By Artes Landivar Abrapalabra
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Por: Sabrina Castillo Gallusser

Fotografía: Artes Landívar

Mario me ayuda a no precipitarme. Espera que cada vez que me da una idea o sugerencia, respire y luego la ejecute. Como en su taller. Hay que estar en el presente. Vivir el presente. Darle oportunidad a ese momento que, después de todo, es invisible. Me dice que me tome el tiempo que necesito. Y pienso en cómo se agarrará el tiempo. ¿Se escurrirá entre los dedos cerrados? ¿O podrá ser que es como plasticina que entre más lo agarras más se alarga? Cuando almorzamos hablamos de muchos temas. Mario me introdujo a Hedy Lamarr, Nikola Tesla y The shape of water. Hablamos de Marie Curie, y le conté que en su casa de París había crecido mi abuela Georgette. Recordamos a Hipatia y a la película Ágora que narra su vida.  Mario me inspira. Es una fuente de historias. El enfoque de Mario se asemeja mucho a las ideas que fundamentan la somática, otra de mis pasiones. Tanto en la técnica de Mario como en la del Feldenkrais se acostumbra a no copiar el movimiento del maestro ni a usar espejos para verse reflejado. Si alguna vez Mario me muestra su versión de algunos momentos de la obra, me pide que me siente en el lugar del público.  Siéntate para que mires.  Para que puedas realmente ver lo que se ve. Y si lo hace, como dice él, sin haberlo pensado, es sólo para que yo vuele más lejos. Gracias a Mario, me tomo el tiempo en la obra. Hago pausas. No le tengo miedo a la paciencia y al silencio. Karla se dio cuenta en un ensayo. Y me sorprendí cuando comentó que eso era algo muy distinto a la Sabrina. Se lo debo a Mario.

 

 

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