficiencias y este tipo de actitudes sean más claras y que lleve a tomar cartas en el asunto por parte de las autoridades, que sea punto de inflexión para muchas carreras, sobre la calidad educativa.

Continuar y llegar a terminar la educación superior en este país, es un camino difícil, cuesta arriba, llena de sacrificios y sueños por cumplir. Si ya es un reto, porque hacerlo aún más difícil, porque no percatarse que antes de estar en enseñanza, también recorrieron el mismo camino, lleno de actitudes que los invitaban a rendirse.

Como se mencionó anteriormente, la educación es un compromiso que no se puede tomar a la ligera.

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Estudiante de la Licenciatura en Ciencia Política en la Universidad Rafael Landivar, me considero inesperadamente diferente y no me gustan las limitaciones que evitan expresarnos. Me gusta vivir para aprender y aprender para vivir.

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