By Alexander López
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Alexander López / Opinión /

Migración, el tema de moda que ha existido desde hace más de 2000 años atrás, e incluso desde inicios de la evolución del hombre. La migración no sólo se trata de un tema sociopolítico en el que existe una movilización de personas de un país hacia otro, también se trata de una movilización de seres humanos con una carga alta de temor, incertidumbre, preocupación, ansiedad, precariedad económica y tristeza, entre otras cosas.

La migración se representa no solamente a través de aquellos movimientos sociales masivos como el ejemplo del éxodo sirio e iraquí a Europa –quienes huyen para la integridad propia y de sus hijos- o como los latinos quienes emigran a Estados Unidos a conseguir oportunidades de trabajo y desarrollo económico, sino también a través de aquellos grupos o individuos que no obstante salen de países desarrollados y se enfrentan a la lucha por sobrevivir en culturas distintas a las suyas –algunas con altos índices de violencia, corrupción, narcotráfico, inseguridad, etc.- como el caso de estudiantes, investigadores, voluntarios y trabajadores quienes deciden aportar humanamente al desarrollo de los países subdesarrollados.

¿Es una necesidad o es un placer viajar hacia otro país? Para muchos, lo primero; para muy pocos, lo segundo.

– ¿Por qué no te vas a otro país a estudiar? -le preguntaba a una amiga-.

“Me gustaría pero me da miedo estar sola” –responde-.

Tiene razón, viajar da miedo. Incluso para los que hemos viajado de forma legal a estudiar, conocer, trabajar o vivir en otro país, hemos pasado por las mismas circunstancias de inmigrantes –quizás sin el activador estresante de saberse indocumentado- en cuanto a la adaptación, apertura social y choque cultural que supone esta movilización.

Asimismo, para el entorno en el que me muevo quizás no sea tan difícil aceptar quedarse en el país. Sin embargo, para otras personas no es una opción, es una obligación. “Si no te vas para los Estados Unidos no encontrarás trabajo y no podrás hacer tu casita…” decían unas personas conocidas que se fueron de indocumentados hacia los Estados Unidos.

La migración no solo implica favorecerse del desarrollo económico del país anfitrión sino también una necesidad que obliga dejar bienes, hijos, familia, amigos, cultura y una posible pérdida de identidad en tierra donde usualmente no se respetan los derechos humanos –un precio muy alto por el cual pagar-.

No es lo mismo hablar de detener la migración y proponer soluciones viables cuando no se tiene la experiencia de haber vivido en carne propia las vicisitudes que esta conllevan.

La migración es un tema y hecho real que no afecta únicamente a los que emprenden el viaje, ya que afecta a toda una familia, sociedad y nación.

Y termino citando las palabras sencillas –pero con un gran peso moral, político y social- del Papa Francisco al llegar a Estados Unidos como: “Hijo de una familia de inmigrantes”, un llamado al exacerbo de muchos que se consideran “americanos” en una espacio de tierra conquistada y violentada por extranjeros. Este gesto del Papa reivindica la posición de los inmigrantes en países desarrollados y expande el mensaje de solidaridad respeto y acogimiento de los mismos, no sólo para América y Europa, sino para el mundo entero.

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