Mayarí Mazariegos / Corresponsal / Reseña

Aracely nació una cálida tarde del 8 de enero de 1970 en una humilde cama cubierta de plástico, a manos de una comadrona llamada Doña Julita, que por la módica suma de cinco quetzales ayudó a cortar el cordón umbilical con unas tijeras de costura más o menos desinfectadas con un poco de alcohol. Al cumplir los cinco años de edad no tenía idea de lo que era leer o escribir, pero ya era toda una maestra en el arte del torteado. “Es esa amenaza a quemarse las manos lo que hace que una niña aprenda a tortear rápido, por eso cuando una tortilla les sale mal, les pongo las manos en el comal un ratito, así aprenden más rápido”, solía decir siempre su mamá a las vecinas para recomendarles qué hacer para que sus hijas también aprendieran bien y rápido el oficio.

Aracely, a diferencia de muchas de las niñas de la Aldea las Pilas Retalhuleu , acudió a la escuela y aprendió a leer y a escribir. Con dificultad terminó la primaria, debido a que siempre volvía a casa a ayudar a su familia con la limpieza, la cocina y el torteado, ¡no solía ni tener tiempo para buscar un buen novio!

A la edad de 15 años Aracely decidió emigrar a la ciudad de Guatemala, con el propósito de trabajar en una casa y con esfuerzo estudiar los domingos en algún instituto plan fin de semana de la zona uno, ya que en su pueblo, las niñas solo estudiaban la primaria y luego se dedicaban al hogar y las ventas en el mercado.  Así fue como a los 20 años logró su sueño de graduarse de secretaria bilingüe aunque por la calidad del colegio Yulimay PC , de bilingüe no tenía ni la palabra…. Sin embargo el título le permitió buscar un mejor empleo y trabajar en un almacén de la zona uno como cajera.

Justamente en este almacén de productos plásticos, conoció a quién sería su futuro esposo, un bodeguero que se enamoró de ella en cuanto la vio caminando por la zona uno. Cabe mencionar que Aracely era muy atractiva, una esbelta mujer de mediana estatura, largo cabello negro azabache y profundos ojos marrones.

Aracely procreó con Marco Antonio tres hermosas hijas; fue entonces cuando él decidió probar suerte en Estados Unidos, ya que por más que trabajara no podía ganar lo suficiente para su familia. Con ayuda de un coyote y a cambio de unos miles de quetzales, logró llegar a la ciudad de Los Ángeles, logrando conseguir ingresos para enviar a su amada esposa e hijas.

Aracely tras años de mucho esfuerzo, trabajo y un gran deseo de superación, logró comprar una casa propia en la Colonia el Milagro zona 19, aunque tuvo unos percances cuando la constructora trató de engañarla para quitarle la casa (ya pagada).  Como era inteligente, no se dejó y buscó ayuda legal en un bufete popular donde se le brindó orientación legal gratuita.  No volvieron a molestarla, aunque escuchó que a algunos vecinos les habían quitado sus casas ya pagadas… “A saber como sería esa mafia” le comentaba Aracely a sus vecinos.

Gracias a su esfuerzo y tenacidad, Aracely sacaba adelante a sus tres niñas, las cuales iban a la escuela y ya una habían comenzado la primaria. “Seguramente ellas no solo serán secretarias, sino que serán abogadas, doctoras, ingenieras o arquitectas; ¡lograrán mucho más de lo que logre yo! – pensaba siempre entusiasmada.

El 15 de septiembre del 2009, como era costumbre familiar, decidieron ir a zona uno a disfrutar de los desfiles de la fecha y celebrar el orgullo de ser guatemalteca. A las cinco de la tarde tomaron el bus que las llevaría de regreso a su hogar….

El 16 de septiembre del 2009 aparece un pequeño artículo en el periódico.

Se anuncia escuetamente un atentado contra un bus urbano, como siempre… delincuentes que a causa de extorsiones buscaban asesinar a un chofer que “estúpidamente” se negaba a ser víctima y pagar su “impuesto”. A pocos le sorprendió la noticia. Al fin de cuentas, ¿qué más da otro mísero bus atacado por extorsionistas? ¡Además tenemos muy poco chance de que nos pase a nosotros! ¡¿Acaso usamos muy seguido el transporte público?!

Una mujer de mediana edad comentó al leer la noticia…..

Deberían dejar de publicar este tipo de noticias tan desagradables y repetitivas que ya a nadie sorprenden.
Al fin de al cabo no fue gran cosa… solo mataron a un chofer más y de paso una bala perdida que le dio a una mujer de unos treinta años que viajaba junto a tres niñas…

Tres niñas que seguro no llegarán ni a secretarias… mucho menos a abogadas, doctoras o arquitectas.

Fotografía: http://www.flickr.com/photos/s-a-m/  Creative Commons

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