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Por ASOCEM

La desnutrición infantil en Guatemala, es una problemática que aqueja a uno de cada dos niños menores de cinco años. A inicios de noviembre, el Sistema de Información Nacional de Seguridad Alimentaria y Nutricional (SIINSAN) de Guatemala, reportó 24,364 casos de desnutrición aguda. Con respecto al mismo mes del año anterior, se reportaron 14,216 casos, lo cual representa un incremento de 10,148 casos (71%). Cabe mencionar que la mayoría de los casos se presentaron en niños entre los 6 meses y 2 años; una edad clave para el desarrollo de la niñez. Por otro lado, según el último informe presentado por la Encuesta Nacional de Salud Materno Infantil (ENSMI) en el 2015, el 47% de los niños en Guatemala padecen de desnutrición crónica.

La corrupción, pobreza, desigualdad social y la falta de acceso y disponibilidad a alimentos y agua potable es lo que ha colocado a Guatemala como el primer país en América Latina y el sexto país del mundo con los peores índices de desnutrición infantil.

El daño al desarrollo cognitivo y físico durante los primeros dos años de vida, causado por la desnutrición, es irreversible. Esto conduce a un menor rendimiento escolar y en muchos casos a la deserción, lo que en un futuro se traduce como menos oportunidades laborales e ingresos; de ahí que la desnutrición infantil logra perpetuar el ciclo de la pobreza. Sumado a esto, suponiendo que nuestros niños sobreviven, les espera una vida adulta con un mayor riesgo de desarrollar enfermedades cardiovasculares, diabetes, hipertensión y obesidad. ¿Es este el futuro que le queremos seguir dando a nuestros niños?

¿Es este el futuro que queremos para Guatemala?

El pasado miércoles se aprobó el mayor presupuesto de la historia de nuestro país. Un presupuesto que únicamente responde a los caprichos de nuestros gobernantes y no a las necesidades de todos los guatemaltecos. La aprobación del presupuesto nos tomó a todos por sorpresa y su distribución no fue más que un acto de descaro, codicia, soberbia y corrupción. lo cual vemos reflejado en la muerte de 16 niños menores de 5 años, por desnutrición aguda en lo que va del año. Pero esto no les bastó y a pesar de las consecuencias que nos han dejado estos últimos desastres naturales y el covid-19, decidieron reducir el presupuesto para la prevención de la desnutrición y atención materno infantil. Comparado con el presupuesto actual, se redujo Q31,251,591 a los Servicios de Vacunación a Niño y Niña menor de 1 Año; Q58,639,262 a Servicios de Planificación Familiar; Q57,793,824 a Servicios de Atención del Recién Nacido; Q9,202,192 a la Atención por Infección Respiratoria Aguda a Niño y Niña Menor de 5 Años y Q10,728,099 para el Diagnóstico y Tratamiento de la Desnutrición Aguda (Presupuesto 2021, Plaza Pública). Insisto, es indignante que le resten importancia a una verdadera problemática, que debería ser prioridad en el país y que prioricen otras, como llenarse la boca de comida y más mentiras. Pareciera que viviéramos en realidades diferentes.

Año con año nos siguen robando, el país se sigue endeudando y nuestros niños se siguen muriendo de hambre.

Lamentablemente los guatemaltecos y sobre todo los niños, enfrentan un futuro incierto. La base para mejoras sociales sostenibles en el tiempo y con mayores beneficios para la población, es priorizar la inversión hacia las poblaciones más vulnerables. Como mencioné, la desnutrición afecta al factor más determinante para el desarrollo de un país: su capital humano. Una inversión temprana en nutrición, salud y educación, representaría mayores beneficios para la niñez y población en general y, además, una menor carga económica. Es fundamental fortalecer el primer nivel de atención, lo cual permitiría proveer una atención descentralizada, enfocada en las necesidades de las comunidades, especializaciones demográficas y culturales, de manera que todos tengan las mismas posibilidades y acceso a la atención en salud.

Todos tenemos muy claro lo que deberían estar haciendo nuestros gobernantes (menos ellos) y esto es garantizar el bienestar máximo posible de la población y llevar a cabo obras que ayuden al desarrollo de la sociedad en conjunto. La desnutrición es un problema prevenible y tratable y suena utópico pensar en una Guatemala libre de ella, porque como sociedad tenemos mucho trabajo por hacer, pero es nuestro deber luchar y exigir el cumplimiento de los derechos para todos. No dejemos que nuestros privilegios nos nublen la vista, no nos quedemos sentados esperando un cambio y, sobre todo, no seamos como nuestros gobernantes; indiferentes a la realidad de nuestro país. Todos somos el futuro de Guatemala y nuestro reto actual como ciudadanos y que también supone un reto a futuro, es manifestarnos en contra de una estructura corrupta, que ha estado saqueando a Guatemala durante años. No importa el dónde ni el cuándo, pero sí que lo hagamos. Exijamos un presupuesto digno, que vele por las necesidades de la población, para que algún día logremos romper ese ciclo perpetuo de pobreza y dejemos de limitar las posibilidades de desarrollo y más importante, que seamos un país libre de hambre.

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