niño hacia arriba

José Alberto Barrera/ Opinión/

Dedicado a Carlos Guzmán Böckler

Creo fuertemente que la esperanza es el arma de la revolución. No creo que exista alguien que, cuando se le pregunte, diga rotundamente que Guatemala está completamente bien y que no es necesario impulsar medidas dirigidas a garantizar el goce de los derechos humanos a todos los guatemaltecos. En todas las personas existe esa espinita, a veces mínima o en ocasiones “irrelevante”, pero existe.

Hay cosas que son de muchísima importancia que se deben tomar en cuenta por el poder que tienen para fortalecer la esperanza. Un clarísimo ejemplo lo da Sergio Ponce Contreras, en el video en que sale compartiendo un pedazo de pollo a muchas personas de la zona 1 sin hogar; PrensaLibre publicó a los pocos días una nota sobre la sensación que provocó ese video. Un espacio en la portada y la primera página de la edición no está nada mal… el poder que tiene esa cobertura es muy fuerte, un excelente ejercicio sería mantener ese poder muy presente e insistente en nuestra conciencia.

La esperanza es lo que mantiene vivo el deseo de ser protagonista de una realidad mejor. ¿Qué otra cosa más satisfactoria que esa?

No es necesario mencionar la basura de noticias que nos golpean todos los días. Es necesario hacer énfasis en que existen dos caras de la moneda y la que más contribuye a la construcción de una sociedad más incluyente y pacífica, es la que debe estar presente en nuestro consciente e inconsciente. Ambos son muy importantes, creo que el más delicado -y difícil de controlar- es el inconsciente. A veces una pequeña e inofensiva broma contiene un mensaje subliminal cargadísimo de pesimismo. “Jajaja pero igual, ¿qué se puede hacer?”, “Es que así son las cosas”, “Jajaja pero en Guatemala….” [1]. Qué asco escuchar eso. Lo peor es que muchos quieren un cambio y no se dan cuenta que lo que hacen es destruirlo desde sus cimientos: la esperanza[2].

Hay un montón de cosas que suceden en el cerebro de cada persona, muchas de ellas relacionadas con el mínimo deseo de vivir mejor. Si una persona hace el trabajo de procesar ideas y descifrar el lenguaje por medio del cual las va a transmitir, ¿por qué gastar saliva y pensamientos en este tipo de inconscientes?

La esperanza se alimenta, en parte, de los resultados que se obtienen. ¿Quieren resultados? Cito algunos[3]:

1. Protestas estudiantiles en Chile, 2011: Una de las protestas que más me ha llamado la atención desde su inicio. Más que todo por la creatividad en la forma de transmitir su mensaje. La famosa besatón, el baile de zombies y la carrera alrededor de La Moneda son claros ejemplos. Resultado: Reformas en políticas de educación pública.

2. Movimiento Yo Soy 132, 2012: Un verdadero ejemplo de unión y convicción, a unos cuantos kilómetros de acá. Resultados: participación activa y propositiva de jóvenes en las elecciones generales de 2012.

4. Primavera árabe, 2011-2013: A pesar de que existen unos casos en los que lamentablemente no se consiguió el objetivo esperado, es importante resaltar cómo inició y las buenas formas en las que se consiguieron los resultados. El incansable deseo de vivir en democracia y la reivindicación de las mujeres en la sociedad árabe, fueron los motores de las manifestaciones. Si bien hubo hechos lamentables, la moneda siempre tiene dos lados y no hay que olvidar la esperanza que generó la caída de regímenes autoritarios y la posterior apertura al diálogo democrático.

5. Gran marcha a Washington, 1963: En la que Martin Luther King pronunció su famoso discurso “I have a dream”. Ese discurso es esperanza pura. Resultado: Aprobación de la Ley de Derechos Civiles en Estados Unidos.

6. Indignación por redes sociales, 2014: Seguramente los que están leyendo todo esto se enteraron también del montón de denuncias que surgieron a partir de que un par de videos se hicieron virales en redes sociales. El plagio de Baldizón, los “cuates” que manejaron en la ciclovía y lo del maltrato animal son algunos ejemplos. Resultado: Cada uno tuvo un resultado diferente, pero al final de cuentas yo creo que el efecto positivo de la indignación ya lo experimentó cada persona al compartir y denunciar. Ojalá se siga a este ritmo y así poco a poco nos involucremos más en nuestra realidad no solo para conocerla sino para formarla.

La esperanza es el arma de la revolución, nos da convicción y disciplina, nos mantiene despiertos y, en mi caso, me mantiene bien picado.

“La vista es la función de los ojos, pero la visión es la función del corazón”. Helen Keller.

 

pl

Recomendación final: Con este tema siempre me quedo bien picado y hay tantas buenas canciones que lo tratan que no puedo escoger solo una:

1. Revolución en Estéreo de Cultura Profética (Hay bastantes líneas de la canción que vale la pena tomar en cuenta, para mí las más importantes son dos: “que la canción es corazón de una masa que grita, canta y se agita cuando entona su razón, provoca conexión, movilización, música incallable: una revolución”, “y ve pasión de la conexión que existe con las luchas en otros países, donde la revolución insiste”).

2. Fuera de la atmósfera del cráneo de Calle 13 (Un mundo más flexible, donde todos llegaremos cuando hagamos lo imposible. Al final las mejores ideas aparecen cuando uno está fuera de la atmósfera del cráneo, buen viaje).

Puede ser que buscar y encontrar las buenas noticias sea difícil pero es más difícil mantenerlas presentes y aprovechar el enorme poder que guardan. Es por eso que dentro del pesimismo y la negación, este ejercicio pareciera ser la solución.

 

 

 


[1] Hace poco estaba leyendo El hombre light de Enrique Rojas y menciona estas conductas como una forma de escape de la realidad para evitar el sufrimiento y conservar un estado de continuo placer (pág. 14).

[2] El Santo Papa Juan Pablo II y muchos otros pensadores en la historia han coincidido en que antes de que exista una revolución, esta debe existir en los corazones de cada persona. Salir de la masa y construirse a uno mismo para luego pensar en metas más altruistas.

[3] Encontré otras manifestaciones pacíficas en el mundo de las que vale la pena enterarse.

Compartir