Lenina García / Opinión /

Ese día nos quedamos platicando con algunos adolescentes del Mercado la Terminal, zona 4. Ellos asisten cada semana a desarrollar sus habilidades en áreas de formación vocacional como: serigrafía, diseño gráfico, comunicación alternativa o economía solidaria. Son jóvenes trabajadores que a causa del contexto social en el que viven han tenido que trabajar para sobrevivir. Ante las próximas elecciones del 6 de septiembre, decidimos conversar acerca de política y qué necesidades consideran que deben ser atendidas en sus comunidades.

En PENNAT (organización donde laboro) creemos que trabajar con la niñez, adolescencia y juventud es una de las formas más revolucionarias de hacer política, porque mediante un proceso de concientización se logra incidir para que los demás aprendan a decir su propia palabra y sean sujetos y no objetos de su realidad.

Con ustedes, algunos fragmentos de la voz de los niños, niñas y adolescentes:

-Escuelas y parques, Dania 11 años: Dania me observa asombrada cuando le pregunto qué opina de la política o de los candidatos de un partido. Se limita a decir: -Es muy aburrido Seño. Su semblante cambia cuando le pregunto ¿Y qué te gustaría que el gobierno hiciera para mejorar tu comunidad?.

-Deberían de construir más escuelas y parques. Por donde yo vivo, allá en la Justo (zona 21) los parques están todos viejos y en las escuelas no hay cupo para todos los niños. Con mis  hermanos hicimos unos sube y baja con blocks y madera, así no nos aburrimos.

-Transporte público, pero que le pregunten a la gente, Víctor 15 años: Víctor vive en la zona 18 y comparte que está de acuerdo con el Transmetro recién inaugurado en esa ruta, pero piensa que le hubieran consultado a la gente si estaba de acuerdo o no, porque a algunos les ha afectado, se hacen más colas y no siempre llega el servicio. -Yo digo que le pregunten a la gente, que no solo hagan las cosas así nomás.

-Que ya no abusen de las niñas, Kimberly 16 años: Kimberly denota su evidente liderazgo en temas de género, aunque no se haya dado cuenta. Me dijo: -Fíjese que allá en la colonia donde vivo (Nimajuyú) se dan muchos casos de violación a niñas y yo quisiera que el gobierno que venga haga algo para que eso ya no pase. Kimberly trabaja vendiendo jugos en la Terminal.

-Campos de fútbol, Diego Ixpec 13 años: Diego vive en la zona 6 y dice que le gustaría que se hicieran campos de fútbol. -Allá por mi casa hay muchos patojos que extorsionan o que andan en la calle. Tal vez haciendo un campo de fútbol la cosa cambia. Así podríamos jugar o salir a correr.

-Yo no votaría por nadie, Henry 16 años: -Yo no puedo votar Seño porque soy menor de 18 años, pero si pudiera hacerlo no votaría por nadie. Porque al final todos roban, aunque sea algo. Cuando llegan a las colonias a regalar cosas, la gente no se pone a pensar que es con su mismo dinero. A mí me enoja todo eso. Yo le pediría al gobierno que dé más empleo, así la gente ya no sería tan pobre.

Según la actual Ley Electoral y de Partidos Políticos Decreto 1-85, Artículo 2: “Son ciudadanos todos los guatemaltecos mayores de dieciocho años”. Yo me pregunto ¿acaso los niños, niñas y adolescentes no son ciudadanos? ¿acaso ellos no viven en este país? ¿a ellos no les afecta la realidad en la que vivimos?

Mientras algunos presidenciables dicen que estarían de acuerdo con disminuir la edad para que los menores sean juzgados, aducen que estarían a favor de la pena de muerte o no tienen claridad de cómo prevenir embarazos en niñas y adolescentes, según un reportaje de la Revista D. Los niños, niñas y adolescentes, sin tener maestrías ni doctorados saben muy bien lo que necesitan.

Dudo mucho que en las condiciones actuales de nuestro sistema político, las Elecciones representen una opción real ante las grandes problemáticas que enfrentamos.  El mismo sistema político permite y avala la perpetuación de ese modelo de corrupción. Por ello se insistió tanto en las Reformas, pero al parecer ni al Gobierno ni al Congreso, ni a los sectores de poder les interesa que las reglas del juego cambien.

Creo firmemente que hay otra forma de hacer política, que va más allá de una absurda competición entre élites y partidos políticos corruptos. Quiero aferrarme a ese trabajo desde las bases, desde la niñez, desde las comunidades, que se genera desde la colectividad, el intercambio de ideas y no desde una tarima donde unos hablan y otros escuchan.

Esa es la otra cara de la política, la que no quieren que conozcamos, porque saben que cuando el pueblo se organiza, empieza a derrumbarse la maquinaria de corrupción, silencio y dominación.

Eso me han enseñado los niños, niñas y adolescentes, que los cambios se nutren desde abajo y que democracia no es sólo ir a votar cada cuatro años, es un proceso permanente de expresar lo que sentimos y pensamos. Asumir el compromiso de escribir la historia, desde otras latitudes y formas de organización.

A esa política le apuesto.

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