By Brújula
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Lenina García / Opinión

Hay una película macabra que no necesita ser anunciada en cartelera. Se proyecta cada día frente a nuestros ojos pero cada quien sigue su camino. Algunos creen que “la bestia” va a cambiar, que no es tan “grotesca”, como parece. Mientras tanto, la niña, calla, llora, muere en silencio. Esta es la historia de Madelyn Patricia Hernández Hernández, una de las víctimas del incendio del Hogar Seguro Virgen de la Asunción.

Una niña trabajadora: 

Conocí a Madelyn a finales del 2013. Mientras jugábamos con varios niños y niñas en nuestro Centro Educativo del Mercado la Terminal, ella apareció por la puerta del salón ofreciendo ropa de paca y cuando observó que los niños cortaban tiras de papel y hacían dibujos de colores, se entusiasmó por hacer lo mismo que ellos. El educador la invitó a pasar y a compartir con los demás niños. Ella se quedó solo un momento, porque con su hermana estaban trabajando. Luego le pregunté si estudiaban en algún lugar y me dijo que no. Entonces las invitamos a que se inscribieran en PENNAT para el año 2014 y ellas se mostraron felices. Antes de darme una respuesta afirmativa, me dijeron que tenía que hablar con su mamá para pedirle permiso, a lo cual accedí de inmediato.

Una niña huérfana:

-Y ¿dónde está tu mamá para que vayamos a hablar con ella?, le pregunté a Madelyn. -¡Ah! Ella está aquí nomás. Por aquí tiene su venta de ropa. Y así fue como caminamos entre los pasillos del Mercado hasta llegar a su puesto. Allí conocí a Doña María, quien tenía un semblante serio, producto de los embates de una realidad dura. Me presenté y le hablé sobre nuestra organización y la educación que brindamos a niños y niñas que trabajan. Al principio ella se mostró reticente, luego conforme fuimos hablando me contó que ella en realidad era la abuelita de Madelyn y que su mamá había sido asesinada por pandilleros. Su papá había desaparecido y nunca respondió por ellas. Ella era la única que se hacía cargo y por eso le decían “mamá”. Madelyn y su hermana trabajan vendiendo ropa para ayudarle con los gastos, ya que eran muy pobres. En años anteriores ellas habían estudiado en una escuela, pero las retiró porque no las trataban bien. Ya para finalizar me dijo: -“Yo quiero que las patojas vayan a la escuela, que tengan un mejor trabajo que el mío, que se superen”. Y con estas palabras aceptó que Madelyn y su hermana, Anyeli, fueran a PENNAT.

Una niña que se rebela:

Durante el año 2014 Madelyn y Anyeli estudiaron en PENNAT. Cada vez que llegaba de visita al Mercado, me daba tanta alegría verles. Saber que estaban aprendiendo y luchando por un futuro mejor. Madelyn era una niña curiosa, preguntaba por todo. Estaba iniciando la adolescencia y le entusiasmaban los chicos, conocer el mundo, romper reglas. También me di cuenta la forma tan cruel en la que les afectaba la pobreza. Había días en los que me pedían si tenía un quetzal para que compraran algo en la tienda o me contaban que solo comían dos veces al día.

En el 2015 el educador me compartió que Madelyn casi no estaba llegando a estudiar. Que su abuelita le platicaba que llegaba muy tarde a la casa y que algunos inquilinos le decían que la miraban vendiendo por los bares y cantinas. Cuando su abuelita le llamaba la atención, Madelyn se enojaba y le decía que ella no estaba haciendo nada malo. Y entre esas discusiones, Madelyn decidió entregarse a la policía y exigir que la separaran de su abuela, que ella no la trataba bien. Las autoridades al ver que Madelyn no tenía padres y las condiciones de pobreza en las que vivían, decidieron enviarla al Hogar Virgen de la Asunción. En el año 2016, por orden de juez también se retiró la custodia de Anyeli a la abuelita. A partir de allí no tendríamos noticias de ellas.

Una niña que muere:

Después del 8 de marzo de 2017, nuestra vida no sería la misma. La muerte de 41 niñas en el Hogar Virgen de la Asunción es una aberración que refleja el abandono en el cual se encuentra la niñez en nuestro país. Nuestro dolor aumentó al leer entre la lista de las víctimas a Madelyn, esa niña que había estudiado en PENNAT y que alguna vez soñó con ser doctora. Sentí rabia, impotencia, pensé ¿pudimos evitarlo? ¿quién es el verdadero responsable? ¿qué sigue ahora?

La niña y la bestia:

Ante la tragedia ocurrida en el Hogar Seguro, han surgido muchas posturas. Pero la que más me indigna es aquella en la que se culpabiliza a los padres de las niñas de lo sucedido. Esto me recuerda a la política de normalización de la contrainsurgencia, heredada del Conflicto Armado Interno, en la cual se ve al otro como un “enemigo interno” que debe ser exterminado. De esta manera el pueblo se ensaña contra la misma gente, sin darse cuenta del rostro real del problema.

La Bestia real que ha existido durante siglos y es “El sistema”. Ese sistema social, político y económico que rige a Guatemala, que no vela por los intereses de la gente, sino de una casta, de un grupo que se ha enquistado en el poder, mientras los otros se desangran.

Esa Bestia ha cooptado al Estado,  ha desfalcado su presupuesto, ha llevado al Gobierno a gente incapaz, sin ningún sentido de ética –¿Por qué Jimmy Morales mandó a custodiar el Hogar con policías, un día antes del incendio? ¿Por qué los monitores no abrieron la puerta, mientras las niñas se quemaban dentro?- La herencia de esos gobiernos ha sido engrosar los índices de pobreza, reducir la cobertura educativa, impulsar leyes a su antojo, reprimir, militarizar.

La niñez es el sector más vulnerable ante la Bestia, principalmente las niñas, condenadas a ser madres, a ser abusadas en la calle, en la casa, en la escuela, a ser invisibles. La Bestia atrapó a Madelyn. Ni su abuela, ni PENNAT, ni el Hogar Seguro pudieron salvarla, porque la realidad de pobreza y miseria creada por ese “sistema” es mucho más grande.

La Bestia no va a cambiar como en los cuentos de hadas. La vía, para convertir esta película de horror y transformarla en una historia de lucha permanente por la vida y por la justicia social, es la organización. Unidos y no divididos como pueblo, podemos hacer que este país -que aún no es- como diría Carolina Escobar Sarti, nazca entre las cenizas.

Imagen:Lenina García

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