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Alexandra Domínguez / Opinión /

Guatemala ha tenido sucesos imprescindibles, en cuatro meses ha logrado lo que otros países han luchado por años. El privilegio del acceso a información ha logrado que muchos tomaran coraje y fuerza para sumarse al rechazo de corrupción, lo cual constituye cada vez condiciones más críticas para el ejercicio de la ciudadanía, especialmente por el impacto que ejercen las masas. En esta dirección más personas buscan informarse de lo que sucede y emitir criterio propio. La construcción de una democracia aún está empezando a florecer. La renuncia de la Ex vicepresidenta y el Ex Presidente han sido logros eminentes para que la ciudadanía entienda lo que realidad implica hacer política y el empoderamiento de los mismos, ya que siempre se ha tenido un criterio erróneo de lo que es y que la política no se ejerce de manera eficiente si la ciudadanía no participa y abandona también el cargo de moderador. Se ha logrado un sentido de pertenencia a la comunidad política, que antes la mayoría se consideraba a-política. Ser un ejemplo mundial ha sido un gran logro y nos alaga siempre los comentarios positivos en la red pero hemos olvidado algo.

En Roma siempre el pueblo pedía sangre, júbilo por la cabeza del esclavo en el Coliseo, el pan y circo de los romanos. El amarillismo y el morbo de las personas enfermaban a una sociedad. En la actualidad no se aleja de la realidad, necesitamos ver una imagen de un niño sirio varado en la playa para reaccionar ante la crisis internacional de migración que ha llegado a los límites. Como sociedad siempre requerimos de sangre derramada y aunque en Guatemala no se derramó ni una sola gota en las manifestaciones pacíficas, ¿cuántas víctimas de la delincuencia murieron a balazos, acuchillados, mutilados, desangrados etc.? ¿Cuánta gente murió en los hospitales a falta de insumos que el Estado ineficiente no pudo comprar para cumplir con su obligación de velar por el bienestar común? Tal vez no se vio en escala mundial como lloraba sangre el país, de tal manera que el guatemalteco sufrió de indiferencia por muchos años. Una sociedad calla, duerme sin recámara, le llueve sobre mojado, viaja a pie, come aire y respira comida. Por el mismo hecho que la sociedad se cansó de este sistema ineficiente, salimos a las calles a demandar nuestros derechos. Pero siempre existe esa necesidad de ver sangre en forma hipotética, me refiero a que nos alegra que los funcionarios estén sufriendo y queremos que paguen de la peor manera posible. Me pregunto, ¿Es este el mismo clamor que se escuchaba en el Coliseo cuando la inauguración duró 100 días y en celebración se realizaba ejecuciones en público y decenas de gladiadores y fieras dieron su vida por el placer y el espectáculo del pueblo?

¿Cuál es el costo de la inauguración de una nueva democracia? La justicia.

Pero espero que no se confundan mis deseos de justicia con la del sufrimiento de un funcionario, que no se confundan mis ganas de salir a la plaza a gritar ¡corruptos! por noticias de los medios que a veces solo quieren alborotar y crear disturbios. Que no se confundan mis esperanzas de cambiar el mundo con las de un político demagogo.

Estamos abriendo las puertas de la libertad, está siendo celebrada con cohetillos, los sectores sociales se integran de una mejor manera y se respira un aire diferente. Una incipiente sociedad que empieza a valorar la unión de un pueblo que debe seguir adelante, no debe ser subjetivo que es la manera de dejarse llevar por sentimientos y pasiones esporádicas. Incito a que esta pasión que sentimos por nuestro país sea eterna. No permitamos de nuevo que una revolución del 44 sólo haya sido historia por un momento y un cambio por un segundo, porque esperamos 60 años para que volviéramos a salir a las calles. No dejemos que el sistema corrompido se vuelva a acomodar en la sociedad o mejor dicho, que la sociedad se vuelva a acomodar en el sistema. Tracemos la dirección hacia un nuevo comienzo y dejemos de vacilar en el sufrimiento de los demás, dejemos a un lado la ausencia de herramientas cognitivas y conjuntos de conceptos alusivos sobre la política. La regeneración y empoderamiento de un diálogo democrático está a un paso de nosotros, la oportunidad para profundizar el cambio está a la vuelta de la indiferencia y la institucionalidad esperando a ser reconstruida con tu participación.

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