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Ramona Floridalma Mazariegos Vásquez/ San Andrés Xecul, Totonicapán/

La ética en la política son los principios y valores que practica un individuo en la toma de decisiones para lograr objetivos que contribuyan al bien común de una determinada nación. Así, la ética no sólo implica las “buenas maneras” con las que basta ser muy educado, puntual, cortés. La ética tiene un sentido mucho más profundo en la que rigen varias normas y valores importantes en la vida humana, como lo son: la obligación, la moral, la virtud, la justicia, la buena beneficencia. El comportamiento ético es lo que llamamos también, rectitud.

Muchas veces olvidamos que la política es el arte del buen gobierno y los políticos son los responsables de llevarlo a buen fin. Gobernar no es ocupar cargos públicos, sino dirigir todos los esfuerzos hacia un mejoramiento colectivo, tanto económico, social, cultural, educativo, como de libertades.

Sin embargo, esto se ha perdido en nuestro país por tener intereses personales y por ver las cosas sólo de la manera que más nos conviene; en donde la política ha dejado de ser el arte de buscar lo mejor para los ciudadanos en la base de la justicia para convertirse en una empresa privada con el fin de favorecer a los propios y perjudicar a los contrarios. Para muchos, la política u obtener el poder, es la mejor manera de prosperar o llegar a ser alguien importante.

Es grave que los representantes de cada  pueblo o país, vivan a espaldas de él, porque lo que está en juego es nuestra vida, tanto nuestro presente como nuestro futuro.

Al estar habitando en un sistema capitalista, nuestro país se encuentra en crisis: el alto índice de manifestaciones a raíz de varias problemáticas que padecemos todos los guatemaltecos, la falta de interés y atención hacia la juventud que es el presente y esperanza de nuestra patria – siendo la juventud indígena es la más afectada-, o la impunidad que afecta a personas que luchan por un país diferente. Esto se ha venido dando desde hace varios años por parte de los gobiernos anteriores, formado un círculo vicioso. Las consecuencias se reflejan en la falta de confianza hacia nuestros gobernantes, la corrupción, la violencia, pobreza y desnutrición. La pérdida de ética en cada individuo hace que cada vez mas seamos injustos e irresponsables de nuestros actos.

La ética nos enseña a ejercer la libertad de cada ser humano con mayor responsabilidad y si en verdad practicamos valores y damos el  verdadero valor a las normas, forjaremos un cambio en nuestro país. Debemos ser capaces de tomar decisiones y de rectificar cuando es necesario, ser coherentes con nosotros mismos entre lo que decimos y lo que hacemos. Recordemos que la única vía para recuperar y cambiar nuestras normas políticas es: la ética.

Cintillo PLJ

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