By Brújula
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corte

Ilustración: Andrea Godínez

Guatemala, 12 de febrero de 2016

Esta carta va dirigida a las mujeres que se atrevieron a dar a conocer un grave delito que atenta contra la integridad de cualquier persona y a recordar momentos dolorosos con la esperanza de que se haga justicia. Nosotros, estudiantes de Relaciones Internacionales de la Universidad Rafael Landívar queremos mostrar nuestro incondicional apoyo debido a que tuvimos la oportunidad de conocer su historia acerca de su valentía, a través de estos 32 años.

Así mismo, queremos expresar nuestra admiración hacia la difícil lucha que recién acaba de comenzar y que ustedes decidieron emprender para defender sus derechos como mujeres guatemaltecas y poner un fin a una larga historia en donde rige la corrupción. Por ello, las incitamos a que sigan luchando, a que no se rindan y que le demuestren a todo el país que podemos recuperar la fe en el sistema de justicia guatemalteco y evitar que esto repercuta en futuras generaciones. Recuerden que no están solas, porque todavía existen personas que creen en la justicia y las apoyarán a través de este largo trayecto que les falta por recorrer.

Queremos hacerles saber que estamos con ustedes, y les agradecemos por romper con el miedo y hacernos ver la realidad de las mujeres guatemaltecas, una realidad que se pretende ocultar pero que vivimos día con día, una realidad a la que debemos enfrentarnos para ser libres. Su caso es una verdadera motivación, el cual nos incita a construir una realidad distinta para todas las mujeres, porque el abuso nos aqueja y es nuestro deber demostrarles que no verán más mujeres sumisas y con la mirada baja, sino que verán a mujeres como ustedes, con la osadía de enfrentarse ante el sistema, recordar el dolor y hablar con la verdad.

Esta lucha no terminará con el juicio, sino que continuará con cada uno de nosotros, porque es un proceso del que todos y todas somos parte, el cual requiere esfuerzo y un verdadero cambio en la sociedad, porque es deber de todos construir un país distinto, en el que se respete a las mujeres y se haga justicia por igual, en donde el miedo y el abuso no imperen, un país en el que no se busque tapar el sol con un dedo, sino en el que se trate de sanar las heridas y se vele por cumplir verdaderamente los derechos. Juzgar a los responsables es necesario, aunque sabemos que no borrará el pasado y jamás será suficiente.

 Atentamente,

 Delmy Lemus Reyes y Eunice Lemus Castañeda

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